Opinión

Vacunas, ayudas... las cuentas de la lechera de la recuperación

  • El retraso en fondos, ayudas directas y vacunas pone en duda las cuentas de la recuperación
  • El plan de Díaz de vincular los salarios a los convenios sectoriales será un freno con la inflación al alza
El cumplimiento de los planes de Calviño, pendiente de los retrasos.

Los calendarios están para respetarse, salvo si eres un ciudadano español. Zapatero ya se llevó un disgusto por prometer la llegada del AVE a Barcelona en una fecha en la que no se cumplió. Debería haber aprendido del exministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, que anunció que el AVE a Asturias llegaría en 2010 y después de más de una década seguimos a la espera.

La vicepresidenta segunda, Nadia Calviño, aseguró que España recibiría 27.000 millones de los fondos europeos durante este año y que, además, estarían disponibles a finales del primer trimestre. Hemos estrenado abril sin que siquiera estén claras las reglas de su reparto, después de que la fecha se pospusiera hasta junio.

Tampoco es seguro que el Mr. Marshall europeo se presente antes del verano. Quedan más de una docena de parlamentos europeos por ratificar los fondos y el Constitucional alemán, como ya hizo durante la crisis del euro, pone reparos, que retrasarán más la decisión. Calviño, resignada, tendrá que conformarse con la distribución de 10.000 millones con cargo a los Presupuestos del Estado, es decir, que irán a engrosar la deuda hasta que los reembolse Europa.

Pero aquí no acaban los incumplimientos. Después de varios meses mareando la perdiz, el tándem Calviño-Montero (me refiero a la ministra de Hacienda, con la otra Montero ni se hablan) accedieron a dar 7.000 millones a los autónomos y pymes más necesitados. La Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), siempre ojo avizor, advertía de que estos recursos no estarán en manos de sus receptores hasta el verano, seis meses después de que comenzara a debatirse la necesidad de otorgarlos.

Muy lejos de Francia y Alemania

La culpa la tiene la compleja administración española, que delega en las autonomías la entrega de las ayudas al destinatario final. Pero es que, además, su cuantía es insuficiente y se concentra solo en una parte de las empresas. Francia y Alemania, el espejo en el que siempre nos miramos, han distribuido entre tres y ocho veces más dinero a sus empresas, es decir, 20.000 y 50.000 millones, respectivamente. Además, no discriminaron por sectores. Aquí, por el contrario, se seleccionaron un centenar de actividades, presuntamente las más afectadas, mientras quedaron fuera otras muchas tocadas, que sin fondos es difícil que sobrevivan.

La industria es uno de los sectores dejados de la mano de Dios, por el que las ayudas han pasado de largo. Desde el carbón al aluminio, dos de las grandes industrias de las últimas décadas, quedarán desmanteladas. La desaparición del carbón ocurrió por decreto-ley. Pero el aluminio se debe a los altos costes de luz.

Alcoa, la heredera de la histórica Inespal, vendió a un fondo buitre sus factorías de Avilés y La Coruña, que a su vez las traspasó a unos desalmados, interesados solo en cobrar las subvenciones para su desmantelamiento. La última de las instalaciones de aluminio en España, la de San Ciprián, en Lugo, lleva el mismo camino, después de que Liberty, la sociedad con la que negociaba su venta, haya entrado casi en bancarrota.

Los fondos europeos traerán una lluvia de millones en financiación verde, pero ni un euro para las industrias tradicionales, que se desangran mientras que las administraciones miran para otro lado.

Situación incomprensible

Es incomprensible que se califique de estratégica y se malgasten 53 millones en ayudas para Plus Ultra o 120 millones para resucitar Duro Felguera, ambas al borde del cierre, mientras desaparece una industria casi centenaria sin que a nadie le interese. 

La ministra de Industria, Reyes Maroto, siempre atenta al sector, no es la responsable. La reestructuración de Alcoa ha caído, paradójicamente, en manos de la SEPI, dependiente del Ministerio de Hacienda, gracias al sudoku administrativo creado por Pedro Sánchez, consistente en trocear las competencias para que la responsabilidad no sea de nadie. 

La nueva presidenta de la SEPI, Belén Gualda, nombrada esta semana para deshacer el entuerto creado por los cientos de millones dados a dedo por su antecesor, Bartolomé Lora, tiene un papelón. No solo tendrá que explicar por qué se deja extinguir un sector estratégico como el aluminio mientas se apoya a muertos vivientes como Plus Ultra o Duro Felguera. Hay miles de autónomos y pequeños negocios al margen de los programas de ayudas directas de Calviño, que no entienden la generosidad del Estado con algunos mientras otros desaparecen.

La decadencia industrial, que se extiende como efecto dominó por todos los ámbitos, debería tener una honrosa excepción: la electrificación de los automóviles, a la que también llegamos tarde. Maroto anunció hace unas semanas la creación de una gigafactoría para la fabricación de celdas de batería, con un presupuesto inicial de 3.000 millones de euros. 

La instalación, que aún está pendiente de destino, crearía 2.000 empleos industriales directos, y casi cinco veces más indirectos. 

Como siempre, la solución de la fábrica de baterías no tapa la pérdida de empleos industriales, porque su construcción depende de los fondos europeos y tardará entre cinco y siete años hasta su puesta en funcionamiento. Una vez más, el calendario juega una mala pasada.

Con los fondos europeos y las ayudas directas perdidas en el limbo del tiempo, solo nos quedan las vacunas. Otro desastre sin paliativos. Los mayores de 80 años que iban a estar vacunados en un 80% a finales de marzo, no lo estarán hasta finales de abril. La vacunación de los de 70 años, una población de riesgo similar, se prolongará hasta finales de mayo, según el calendario que maneja Sanidad. ¿Me quieren explicar cómo vamos a llegar al verano con el 70% de la población inmunizada? Me daría con un canto en los dientes con que fuera la mitad, aunque lo más probable es que supere ligeramente un tercio del total. 

Aquí nadie cumple una previsión. Con tantas demoras por todas partes, auguro una recuperación de la economía mucho más floja de lo que se preveía en el segundo semestre, sin la alegría que esperábamos. Eso plantea un problema. Calviño se ha gastado el año pasado 26.000 millones entre el desempleo y los Ertes, que según el Banco de España han perdido su efectividad porque muchas de las empresas que emplean a esos trabajadores son zombis, es decir, muertos vivientes como Plus Ultra o Duro Felguera, que el Estado intenta rescatar.

Cifras difíciles de aguantar

La deuda saltó al 120% del PIB, el porcentaje más alto desde la Guerra Civil, después de que se incrementara en el año en 156.000 millones debido a un alza del gasto público desmedida de  53.000 millones para hacer frente a la pandemia. Unas cifras inéditas, que no podemos aguantar mucho más. Como esto se alargue, la crisis se convertirá en depresión.

Solo el retraso en los fondos europeos daría un tajo de 1,3 puntos al crecimiento de este año, que quedaría ligeramente por encima del 4,5%, la mitad de lo previsto en el cuadro macro de los Presupuestos.

Así que más vale que las administraciones agilicen la llegada de los fondos europeos y nacionales, y las vacunas se pongan al día, porque las cuentas de Calviño para este año van a quedar como las de la lechera, que rompió el cántaro antes de llegar a la fuente.

PD.- Para colmo de males, la vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, entregó a los agentes sociales el mismo día que juraba su nuevo cargo un borrador de reforma laboral en el que volvía a vincular la evolución de los salarios a los convenios sectoriales, en lugar de a los de las empresas, ajustados a la situación de cada una de ellas. Ese fue el error que destrozó sectores enteros como el de la construcción en la Gran Recesión de 2008, forzado a mantener incrementos salariales superiores al 3% mientras miles de empresas echaban el cierre. Si ligamos de nuevo los salarios y las pensiones a los precios al consumo mediante reglas inamovibles, como pretende Díaz, el repunte de la inflación que pronostican para los próximos meses, ahogará las posibilidades que aún quedan de que la actividad resurja. ¿Y esta es la ministra moderada y juiciosa? Quizá es porque comparado con Iglesias, cualquiera puede presumir de sensatez.

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