Matthew Lynn

Director ejecutivo de Strategy Economics

¿Desempleo creciente?: confirmado. ¿Déficit público en aumento?: confirmado. ¿Quiebras empresariales?: confirmado. Hasta ahora la recesión de Covid-19, una de las peores de las que se tiene constancia, ha seguido el guión de una gran recesión económica en todos los aspectos. Excepto éste: un colapso financiero. Hasta ahora, los bancos parecen estar bien, así como los hedge funds, y los mercados de bonos y las gestoras de fondos. Incluso las aseguradoras exhiben cierto músculo.

Alemania ya desarrolla planes para implantar nuevas leyes sobre el teletrabajo. España ya lo ha hecho, y hay más en camino. Los irlandeses y los griegos también tienen su hoja de ruta. A medida que más y más de nosotros nos adaptamos a trabajar desde nuestras casas, en todo el mundo se apresuran a aprobar normas para dar a cualquier persona con un ordenador portátil colocado en el borde de la mesa de su cocina todos los mismos derechos que tenían cuando estaban sentados en un escritorio en un rascacielos. No pasará mucho tiempo antes de que los sindicatos y el Partido Laborista exijan lo mismo para Reino Unido. El problema es que, si bien es fácil de entender esa actitud en medio de una epidemia extraordinaria, también es un gran error. En realidad, necesitamos un conjunto de leyes completamente nuevo para los trabajadores a domicilio - y tenemos que aceptar que tendrán que ser muy diferentes de las leyes laborales tradicionales.

Israel volvió a decretar un encierro de tres semanas. Las restricciones parciales son una realidad de nuevo en España y Países Bajos. Casi una quinta parte de Reino Unido presenta limitaciones a la movilidad, y el Gobierno británico baraja parar el país por completo durante dos semanas en octubre. Con las infecciones de Covid-19 aumentando de nuevo en toda Europa, un bloqueo total 2.0 parece cada vez más probable.

Se pasarán años denunciando al Gobierno británico a los tribunales por violar la ley internacional. Reino Unido se convertirá en un estado paria. Los camiones serán detenidos en Calais, y los turistas harán largas colas en los aeropuertos de Málaga y Corfú. Con las negociaciones finales sobre un acuerdo comercial con la Unión Europea a un paso de que finalmente, y de forma irreparable, los funcionarios de Bruselas pierdan la paciencia, estos últimos parecen decididos a hacer que el precio que tenga que pagar Londres por ello sea lo más alto posible.

¿Un aumento en el impuesto sobre las ganancias de capital? ¿Un alza del Impuesto de Sociedades? ¿Un impuesto dirigido a los gigantes de Internet? Aún no hemos llegado a la etapa de exigir una tasa a las entregas a domicilio para ayudar al comercio tradicional (como ya se baraja en Barcelona) pero, ¡diablos!, estamos aún a comienzos de septiembre y todavía hay mucho tiempo para que a los políticos se les ocurra de todo. En concreto, el Tesoro británico busca formas de llenar el enorme agujero en las finanzas públicas que provoca el Covid-19, y apunta a las empresas y empresarios como las fuentes más accesible de la que obtener recursos. Pero es una locura. Nunca es un buen momento para gravar la creación de riqueza, pero éste es un momento especialmente malo.

El magnate Mike Ashley está gastando 100 millones de libras para adaptar su negocio a Internet. Marks & Spencer se prepara para lanzar finalmente su colaboración con Ocado, un movimiento que muchos esperan que finalmente dé la vuelta a un minorista que a menudo parece en decadencia terminal. Los restaurantes crean aplicaciones que les permitirán evolucionar la entrega a domicilio, los bancos están adoptando todas las formas de pago sin contacto, los gimnasios lanzan clases de fitness en línea y los estudios de cine ven en el streaming una alternativa a los cines vacíos. Casi todos los grandes negocios están tratando de reinventarse a sí mismos en Internet.

Inepto, caótico, confuso y posiblemente corrupto. Con el mayor número de infecciones del mundo, y con pocos indicios de un plan coherente para controlarlo, se supone que la catastrófica mala gestión del presidente Trump en la crisis de Covid-19 lo condenó a la derrota en las elecciones de noviembre. Pierde en las encuestas, contra un oponente muy popular que ahora ha añadido una astuta elección de compañero de viaje en su candidatura.

La Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, se tomó un respiro en la lucha contra el peor colapso de la historia económica recientemente para dar una breve conferencia sobre cómo las mujeres líderes han demostrado ser mejores que los hombres para lidiar con la Covid-19. Según la impecable política francesa, fueron más “cuidadosas”, mejores en el trato con la ciencia y más inteligentes en la entrega de mensajes claros sobre la salud.