Director ejecutivo de Strategy Economics

Puede que ocurra este mes, o quizá el próximo. Puede que incluso haya ocurrido para cuando se publique hoy sábado 20 de julio. Pero ahora parece inevitable que el cada vez más enfermo presidente Biden dimita muy pronto. Incluso si no lo hace, tras un intento fallido de asesinato, perderá las elecciones de noviembre contra Donald Trump. Sea como sea, una cosa está clara. Joe Biden será un presidente de un solo mandato. Y cuando se vaya, se llevará consigo la 'Bidenomics', como se conoce al carísimo experimento de las subvenciones industriales y el proteccionismo.

La amenaza populista ha sido aplastada. Se ha impedido que la extrema derecha forme gobierno y se ha evitado una crisis financiera. Con los sorprendentes resultados de las elecciones francesas del pasado domingo, que mostraban que la Agrupación Nacional de Marine Le Pen caía al tercer puesto en el nuevo Parlamento, sería fácil asumir que el país estaba volviendo a la normalidad. Pero agárrense. Las elecciones han fortalecido masivamente a la extrema izquierda, y son los extremistas marxistas los que representan la verdadera amenaza para la supervivencia de la moneda única.

El crecimiento se ha detenido. La moneda única se resquebraja. La economía se está quedando rezagada con respecto a Norteamérica y Asia, y los partidos populistas que hacen campaña para derrocar el sistema no dejan de ganar fuerza. Pero, bueno, nada de eso importa. Los dirigentes de la UE han decidido que todo está absolutamente bien, y que los burócratas y políticos maquinales que han dirigido el espectáculo durante las dos últimas décadas deberían ser nombrados de nuevo. Claro, es comprensible. A todo el mundo le gusta otorgarse a sí mismo un puesto que suene grandioso. Pero también es un error fatal. En realidad, éste es el último estertor de un sistema que fracasa, y un día no muy lejano podría venirse abajo.

Expondrá a la derecha a todas las presiones del cargo. Dividirá a una oposición díscola. Y dará a su partido la oportunidad de reconstruirse de cara a las elecciones presidenciales de 2027. No cabe duda de que el famoso e inteligente presidente francés Macron tenía en mente algún plan profundo cuando sorprendió a todo el mundo con su decisión de convocar unas elecciones anticipadas tras los catastróficos resultados en las urnas europeas del pasado 9 de junio. Y, sin embargo, a medida que el polvo se asienta, un punto ya está claro. Cualquiera que fuera el plan, le ha salido el tiro por la culata. Con el aumento del rendimiento de la enorme deuda francesa y el desplome de la renta variable, Macron ha encendido la mecha de una crisis de la deuda de la eurozona, y ya no podrá apagarla.

Ahora es poco más que un país en desarrollo. Su mercado de valores es una tienda que vende trastos viejos. Y su reputación como lugar para hacer negocios nunca ha sido tan mala". En medio de la pésima campaña electoral británica sería fácil imaginar que Gran Bretaña era el país en cuestión. Pero Theodor Weimer, el jefe de la otrora poderosa Deutsche Boerse, estaba describiendo su Alemania natal. Y tenía toda la razón. En realidad, tras una serie de errores políticos catastróficos cometidos por líderes centristas, la Alemania tercermundista no tiene vuelta atrás, y su declive no hará sino acelerarse a partir de ahora.

Ha duplicado con creces sus ventas, presenta una nueva línea de microprocesadores y prometió seguir lanzando nuevos productos durante los próximos años. Al final, Nvidia, el fabricante de chips, presentó el tipo de resultados taquilleros que los operadores y los inversores habían estado esperando el pasado 23 de mayo. El "Día de Nvidia", como se conoce ahora en Wall Street, resultó ser mejor de lo que incluso el inversor más optimista podría haber esperado. Sólo hay una pega. La empresa está impulsando el mercado alcista más o menos por sí sola. Si algo se tuerce en su turboexpansión, la renta variable caerá con ella.

Nadie debería contener la respiración. Después de todo, estamos hablando de Argentina, un país con una larga historia de gobiernos fallidos, colapsos económicos y default de deuda. Y sin embargo, están comenzando a aparecer señales de que, contra todo pronóstico, las audaces reformas de mercado libre de su presidente libertario, Javier Milei, están comenzando a funcionar. Con la inflación cayendo, las tasas de interés bajando y el peso en alza, Milei ya está demostrando que el establecimiento económico global de izquierda, adicto a un gobierno más grande y déficits interminables, está equivocado. Y aún podría proporcionar una plantilla para que otros países escapen del estancamiento.

Decían que corría demasiados riesgos. Le acusaban también de que no tenía suficiente apoyo político. Y su versión radical de la economía de libre mercado no ofrecía ninguna solución, especialmente en un mundo en el que el Estado es más crucial que nunca, según sus detractores. Cuando el argentino Javier Milei ganó la Presidencia de Argentina el año pasado, no faltaron quienes pronosticaron que duraría lo mismo que la británica Liz Truss.

Durante la última década, el BCE se ha embarcado en un amplio programa de flexibilización cuantitativa -o impresión de dinero sin tasa en términos más sencillos- tanto para hacer frente a la deflación como, lo que es más importante, para evitar que países como Italia quiebren.

Cada pregunta costará unos céntimos. Podríamos tener que pagar más por respuestas más largas y detalladas. O podría haber una opción de suscripción mensual, que cubriera todo lo que quisieras saber. Queda por ver si Google introduce tarifas para sus productos de Inteligencia Artificial y, si lo hace, si los otros gigantes emergentes de la tecnología siguen su ejemplo. Sin embargo, hay algo que debe quedar absolutamente claro. Como consumidores, deberíamos suplicar a Google que nos haga pagar. Para empezar, lo gratis está muy bien. Pero también significa que todo está impulsado por la publicidad hasta que se vuelve inutilizable. La IA de pago será mucho mejor y mucho más útil a largo plazo, y los clientes saldrán ganando.