Opinión
Sus deudas están fuera de control. Queda muy poco margen para seguir subiendo los impuestos. Y la clase política no se pone de acuerdo en nada, salvo en posponer toda la cuestión durante uno o dos años más. Es una descripción que podría aplicarse a muchos países, entre ellos Reino Unido. Pero en este momento, es la que mejor se ajusta a la situación de Francia. Con otro Gobierno a punto de caer y con el CAC-40 en apuros, la verdadera pregunta es la siguiente: ¿será París el epicentro de la próxima crisis financiera? El primer ministro francés, François Bayrou, tomó esta semana la valiente, aunque imprudente, decisión de convocar al Parlamento el 8 de septiembre para una moción de confianza. El jefe de Gobierno galo está luchando por aprobar un presupuesto que establecería algunos controles modestos en el gasto público —no recortes, por supuesto, sino una ralentización en la tasa de aumento del desembolso— así como algunos gestos simbólicos, como la supresión de dos días festivos. La respuesta parece ser un rotundo no. El Gobierno caerá y el presidente Macron tendrá que buscar otro primer ministro o convocar nuevas elecciones.