Francisco de la Torre Díaz

Economista e inspector de Hacienda del Estado (SE). Exdiputado en el Congreso. Autor de ?¿Hacienda somos todos?? (Debate 2022).

En 1927 Werner Heisenberg formuló el principio de incertidumbre que establece, que no es posible determinar con precisión, al mismo tiempo, la posición y la velocidad de un electrón. Este principio no sólo es un axioma fundamental de la mecánica cuántica, sino también un límite absoluto del conocimiento humano: lo que sabemos nunca es a ciencia cierta, siempre es probabilístico.

“La realidad es lo que no desaparece cuando dejas de pensarlo.” Como señalaba en esta frase Philip K. Dick (autor de Blade Runner, por ejemplo), algunas cuestiones no desaparecen porque se deje de hablar de ellas. España sigue teniendo pendiente una reforma fiscal, por la sencillísima razón de que desde 2007, los ingresos públicos no son suficientes para financiar el gasto público. Y en esta reforma fiscal, que además nos exige la Unión Europea, hay bastantes cuestiones que están ausentes del debate público.

¿Estamos volviendo a los años 70? No, los pantalones de campana no han vuelto, y la economía tampoco es como la de los años 70, pero sí nos enfrentamos, de nuevo, a los shocks de oferta en la economía. Eso sí, el precio de la energía, como entonces, no para de subir y ya está por las nubes. También, como ya anticipábamos hace unos meses, ha vuelto la inflación en prácticamente todos los países desarrollados. Pero, no tenemos, al menos de momento, estanflación, es decir incremento del desempleo con inflación. La razón es que, aunque nos enfrentamos, no sólo en España, sino en toda Europa a dos shocks simultáneos de oferta, esto coincide con la reapertura de la economía tras la Pandemia, que lleva aparejado un rebote en el crecimiento tras la intensa caída producida en 2020.

El precio de la luz es un motivo de preocupación cada vez más grave. Por una parte, dificulta que muchas familias, especialmente aquéllas con menos recursos, lleguen a fin de mes. Por otra parte, el elevado precio de la energía también complica la rentabilidad de muchas empresas, ya de por sí lastrada por la Pandemia y sus restricciones. Por último, como la energía es un factor productivo muy relevante, el aumento de costes se está convirtiendo, inevitablemente, en aumento de precios: como anticipábamos hace unos meses, la inflación ya está aquí.

La transición ecológica abarca muchos aspectos, pero el más importante de todos es el cambio de las fuentes de la energía que consumimos. El aspecto clave es pasar a utilizar fuentes de energía que no contaminen, es decir que no emitan gases contaminantes ni dióxido de carbono (CO2). El CO2 no es un veneno, existe en la atmósfera y todos los animales lo emiten, lo emitimos, al respirar. Ahora bien, los procesos masivos de combustión emiten más CO2 que el que naturalmente se absorbe por el Planeta. Esto quiere decir que estamos alterando, en poco tiempo, el equilibrio de la atmósfera en la Tierra. Eso es algo que no deberíamos hacer, pero dejar de hacerlo no es gratis.

“Ten cuidado con lo que quieres, porque a lo mejor lo consigues” (Charles Chaplin). El Banco Central Europeo (BCE) quiere una inflación en la Eurozona del 2%, ése pasa a ser su objetivo de estabilidad de precios, y, además, está dispuesto a tolerar que, durante un tiempo, la inflación esté por encima. Esta determinación del Banco Central Europeo supone un cambio histórico en la política monetaria europea, que acabará afectando a la actividad económica y a la vida de los ciudadanos mucho más que otras decisiones muchísimo más comentadas.

Una pandemia como la del coronavirus tiene consecuencias desastrosas en ámbitos sanitarios, sociales y económicos. Además, al igual que las medidas sanitarias para combatir la pandemia, como las vacunas, pueden tener efectos secundarios, las económicas también pueden tenerlos. La política de los bancos centrales, en el mundo en general, pero especialmente en Europa y Estados Unidos de adquirir deuda pública ha permitido que los Estados se hayan podido financiar, y que, a su vez, muchos ciudadanos hayan mantenido sus rentas pese a las restricciones. Ahora bien, cualquier medida económica tiene un coste, y emitir dinero no es una excepción.

Un problema global necesita soluciones globales. Que las empresas que más dinero ganan en el mundo sean las que menos porcentaje pagan de impuestos sobre sus beneficios es algo que pasa en todas partes, desgraciadamente, aunque en unos sitios más que en otros. Por eso que el G-7 haya llegado a un principio de acuerdo para que las multinacionales paguen una tasa global mínima del 15% es una buena noticia. Sin embargo, hay varios aspectos que distan de estar claros.

“Quien contamina, paga”: Éste es uno de los principios rectores de la política comunitaria en temas medioambientales. Ésta es una de las ideas que parece simple pero que tiene muchas más consecuencias que las que se pueden prever a primera vista. Por ejemplo, si se quiere evitar la contaminación no se puede dar un permiso indiscriminado para contaminar simplemente por pagar. Por otra parte, si los que contaminan dejasen de hacerlo, entonces no se recaudaría…

En España tenemos muchos problemas, muchos más de los que teníamos hace poco más de un año. Es evidente que una pandemia global por sí misma es un enorme problema. Pero a los problemas sanitarios, como sabemos todos, se están sucediendo los económicos. Además de las dificultades económicas y sociales surgidas de la Pandemia, tenemos complicaciones económicas y sociales “heredadas” que la Pandemia ha agravado o nos ha puesto de manifiesto. Todo esto ha evidenciado la necesidad de “reformas” en múltiples ámbitos, que son costosas y no precisamente sencillas. Sólo hay que pensar, por ejemplo, en algunas de las cuestiones que están dando problemas en las negociaciones con las Autoridades Comunitarias, de cara a los fondos comunitarios: la reforma laboral, la de pensiones y la reforma fiscal.