Barry Eichengreen

Profesor de Economía en la Universidad de California-Berkeley y Cambridge.

Abril marcó la fase más dramática y, algunos dirían, peligrosa de la crisis del Covid-19 en Estados Unidos. Las muertes se disparaban; los cuerpos se apilaban en camiones refrigerados a las afueras de los hospitales de la ciudad de Nueva York, y los respiradores y el equipo de protección personal para los sanitarios escaseaban desesperadamente. La economía se despeñaba por un precipicio, con un desempleo que se elevaba al 14,7%.

El dólar está en caída libre", "¡El dólar como moneda global está condenado!", exclaman los titulares más recientes. En realidad, tales titulares sensacionalistas son "demasiado sensacionales", para hacer eco de esa notable autoridad en materia de divisas, la Srta. Prism, en "La importancia de ser sincero" de Oscar Wilde.

El Covid-19 no va a desaparecer, y otros virus peligrosos pueden estar en camino. Esto significa que es hora de afrontar la cruda realidad: muchos de los efectos de la pandemia en nuestras economías y sociedades serán persistentes, incluso permanentes.

Semanas de manifestaciones masivas a nivel nacional contra la violencia policial y los prejuicios raciales han despertado la preocupación por una segunda ola de infecciones por Covid-19 en EEUU. Es difícil participar en una manifestación de compensible enfado por el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis y permanecer a dos metros de distancia de compañeros de protesta. Y el uso de máscaras no es universal entre los manifestantes, al igual que entre la población general de EEUU. Esto no es un buen augurio para la salud pública o la economía.

La semana pasada, los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-7 se comprometieron a utilizar “todos los instrumentos apropiados” para contener la amenaza económica que supone el coronavirus COVID-19. La pregunta que quedó sin respuesta es qué es lo apropiado, y qué funcionará.

Tribuna

El BCE experimenta un cambio de guardia: una nueva presidenta, un nuevo economista jefe y dos nuevos miembros del Comité Ejecutivo. Y el nuevo liderazgo del BCE se enfrenta a un año polémico en 2020.Para empezar, la última reunión del expresidente del BCE, Mario Draghi, estuvo marcada por las disputas sobre la flexibilización cuantitativa y el papel del presidente en la toma de decisiones, lo que puso de relieve el desacuerdo en el Consejo de Gobierno (compuesto por el Comité Ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales nacionales) sobre la estrategia monetaria. ¿Debería el BCE mantener su objetivo puntual de inflación pero hacer que dicho objetivo sea simétrico, en contraste con el actual "por debajo pero cerca del 2%"? ¿O debería abandonar toda esperanza de acercarse al 2% y conformarse con el 1,5%?

Tribuna

Durante más de una década, China representó una cuarta parte o más del crecimiento mundial. Con su economía atravesando una mala racha, la pregunta es si este impresionante rendimiento persistirá.

Tribuna

Los planes para lanzar la moneda de Facebook, Libra, se deshacen con la retirada de PayPal, Visa o Mastercard como posibles patrocinadores.

Tribuna

William Dudley, el expresidente inmediato de la Reserva Federal de Nueva York, creó recientemente polémica cuando pidió a la Fed que considerara el impacto de sus políticas en las elecciones de 2020. De hecho, Dudley mostró realismo al observar que la Reserva Federal puede influir en la política, a veces con profundas implicaciones para el curso de los Estados Unidos. Pero eso no significa que sus recomendaciones fueran acertadas.La lógica de Dudley era sencilla.

Tribuna

Decenas de analistas se esfuerzan por psicoanalizar la propuesta de Judy Shelton a la Junta de la Reserva Federal por parte del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Algunos enfatizan la fidelidad de Shelton como uno de los primeros asesores de la campaña de Trump. Otros señalan su conversión en una defensora de la necesidad de bajar los tipos de interés. Otros más destacan su defensa del patrón oro como aislante de la política monetaria de los EEUU de una Reserva Federal poco fiable.