Barry Eichengreen

Profesor de Economía en la Universidad de California-Berkeley y Cambridge.

El Congreso de EEUU acaba de dar un paso importante en la aplicación de los planes fiscales del presidente Joe Biden, al aprobar un proyecto de ley de infraestructuras de un billón de dólares. Ahora veremos si la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) está de acuerdo en que el plan de acompañamiento de 1,75 billones de dólares en gastos sociales y relacionados con el clima está totalmente financiado por impuestos adicionales y otros "pagos", como evidentemente exigen los demócratas moderados.

Hoy la inflación ocupa las primeras planas de los periódicos de todo el mundo, y con razón. Los precios de más y más bienes y servicios están aumentando de una manera no vista en décadas. Este pico inflacionario, junto con la escasez de la oferta, sea esta real o temida, está generando ansiedad en consumidores y productores. También en un asunto político candente, ya que amenaza con agravar la desigualdad y descarrilar la muy necesaria recuperación económica sustentable e inclusiva tras la pandemia del Covid-19.

En agosto, el FMI anunció, a bombo y platillo, que sus miembros habían llegado a un acuerdo histórico para emitir 650.000 millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG) para hacer frente a la emergencia del Covid. Los DEG son asientos contables que los Gobiernos, a través de los buenos oficios del FMI, pueden convertir en dólares y otras monedas solventes para pagar importaciones esenciales, como las vacunas. Y 650.000 millones de dólares no son poca cosa: es casi el 1% del PIB mundial. Esto podría suponer una gran diferencia para los países pobres afectados por el virus.

En este mes de agosto se cumple el 50º aniversario del "fin de semana que cambió el mundo", cuando el presidente estadounidense Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro a un precio fijo y bajó el telón del sistema monetario internacional de Bretton Woods. El medio siglo posterior trajo muchas sorpresas. Desde el punto de vista monetario, una de las más importantes fue el continuo dominio del dólar como vehículo para las transacciones transfronterizas.

La idea de un dólar digital, como la de un euro digital, está en el aire desde hace tiempo. Recientemente, descendió del reino de las ideas a los labios de la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, y del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. En un acto celebrado en febrero, Yellen señaló que la propuesta era “absolutamente digna de estudio” y añadió que el Banco de la Reserva Federal de Boston, junto con académicos del MIT, ya la desarrollaba. Al día siguiente, en una comparecencia ante el Congreso, Powell dijo que el dólar digital era “un proyecto de alta prioridad para nosotros”.

Con la impresionante victoria de los demócratas en las elecciones al Senado de Georgia, que les da el control de ambas cámaras del Congreso a partir del 20 de enero, la idea de expedir cheques de estímulo del consumo de 2.000 dólares para cada hogar seguramente volverá a estar en la agenda de EEUU. Sin embargo, aunque el alivio específico para los desempleados debería ser una prioridad incuestionable, no está claro que medidas así ayuden de hecho a sostener la recuperación económica.

El pasado marzo, cuando el Covid infectó la economía mundial, muchos observadores temían que los mercados emergentes y los países en desarrollo fueran los que más sufrieran, tanto en el plano financiero como en otros aspectos. Desde el punto de vista económico, dependían de las exportaciones de productos básicos, las remesas y el turismo, todo lo cual se vino abajo con la pandemia. Había razones de sobra para esperar un tsunami de crisis financieras y de impagos de la deuda.

Las transiciones presidenciales nunca son fáciles, especialmente cuando implican la derrota en las urnas de un jefe de Estado en funciones. Pero esta vez la transición ocurre en medio de una crisis sin precedentes. El presidente todavía en el cargo se niega a reconocer la votación como un rechazo a sus políticas y siente una antipatía visceral por el candidato electo, a quien acusa de fraude y a quien desestima como demasiado frágil para asumir las obligaciones del cargo. Acusa a su sucesor de ser un socialista, un defensor de políticas que pondrán al país camino a la ruina.

Abril marcó la fase más dramática y, algunos dirían, peligrosa de la crisis del Covid-19 en Estados Unidos. Las muertes se disparaban; los cuerpos se apilaban en camiones refrigerados a las afueras de los hospitales de la ciudad de Nueva York, y los respiradores y el equipo de protección personal para los sanitarios escaseaban desesperadamente. La economía se despeñaba por un precipicio, con un desempleo que se elevaba al 14,7%.

El dólar está en caída libre", "¡El dólar como moneda global está condenado!", exclaman los titulares más recientes. En realidad, tales titulares sensacionalistas son "demasiado sensacionales", para hacer eco de esa notable autoridad en materia de divisas, la Srta. Prism, en "La importancia de ser sincero" de Oscar Wilde.