Alberto Nadal

Economista

Ni los mejores sistemas sanitarios estaban preparados para esto. Y ello a pesar de que habían existido algunas advertencias: el Sars de 2002-2003, el Mers, la gripe aviar o la epidemia del virus Zika. Todas ellas se habían resuelto con relativa prontitud, dentro de un espacio geográfico limitado y con pérdidas humanas y económicas relativamente moderadas. Las pandemias no estaban en el radar y la consecuencia es que todos estábamos insuficientemente preparados. La única excepción es, quizá, Corea del Sur, que aprendió de la experiencia del Sars que le tocó de cerca.

Las cifras no dejan lugar a dudas. El Covid-19 causará la mayor contracción económica desde la Segunda Guerra Mundial. Aún no hay datos suficientes para conocer el alcance de la recesión pero, lo que es seguro, es que la reducción estará por encima de que lo que disminuyó el PIB la Gran Recesión.

Ir a la compra se ha convertido en una de las pocas ocasiones para salir de casa en estos tiempos de confinamiento. La necesaria restricción de la libertad de circulación de los españoles durante el estado de alarma para frenar la velocidad de contagio ha llevado al Gobierno a ordenar el cierre de toda actividad de comercio minorista que no sea absolutamente necesaria para la supervivencia del ser humano (o sus mascotas). La verdad es que, yendo ayer al supermercado, clientes y trabajadores lo aceptaban con filosofía, incluso con el buen humor del que hace gala el pueblo español en tiempos difíciles, y que hace de la necesidad virtud. El comentario más común es que habíamos vuelto a cocinar - a la fuerza ahorcan - pero esto no era ningún problema porque así teníamos algo más que hacer.

Las consecuencias del Covid-19 en la economía mundial han provocado un terremoto en los mercados financieros, en especial en la renta variable. Esto es lógico, teniendo en cuenta que los mercados bursátiles compran y venden expectativas, y lo que hasta ahora parecía un acontecimiento pasajero ha pasado a ser una incógnita cuya duración e impacto nos es desconocida. Sin embargo, no han sido las bolsas los únicos en experimentar una fuerte corrección como consecuencia de la expansión de la epidemia, sino que algunas semanas antes ya había aparecido un impacto significativo en el petróleo.

No sabemos la profundidad ni la duración del impacto del coronavirus en la economía mundial, aun no tenemos la información necesaria para ello. Pero sabemos, que el impacto va a ser importante, especialmente en segundo trimestre del año, cuando la ruptura de las cadenas de valor por la interrupción del comercio internacional alcance su máximo. Las mercancías procedentes de Asia tardan de cuatro a seis semanas en alcanzar Europa, y es ahora cuando se empieza a observar una elevada caída de actividad en los puertos más importantes del continente.

En el proceso de descarbonización de la economía ya se ha alcanzado el primer gran hito: generar a partir de fuentes de energía renovables y hacerlo a precios iguales o inferiores a los de las tecnologías convencionales. En efecto, el proceso de mejora tecnológica, tanto en eólica terrestre como en fotovoltaica a gran escala, ha permitido que estas tecnologías logren generar electricidad a precios competitivos. El resto de renovables todavía tienen costes superiores.

Si ha habido un cambio fundamental en las relaciones entre países tras la Segunda Guerra Mundial, este fue considerar el comercio internacional como derecho de las naciones y no como arma política. Durante siglos, el comercio fue un privilegio que otorgaba graciosamente el soberano de un país a súbditos de otros Estados. Y, en no pocas ocasiones, los derechos comerciales fueron, incluso, objeto de conflicto bélico. Baste recordar las guerras del opio de China y Gran Bretaña para abrir el comercio del país asiático a los británicos o la invasión napoleónica de Rusia para intentar garantizar que el zar cerraba los puertos rusos al comercio británico.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea, se mire por donde se mire, es un fracaso para su proyecto de integración. Y ello, porque, en última instancia, supone que un estado miembro importante, con capacidad de influencia, ha considerado que es mejor estar fuera del espacio económico y político europeo, con todos los costes que esto conlleva, que seguir perteneciendo a la Unión. Es decir, para los británicos, las ventajas de pertenecer a la Europa institucionalizada no compensan la pérdida de capacidad de decisión a nivel nacional.

En la sociedad del conocimiento, si hay una inversión rentable, es la educación. Unos jóvenes bien formados, con capacidad de aprender y educados en valores es la mejor garantía del éxito de una sociedad. Muchos padres españoles consideran, con acierto, que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos es una buena educación.

Tribuna Nadal

En el último día del año pasado, las autoridades sanitarias chinas alertaron a la Organización Mundial de la Salud de varios casos de neumonía en la ciudad de Wuhan, de origen desconocido. Para el día 5 de enero, ya se había descartado que fuera una recurrencia del virus que en 2002-2003 originó el denominado síndrome respiratorio agudo y grave (SARS, por sus siglas en inglés) y que causó 770 muertos en todo el mundo. Dos días más tarde ya se había identificado el virus. Se trata de un coronavirus, de la misma familia que el SARS, pero también del resfriado común. El día 7 se produjo el primer fallecimiento, y desde entonces el número de contagios y muertes no ha hecho más que aumentar hasta alcanzar el día 27 más 4.500 personas infectadas en China y 106 muertes. Fuera de China se han detectado unos 50 casos, la mayor parte en Asia. En Europa hasta el momento sólo se han confirmado casos en Francia, tres y uno en Alemania.