Economía

Luces y sombras de una eurozona en recesión y con un horizonte económico nebuloso

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Es oficial: la eurozona ha caído en recesión técnica. Esto implica que la economía del conjunto de los 20 países que tienen el euro como divisa se ha contraído a lo largo de dos trimestres consecutivos, el último de 2022 y el primer de este año. La resistencia del mercado laboral en el Viejo Continente minimiza el impacto del retroceso económico, pero ello no evita que millones de familias sufran en sus propios bolsillos el golpe de la fuerte subida de los precios (que comenzó hace ya dos años). El Banco Central Europeo (BCE) está endureciendo su política monetaria, con constantes subidas de los tipos de interés desde hace casi un año, para doblegar la elevada inflación. Y es precisamente este encarecimiento del precio del dinero (que más tarde o temprano acaba afectando a la economía) el que eleva la incertidumbre sobre si la zona euro remontará en la segunda mitad de 2023... o no. Los expertos intentan buscar pistas en los distintos factores económicos para despejar la incógnita.

Suele decirse que si Alemania estornuda Europa se constipa. Y, una vez más, la realidad económica ha materializado este 'proverbio'. A finales de mayo, la Oficina Federal de Estadística (Destatis) de Alemania anunció que el producto interior bruto (PIB) del país se había contraído un 0,3% en el primer trimestre de 2023 en comparación con el anterior, en el que el PIB ya había descendido un 0,5% intertrimestral. En definitiva: se confirmó que la locomotora germana está en recesión técnica.

Solo hubo que esperar dos semanas para que Eurostat pintara el mismo escenario recesivo en toda la eurozona donde: según los últimos datos, el PIB bajó un 0,1% entre enero y marzo después de haber descendido otra décima en los tres últimos meses de 2022.

El pesimismo reina Alemania

El mismo día que Destatis sacaba a la luz los datos negativos del PIB alemán, GfK dio a conocer su índice de confianza de los consumidores en el país, que bajó a un nivel incluso más negativo que el registrado en mayo de 2020, es decir, en el primer shock por la pandemia del covid. "El sentimiento de los consumidores no muestra actualmente una clara tendencia al alza", reconoció Rolf Bürkl, experto en consumo de GfK, quien también resaltó la "menor propensión al ahorro" entre los hogares de Alemania.

La capacidad de ahorro se ha visto claramente mermada en la primera potencia europea en los últimos años, sobre todo a raíz del inicio de la guerra en Ucrania (en febrero de 2022), pues Alemania fue de los países que sufrió un mayor golpe por el rápido y fuerte encarecimiento de los precios de la energía, sobre todo en los primeros meses del conflicto.

Además, aunque la inflación que sufren los consumidores se ha suavizado en los últimos meses, no lo ha hecho tanto como en otras grandes economías del continente: el índice de precios al consumo (IPC) alemán fue del 6,1% interanual en mayo, frente al 5,1% de Francia o el 3,2% de España, por ejemplo.

Pero no solo los consumidores son pesimistas en Alemania: la confianza empresarial también renquea. Según reveló recientemente Clemens Fuest, presidente del Instituto de Investigación Económica (Ifo), las empresas del país "se muestran escépticas de cara al verano". Y motivos no les faltan. Entre otros: la industria germana no pasa por un buen momento (los pedidos a fábrica caen y la producción sigue en niveles inferiores a los prepandémicos), mientras el comercio exterior se convierte en un lastre, con las exportaciones mostrando una tendencia a la baja de cara al futuro. "Las fricciones en la cadena de suministro, una economía mundial más fragmentada y una China cada vez más capaz de producir bienes que antes compraba a Alemania son factores que pesan sobre las exportaciones alemanas", argumentó esta semana Carsten Brzeski, analista de ING Economics, en un análisis.

Empleo y desinflación, rayos de luz

De esta manera, con su mayor potencia tambaleándose, el horizonte de la zona euro está lleno de nubarrones. Sin embargo, no todo son malas noticias. Si bien la economía ha caído en recesión técnica, "el mercado laboral es tan fuerte que es difícil argumentar que se trata de un entorno recesivo", asegura Bert Colijn, también economista del think tank de ING.

Este experto se refiere a los datos de empleo que ayer publicó Eurostat. Y es que, el número de personas ocupadas en la zona del euro aumentó un 0,6% en los tres primeros meses de 2023 (creándose 900.000 puestos de trabajo) respecto al último trimestre del año pasado. Riccardo Marcelli Fabiani, economista Oxford Economics, resalta que "el crecimiento del empleo es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que las horas trabajadas también aumentaron" (igualmente un 0,6% intertrimestral, según el organismo estadístico europeo).

De cara al futuro, Fabiani espera que el mercado laboral de la eurozona "aguante, con un empleo que sigue creciendo y una tasa de desempleo que se mantiene baja este año". La última referencia disponible, relativa a abril, muestra que la tasa de paro en la región se situó en el 6,5%, mínimo de la serie histórica.

Además, se prevé que la inflación siga aflojando en la zona euro. El mes pasado ya se relajó hasta el 6,1% interanual, la tasa más baja en 15 meses. A priori, la desinflación "se traducirá en una mejora de la renta personal real disponible a partir del segundo trimestre, ya que los salarios y el empleo disfrutarán de un mercado laboral tenso", según Nicola Nobile, economista jefe en Italia de Oxford Economics. A su parecer, el consumo privado puede incrementarse de forma "marginal y gradual" a partir del trimestre en curso, "tras una caída acumulada de más del 1% durante el invierno".

Este experto tampoco descarta que se produzca a corto plazo una "sorpresa positiva" desde el sector servicios. El PMI compuesto de la zona del euro de mayo bajó a 52,8, reflejando una nueva expansión (en este indicador una publicación por encima de 50 significa crecimiento y por debajo, contracción) pero situándose en su peor cota en tres meses.

Cyrus de la Rubia, economista jefe de Hamburg Commercial Bank, también considera que el "crecimiento relativamente resistente de la actividad de los servicios debería garantizar que la zona euro recupere cierto equilibrio y muestre una tasa de expansión en el segundo trimestre".

Las nubes

El problema es que no está tan claro que el sector terciario pueda tirar con firmeza de toda la economía, pues esta sufre un importante lastre: la caída del sector manufacturero, que "es probable que se refleje en una mayor ralentización del sector servicios en los próximos meses", admitió De la Rubia en su comentario del PMI publicado hace unos días.

"Las perspectivas de un repunte notable en el segundo trimestre son escasas", opina ING Economics. Aunque "el mercado laboral sigue resistiendo", la inflación baja "a un ritmo dolorosamente lento", argumentan los expertos de la firma neerlandesa.

Ello explica por qué la robustez del empleo no es garantía contra una nueva crisis. En la demanda interna está la clave. Entre enero y marzo pasados, "el gasto público registró una contracción (consecuencia de la gran relajación de la política fiscal temporal) y el consumo privado disminuyó por segundo trimestre consecutivo", señala Nobile.

Para el economista italiano, los últimos datos del PIB no alteran el panorama general. Tras "un verano robusto" como el del año pasado, ha tocado "un invierno apagado", afirma. En cambio, de cara al futuro admite que "las perspectivas se nublan, quizá a un ritmo aún más rápido de lo previsto".

Las últimas encuestas son una prueba más. "Muestran claramente un enfriamiento de la economía", subraya Nicola Nobile. El índice Sentix de confianza inversora en la eurozona, conocido esta misma semana, se encuentra en su peor marca desde enero. "En lugar de una reactivación primaveral, las fuerzas recesivas vuelven con fuerza" a la economía, afirmó el Sentix en su nota.

El BCE, en el foco

Por si todo esto fuera poco, la eurozona todavía no ha terminado de absorber el golpe de la política monetaria restrictiva del Banco Central Europeo que, para más inri, todavía continúa. El BCE ha subido los tipos de interés en 375 puntos básicos (elevando la tasa de depósito desde el –0,5% hasta el 3,25% actual) desde julio del año pasado con la intención de llevar el IPC a su objetivo del 2%, lo cual no espera conseguir hasta 2025 (según sus propias previsiones, que podrían cambiar la próxima semana). Y se da por hecho que la institución, como poco, volverá a incrementar los tipos este mismo mes en otros 25 puntos básicos.

"La restricción de las condiciones financieras y crediticias y el endurecimiento de la política monetaria y fiscal impedirán que la recuperación [económica] cobre impulso en el segundo semestre", afirma Nicola Nobile.

En cambio, Rubén Segura-Cayuela, economista jefe para Europa de Bank of America (BofA), pronostica "sorpresas al alza en términos de PIB". "A corto plazo, vemos una mezcla de producción industrial algo resistente y una actividad de los servicios aceptable", señala en un comentario de este viernes.

Con este escenario, y recibiendo señales confusas por parte de la macro, el BCE tendrá que seguir perfilando su política monetaria en los meses venideros. "Esperamos una subida [de los tipos] de 25 puntos básicos con un mensaje de que habrá más" el 15 de junio, anticipa Segura-Cayuela. "Es probable que el BCE se muestre impreciso sobre si eso significa una o varias subidas adicionales; hay poca presión, necesidad y convergencia para señalar eso la próxima semana", concluye este analista. Con todo, una cosa parece clara: la incertidumbre seguirá siendo el denominador común a lo largo y ancho de la eurozona en el más corto plazo.

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