Economía

La caída de Alemania en recesión técnica esconde una crisis más profunda de lo que parece

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Alemania ha entrado en recesión técnica. La economía más grande de Europa se ha contraído durante dos trimestres consecutivos. El retraso inherente a los datos de PIB (es un indicador que da información del paciente cuando este ya ha muerto o se ha recuperado) y la levedad de la contracción ha restado importancia mediática a la caída de la tradicional 'gran locomotora' del euro. Sin embargo, la recesión de Alemania podría estar revelando algo que va más allá de factores puntuales -que también están lastrando hoy la actividad-. Podría ser el reflejo de la crisis de un modelo que aboca al país a reinventarse en tiempos complejos.

El dato más importante de la semana pasada fue la revisión a la baja de la estimación del PIB del primer trimestre de Alemania. Esta revisión reveló que la producción se contrajo un 0,3% intertrimestral, en lugar de estancarse, como se había publicado anteriormente. "Eso empujó a la economía a una recesión técnica, puesto que la actividad ya se había contraído un 0,5% en el cuarto trimestre del año pasado, y dejó a la economía un 0,5% más pequeña que antes de la pandemia, lo que significa que la economía de Alemana presenta desde entonces un peor rendimiento que la de España, y uno tan malo como el de Reino Unido, según esa métrica", asegura Andrew Kenningham, analista de Capital Economics.

Ángel Talavera, de Oxford Economics, cree que la gravedad de la caída del PIB alemán no ha sido tan grande como se había previsto inicialmente el año pasado durante el punto álgido de la crisis energética, pero "confirma nuestra visión más bien pesimista de la economía alemana, que se resiente de la debilidad del gasto de los consumidores a pesar de las cifras récord de empleo".

"Tras un periodo de optimismo inicial en los últimos meses, cuando la economía alemana capeó la crisis energética mucho mejor de lo esperado, las perspectivas se están agriando rápidamente. Con la caída del PMI manufacturero a su nivel más bajo en tres años y el acusado descenso de los pedidos industriales, prevemos un ciclo industrial débil en los próximos trimestres", adelanta el economista español.

Pese a que la contracción del sector industrial está claramente detrás de esta entrada en recesión de la economía en Alemania, los sectores se están comportando de una forma curiosa, lo que a su vez ha generado ciertas esperanzas en la economía alemana que se concentran en los servicios. La cuestión es, ¿pueden los servicios sostener una economía como la alemana?

Aunque la industria está cayendo con intensidad, el sector servicios crece de forma sólida, lo que en teoría podría mantener a flote a esta economía. Al sector de servicios le está yendo particularmente bien en Alemania, donde el PMI situó en 57,8 puntos, según el último dato publicado. "Sin embargo, no creemos que este sea el comienzo de un repunte sostenido del crecimiento. Después de todo, los PMI principales exageraron significativamente el crecimiento del PIB en el primer trimestre. Y los componentes de los nuevos pedidos sugieren que la demanda se está debilitando y la demanda de exportaciones se está desplomando, lo que no es un buen augurio para la manufactura en particular", destaca la nota de Capital Economics.

Riesgos para España y el resto de socios

"La revisión a la baja de las cifras de crecimiento alemanas probablemente implique también una revisión del crecimiento del PIB de la zona euro para el primer trimestre. Es probable que esto muestre que la economía se estancó durante el periodo cuartro trimestre de 2022/primero de 2023. Dado que el endurecimiento de las condiciones financieras sigue repercutiendo en la economía real, seguimos esperando un periodo sostenido de débil crecimiento económico en la zona euro que se prolongará hasta el próximo año", establece Talavera.

Alemania es la economía más grande de la zona euro y su peso en el PIB del área euro casi alcanza el 20%. El retroceso de la actividad en el país bávaro puede suponer la caída de la primera pieza del gran dominó europeo. Dentro del daño que supone para el bloque del euro que el motor de su 'locomotora' gripe, las implicaciones para España a nivel particular son un riesgo a tener en cuenta. Un sector que lo puede notar especialmente es el turismo, aglutinador del 15% del PIB en 2019. El siempre generoso caudal de turistas alemanes a España puede resentirse si su economía sigue instalada en la debilidad.

"Hay varios factores que podrían obstaculizar el crecimiento del turismo internacional. Uno de ellos es que para los principales países emisores de España, Reino Unido y Alemania, que representaron el 22% y el 13% de los visitantes internacionales en 2019, respectivamente, las perspectivas económicas parecen sombrías. Esperamos que el crecimiento económico en Alemania se estanque este año. Aunque la fuerte caída del poder adquisitivo no disuade actualmente a los europeos de viajar, podría hacer que los viajeros sensibles a los precios cambiaran España por destinos más baratos", valora Wouter Thierie, economista de ING.

Pero no es solo el turismo, Alemania adquiere alrededor de 36.000 millones de euros en bienes españoles cada año, lo que convierte a Berlín en el segundo socio más importante de España en la zona euro, solo por detrás de Francia. 

No es solo una recesión técnica

Más allá de todo lo anterior, un informe de Deutsche Bank examina otros factores que ponen en duda que la caída de Alemania sea simplemente una recesión técnica. Estos economistas creen que el país podría entrar en una especie de 'letargo' que se extendería, al menos, hasta 2025. Entre los factores que analizan destacan la desaceleración del comercio internacional y a la posible recesión en EEUU como dos agravantes de la actual crisis en Alemania. Tampoco ayudará la crisis inmobiliaria que arrastra el país desde 2022.

"Las perspectivas para el segundo semestre y 2024, especialmente el contexto externo, no sugieren que la dinámica de crecimiento vaya a fortalecerse mucho. Especialmente, dado que, además de los factores cíclicos, una serie de factores estructurales, como los costes y las incertidumbres relacionadas con los precios de la energía y la transición energética, una globalización más lenta y fragmentada y los problemas de oferta laboral están dejando su huella en las decisiones de inversión corporativa", sentencia el equipo de expertos de DB encabezado por Stefan Schneider.

"Las perspectivas de crecimiento a largo plazo de la economía alemana siguen siendo dispares. El crecimiento de la productividad lleva varias décadas disminuyendo, ya que el gasto en innovación se concentra cada vez más en las grandes empresas. Con el cambio tecnológico y la transición a una economía climáticamente neutra, muchas industrias alemanas tendrán que adaptar sus modelos de negocio y procesos de producción, sin olvidar el importante sector del automóvil", fija Aila Mihr, analista sénior de Danske Bank, más a largo plazo.

"Hemos sido ingenuos como sociedad porque todo parece estar bien", aseguraba hace poco a Bloomberg el director ejecutivo de BASF, la gran química alemana, Martin Brudermüller. "Los problemas que tenemos en Alemania se están acumulando. Tenemos un período de cambio por delante; no sé si todos se dan cuenta de esto".

Falla la 'conexión china'

En el plano más cercano, la reapertura de la economía china no parece estar apoyando a la industria alemana y a las exportaciones como se esperaba. En esta ocasión, el crecimiento de China "podría proporcionar un impulso inferior a la economía alemana, en comparación con ciclos anteriores. En un análisis de 2018, el Bundesbank estimó que un cambio de 1 punto porcentual en el PIB chino provoca una subida del PIB alemán del 0,1%, pero ahora muchas empresas alemanas se están viendo afectadas por la estrategia china dual circulation que pretender reducir su dependencia del resto del mundo. Esto podría haber debilitado los vínculos cíclicos", admiten desde el banco alemán.

Por otro lado, la Organización Mundial del Comercio (OMC) estima que el crecimiento del comercio mundial se desacelerará al 1,7% en 2023 (frente el 2,7% de 2022). Junto a esa tendencia global producto del mayor proteccionismo y del cambio que están sufriendo las cadenas de suministros, las exportaciones alemanas acumulan una tendencia a la baja que dura ya más de seis meses. La economía de Alemania se enfrenta a una situación desconocida: su modelo de ahorro y exportación está dejando de funcionar en el entorno actual de desconfianza, proteccionismo y desacople de China.

Los analistas también hacen hincapié en que, ante la ralentización de la globalización -o su conversión en friendshoring-, la economía debe adaptarse a un mundo en el que los servicios adquieren mayor importancia que las exportaciones industriales. En este punto, cobra especial importancia la 'conexión china'. Durante años, las empresas alemanas prosperaron gracias al apetito chino por la maquinaria, los productos químicos y los automóviles. China sigue siendo el mayor socio comercial de Alemania y casi la mitad de los fabricantes alemanes dependen de insumos intermedios procedentes de China (tres cuartas partes en el caso de la industria automovilística). El comercio chino-alemán mantiene más de un millón de puestos de trabajo directos y, de las diez empresas cotizadas más valiosas de Alemania, nueve obtienen al menos el 10% de sus ingresos de China (frente a dos en EEUU). 

"A medida que el motor del crecimiento mundial chino va engranando marchas más cortas, los días en que China era una apuesta unidireccional han pasado a la historia. El éxito de la diversificación de la industria alemana hacia proveedores y mercados de exportación alternativos será un elemento importante para garantizar el futuro del modelo de crecimiento, pero también supone un riesgo al alza de presiones inflacionistas más persistentes derivadas de las 'pérdidas de eficiencia' durante la fase de transición", planteaba ya hace unos meses ihr, de Danske Bank, en una prospectiva sobre el futuro de Alemania.

Mientras, la otra pata fuera de la UE se sostiene en las relaciones comerciales con EEUU, economía que podría enfrentarse de forma inminente a su propia recesión. Los analistas de Deutsche Bank creen que si la economía de EEUU termina contrayéndose, esto afectará de forma notable a la exportaciones de Alemania.

La política no está ayudando

Con más horizonte, aún queda otro frente en esta guerra que Alemania está perdiendo. Los planes del Gobierno alemán que prometían estimular la inversión y la demanda interna están haciendo aguas. El contexto político actual en Alemania da pábulo a estas interpretaciones. "Cuando llegó al poder en 2021, la coalición 'semáforo' alemana de socialdemócratas (SPD), verdes y liberales (FDP) planeó embarcarse en una ambiciosa ofensiva de inversión bajo el mantra atreverse a más progreso", señalaba Mihr en otra nota para clientes de abril. El mensaje se vio apoyado después por el estallido de la guerra en Ucrania, que ha puesto en jaque el tradicional modelo económico alemán -energía rusa, potente industria, fuertes exportaciones-. Sin embargo, el gran 'cambio de era' -el famoso discurso del Zeitenwende (punto de inflexión histórico) del canciller Olaf Scholz hace más de un año- parece no estar encontrando tracción.

Tras las crisis recurrentes, la aplicación de los objetivos del acuerdo de coalición se ha topado con vientos en contra y las divisiones internas entre los partidos -especialmente en materia de financiación- están frenando cada vez más la aplicación de políticas que son clave para reactivar las perspectivas de crecimiento de la economía y, no menos importante, las capacidades de defensa, indica Mihr. Después las recientes derrotas electorales del FDP, el ministro de Finanzas, Christian Lindner, intenta reavivar el apoyo a su partido apelando a los votantes de base fiscalmente conservadores. En una reciente entrevista aventuró recortes de gastos para el proyecto de presupuesto de 2024 que se espera para mayo y abogó por abandonar el gasto deficitario financiado con deuda de los últimos años y volver a presupuestos equilibrados ante el aumento de los costes de los tipos de interés.

"La aparente recaída de Alemania en sus viejos hábitos fiscales podría suponer un problema para las perspectivas económicas. La economía alemana sigue en fase de ajuste, ya que su antiguo modelo de crecimiento industrial está sometido a presiones y ganar una posición de liderazgo en la carrera de la transición ecológica es clave para relanzar sus perspectivas de crecimiento. Aunque el Gobierno ha acelerado la aprobación de grandes proyectos de infraestructuras y ha promulgado importantes cambios en los salarios mínimos y la seguridad social, el ritmo de la reforma gubernamental sigue siendo glacial, especialmente en lo que se refiere a la digitalización. Las inversiones públicas repuntaron temporalmente tras la pandemia, pero desde entonces han vuelto a desplomarse. Siguen siendo lamentablemente bajas, especialmente a nivel municipal, donde se realiza la mayor parte del gasto en infraestructuras", desgrana Mihr.

Renovables, vivienda, demografía

"Hasta que no se desbloquee la política actual, creemos que es poco probable que Alemania vuelva a ser pronto la potencia económica de la zona del euro", alerta la analista. Y es que los frentes asumulan. La expansión de las energías renovables lleva un retraso considerable, mientras que la generación de electricidad a partir del carbón se ha acelerado a la luz de la crisis energética y las centrales nucleares restantes se han visto abocadas al cierre. "Con la trayectoria actual, Alemania no cumplirá sus objetivos climáticos para 2030, según el consejo de expertos en clima del gobierno", sentencia la analista.

Otro frente es el de la falta de viviendas asequibles en las zonas urbanas de alto crecimiento, lo que agrava la escasez de mano de obra: de los 400.000 nuevos pisos previstos al año, probablemente solo se construirá la mitad en los próximos años, tendencia que cae en medio de una creciente reticencia de los promotores inmobiliarios a iniciar nuevos proyectos de construcción ante la subida de los tipos y la preocupación por la rentabilidad, puntualiza Mihr.

Precisamente, un foco de estabilidad en los últimos años se ha convertido en otro problema: el inmobiliario. Pese a que han aparecido ciertos signos de estabilización en la vivienda alemana, los economistas de Commerzbank creen que esto solo es una pausa que dará continuidad a una caída mayor, lo que reducirá la inversión en vivienda y la actividad económica. A perro flaco todo son pulgas.

"La reciente estabilización de los precios inmobiliarios en Alemania difícilmente significará el final de la corrección de precios. El bajo volumen de transacciones actual muestra que las expectativas de precios de compradores y vendedores a menudo aún están muy alejadas. Particularmente en el caso de las propiedades existentes, es probable que los precios aún tengan que caer significativamente para que la oferta y la demanda vuelvan a estar en línea, especialmente porque las propiedades más antiguas también están perdiendo valor debido a decisiones políticas", sentencian desde Commerzbank.

Desde Danske Bank no se deja de mencionar la demografía adversa, "uno de los mayores retos estructurales para la economía alemana, ya que se prevé que la población activa se reduzca en más de cinco millones de personas de aquí a 2035 y, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por reducir las trabas burocráticas para los inmigrantes cualificados, la falta de guarderías y los problemas con el reconocimiento de las cualificaciones siguen presentando obstáculos".

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