Profesor de la Fundación de Estudios Financieros

La cifra revisada del PIB español de 2021 muestra un avance del 5,5%. La cifra, sin tener en cuenta el contexto y de donde venimos, puede parecer abultada y satisfactoria, sin embargo ahondando en el análisis deja un sabor amargo. Nuestra economía ha sido incapaz de recuperar, ni siquiera, en 2021 el 50% de la caída de 2020 (-10,8%). Es una fuerte decepción.

La pregunta del título de esta tribuna se la debería plantear en serio la vicepresidenta Yolanda Díaz, más preocupada por sus intereses políticos futuros que por los problemas de los trabajadores. Miremos la situación de nuestro atrófico y disfuncional mercado laboral. Vamos con algunos datos que quizá clarifiquen la respuesta.

Este jueves día 9 de septiembre teníamos la cita más importante macroeconómica de la semana. El BCE se reunía para tomar decisiones sobre la política monetaria del área euro. La atención se focalizaba en el nivel de tipos de interés y la posibilidad de anunciar noticias sobre el ritmo de compras de activos. Sobre la primera, los tipos, poco o nada se esperaba pues todo apuntaba al mantenimiento de los mismos. En el segundo caso, el posible aunque improbable tapering o el más probable freno en el ritmo de compras, era el centro de la atención. En todo caso, sobre este último aspecto hay opinión unánime sobre que la reunión clave será la de diciembre. Por cierto, que como no está definido lo que es el tapering, ya ha comenzado aquellos de si son galgos o podencos. Sin embargo, lo importante es el ritmo de compras, el término de los diferentes programas, la reinversión de los cupones y amortizaciones, así como el calendario. No nos perdamos en discusiones banales.

Con la llegada de las masivas campañas de vacaciones, en las principales economías del mundo se esperaba con anhelo la reactivación económica. La deseada recuperación parece que se va instalando entre nosotros, más despacio de lo deseable y previsible por las nuevas variantes del virus. Al hilo de esa recuperación, incluso antes de la misma, surge un problema económico de envergadura: el de la evolución de los precios de bienes y servicios. Es éste un problema que golpea a todos los países. La inflación no está localizada en un área geográfica, todo lo contrario: es un problema global.

Los bancos centrales llevan desde hace tiempo, mucho tiempo, siendo las instituciones donde más y más se focaliza la mirada de muchos agentes económicos y financieros. Sin ir más lejos esta mismas semana, ayer para ser exactos, el Banco Central Europeo ha centrado nuevamente la atención. La causa, de acaparar la mirada de muchos, ha estado en declarar que la institución situaba su objetivo de inflación en el 2%. El anuncio de esta decisión supone un cambio en su objetivo en materia del precio de los bienes y servicios. Más concretamente y de acuerdo con la nota de prensa "la nueva estrategia contempla un objetivo de inflación simétrico del 2% a medio plazo". El lenguaje de los bancos centrales es siempre difícil de entender, sin embargo esta vez lo aclara perfectamente al transmitir, dictar podríamos decir, que "este objetivo es simétrico, lo que significa que las desviaciones positivas o negativas son igual de indeseadas".

Durante esta semana que dejamos atrás los bancos centrales han acaparado buena parte de la atención económica y financiera. Desde hace relativamente poco, entre economistas e inversores, el análisis y la preocupación han comenzado a centrarse en la evolución de los precios de los bienes y servicios, es decir el Índice de Precios al Consumo. Hasta hace muy poco la preocupación de los directores de la política monetaria era el bajo nivel de crecimiento de los precios, por debajo del 2%. Ahora los precios se mueven por encima, fuertemente en los Estados Unidos, en menor medida en Canadá; en Europa empezamos a acercarnos a ese nivel del 2%; Reino Unido ya supera ligeramente los dos puntos porcentuales. En China, evidentemente con otros objetivos, los precios han subido un 6,8% de acuerdo al último dato disponible.

La sorpresa económica de la semana, al menos en lo que llevamos de ella, ha sido la publicación por parte de Banco de España de la ratio de deuda pública. Esta ratio sitúa el peso relativo de lo que debemos sobre la suma de los beneficios económicos y los salarios incluidas las cotizaciones sociales, el conocido PIB, en un 125,3 %, de acuerdo con las cifras avanzadas por el Banco de España.

Ahora que parece que vamos volviendo a la normalidad, al menos se vislumbra así, son muchos los que se plantearán el título de esta tribuna. Sin duda, ahora es el momento de seguir lamentando los muertos, o los que han quedado con graves secuelas o aquellos que han estado ingresados o quizá han pasado esta plaga bíblica sin ni siquiera poder enterarse. Es hora también de reivindicar a los empleados públicos desde las limpiadoras de los hospitales, pasando por policías, hasta los médicos que han sido un ejemplo en esta terrible pesadilla.

Esta semana se ha llevado a cabo la fusión entre dos grandes entidades crediticias españolas. CaixaBank y Bankia son ya un único banco. Esta fusión o absorción, como se quiera ver, ha sido el último movimiento del revuelto mapa bancario español, y también europeo. Ahora bien, nada indica que éste sea el último episodio que veremos en un sector que tiene una importancia capital en la economía.

Durante prácticamente un siglo, Occidente ha mirado a los Estados Unidos de América para encontrar referentes: libertad, democracia, justicia, orden. Cada nueva generación viviendo mejor, junto a la posibilidad de avanzar por el esfuerzo y la dedicación eran ideas asociadas al sueño americano.