Juan Velarde Fuertes

Presidente de honor la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

Como consecuencia de la epidemia, ha quedado claro que el impacto sobre los países es exactamente igual a cuando se desata una guerra. El crecimiento derivado de un conflicto bélico es negativo, porque los factores de la producción han quedado alterados; y con una epidemia, la población activa se reduce y también las po- sibilidades de inversión quedan restringidas. Vamos a ver, inmediatamente, una reducción en la marcha del PIB, también en el empleo, e igualmente en el tráfico internacional.

Parece que ciertas decisiones de política económica tendrían que vincularse, prioritariamente, a la creación de un fuerte desarrollo de nuestra economía. Pero esto ¿se contempla como algo fácilmente posible? He ahí un problema que genera un déficit en nuestra economía, el de la observación de ese raquítico incremento del PIB, y esperar que no contemplemos cifras negativas.

Prácticamente, en lo que consideramos como el mundo civilizado, y después de multitud de debates, el papel que tienen los empresarios se muestra de modo creciente. Sus biografías se tienen en cuenta cada vez más, y desde luego, en el caso de Plácido Arango, esto es evidente. Cuando observamos su vida, se tiene que destacar, entre otras cosas, que este empresario que se analiza ha triunfado. Esa victoria evidencia que ha cumplido adecuadamente con el papel que tiene, al ser pieza clave de la vida económica. Esto se ha explicado en multitud de estudios de economía, como en el de Von Thünen, que nos recordó Stackelberg en sus Principios de Teoría económica, acerca de qué manera, precisamente, ese triunfo contribuye eficazmente al conjunto del desarrollo económico. A esta postura perteneció, con claridad, Plácido Arango, clave en el avance continuo de la llamada "economía libre de mercado". El resultado de ese triunfo empresarial se difunde así por todo el conjunto de la economía.

Es preciso que en toda medida de política económica se tengan en cuenta, para acertar, un conjunto de enlaces que existen con otras realidades socioeconómicas y políticas que se encuentran siempre forzosamente enlazadas, y que por ello, generan problemas unas veces inmediatos o a medio plazo, que deberían haberse previsto. El saldo de las ventajas y desventajas, cuando todo esto se tiene en cuenta, debería alterar mucho la actividad inmediata de la política económica. Todo esto, por supuesto, lo ha colocado en la actualidad, la decisión de incrementar el salario mínimo interprofesional sin tener en cuenta cuestiones relacionadas con la estructura sociopolítica del sector rural.

Una intervención del profesor Emilio Lamo de Espinosa, pronunciada en la Real Sociedad Geográfica, exige una glosa de modo obligado. Basta observar su título: Nueva imagen del mundo: geografía, historia, sociedad. Efectivamente, nos encontramos con la necesidad de tomar conciencia del cambio profundísimo que afecta a la Humanidad, debido a la unión de lo que los cambios iniciados en el siglo XIX supusieron para ella. Se mueven éstos obligadamente hacia situaciones radicalmente diferentes de las que existían hace no demasiado tiempo.

Basta tener en cuenta las sucesivas alternativas de una agobiadora situación creada por el malestar derivado de una depresión creciente, a pesar de que se sostenía, una y otra vez, que la prosperidad estaba a la vuelta de la esquina -como ocurrió con el presidente Hoover, o el colosal fracaso de los famosos “planes quinquenales” de Stalin, o el abandono de los planteamientos de Mao en China o en aquellos mensajes que entusiasmaron a los estudiantes pseudo revolucionarios del 68-. En el caso de España, eso se produjo por el proteccionismo industrial, que buscó un planteamiento económico en Federico List, y que desde la institución catalana denominada Fomento del Trabajo Nacional, logró dominar la política económica española desde el siglo XIX, hasta que, en 1959, Ullastres liquidó definitivamente los intentos de Gual Villalbí.

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En este momento, no sólo en la economía, sino en multitud de aspectos de la vida social, España marcha esencialmente de acuerdo con los mensajes de la Unión Europea. Pero todo esto motiva, en el terreno de la economía, medidas que explican bastantes causas de que el progreso material español experimente desde 1970, y naturalmente desde 1985, notables impulsos. Desde luego se debe a algo radicalmente nuevo para nuestra nación, que tiene raíces más alejadas que ambas fechas.

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Se pone en marcha un nuevo Gobierno, y ante él -nos jugamos mucho en caso de equivocarnos-, es preciso formularle preguntas muy serias desde el punto de vista precisamente de la economía. Conviene recordar el desastre que se originó al poner en marcha en 1868 un programa económico que, en parte fundamental, estaba basado en un caos forzoso debido a la bandera que exhibía conjuntamente, con un razonable librecambio, otro de puesta en marcha del llamado cantonalismo. Como éste, sencillamente, bloqueaba la economía, los sucesivos planteamientos partían de incapacidades para reaccionar, como consecuencia de una fractura gigantesca en el mercado interior. O si nos asomamos al siglo XX en términos económicos, el conjunto de medidas que se derivaba de los planteamientos de Azaña y que yo he expuesto en una publicación conjunta con Fernando Morán, evidenciaron que en plena crisis de 1930 se tenía forzosamente que acentuar ésta.

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Como consecuencia de la difusión de pensamientos que se calificaban como pacifistas, se generalizó la idea de que la financiación de la Defensa debería minimizarse. Era una carga para la economía, y su papel negativo explicaba que, en el presupuesto, debería retirarse todo lo posible su financiación. Pero de esto se derivaban dos consecuencias erróneas. La primera, ignorar que en relación con los gastos en defensa se percibían ciertos impulsos a la economía relacionados con la Revolución Industrial que estaba en acción. Debido a la presión estatal que se vinculaba con necesidades militares, comenzaron a aparecer ventajas para el desarrollo económico dentro del proceso de la industrialización, lo que llega hasta ahora mismo. Basta en este sentido recordar los datos que aparecen en el análisis de la obra de la profesora Mazucatto, titulada El estado emprendedor (2014). Y respecto a España, señalemos cómo existen datos muy claros de la relación entre orientaciones para la defensa y avances en el sector industrial. Por ejemplo, el avance en el terreno de la siderurgia, con la aparición del coke en los hornos altos, no llega a nosotros -a pesar de un intento fracasado de Jovellanos-, hasta que el general Elorza lo puso en marcha en la Fábrica de Trubia. O también, el impulso a la generación de los fertilizantes, ¿no se inicia hasta que, en parte por las medidas relacionadas con las exigencias de la Guerra de Cuba, se decidió poner en marcha una entidad que acabó por consolidarse con la Unión Española de Explosivos, vinculada en principio a Asturias, y orientada rápidamente no solo al desarrollo de la fabricación de fertilizantes -que así pasaron a ser uno de los elementos esenciales para explicar el desarrollo de la producción rural en España-, sino también a impulsar la minería. Y esa relación con Asturias se debía al impulso que entonces tuvo en España la del carbón.