Opinión

La hora obligada de un gran cambio

Es el momento de que haya cambios en la política económica del Gobierno

La crisis del coronavirus puede causar, si no se sabe reaccionar adecuadamente, daños irreparables a nuestra economía. Es preciso tomar nota de esto, porque ya surgen síntomas vinculados a lo que, por lo que se percibe, se unen a incrementos adicionales, incluso, peligrosos que resulta obligado rechazar. A todas estas circunstancias es preciso agregar otro déficit seguro: el derivado del sector exterior, tanto de la balanza de bienes como no digamos en la de servicios, dado lo que sucede, y puede persistir, en el turismo. Debería agregarse la posibilidad de un aumento del desempleo, ese que situaba a España, una y otra vez, en el conjunto de los peores países con altas tasas de ese dato. Esto dará lugar a problemas con la opinión pública y, para conseguir su aplauso, se recurrirá al anunciado intento de alterar radicalmente la reforma laboral de Rajoy, lo que generará, aún más, enorme incremento del paro. Por todo lo dicho, hay que recomendar que, de momento, estemos muy atentos, no solo a datos inmediatos, sino a lo que de ellos se deriva en planteamientos a largo plazo, incluyendo lo que puede suceder en el mundo financiero, y por ello conviene estar muy al tanto de lo que se indique desde el Banco de España.

Alterar la reforma laboral de Rajoy generará un enorme incremento del desempleo

Lo preocupante es que todo lo dicho se enmaraña en España con planteamientos directamente ligados a la búsqueda del éxito político inmediato. Muy en primer lugar, se acentúa la ruptura del mercado, porque los organismos regionalistas han comenzado a aprovechar, ya de modo grande, esta ocasión para reforzar sus presiones y ser cada una diversa respecto al conjunto nacional, y a otras autonomías.

Pero el entorno internacional lo agrava aún más. Por ejemplo, basta leer en la publicación de CaixaBank Resarch, Informe Mensual, de abril 2020, firmado por un conjunto de economistas portugueses, titulado: Recesión inevitable en Portugal, a pesar del buen momento anterior a la pandemia. El impacto en España en multitud de sentidos de la posible situación deprimida en Portugal, es precisamente muy preocupante. Y desde luego no se pueden dejar a un lado las consecuencias que siempre frenan el desarrollo con una caída notable del consumo. Y no digamos si la caída del consumo tiene ámbito internacional con decisiones que nos pueden preocupar de la Organización Mundial del Comercio. Y rupturas de estructuras que hubieran sido convenientes en estos momentos, como las originadas por la fractura en el conjunto europeo a causa del Brexit , complicará esto aún más. Concretamente, para España, esto se transmitirá a la estructura económica rural, a través de la financiación de la PAC . Cuando existe una crisis económica mundial como la que inmediatamente viene a causa de la desglobalización, surge con fuerza el incremento de egoísmos nacionales que, por supuesto perjudican a todas las naciones, y no digamos cuando en ellas se plantean a corto plazo problemas electorales.

Corremos el riesgo de sufrir un futuro dañino por desoír lo que dicen casi todos los economistas

En estos momentos es necesario tener en cuenta todas estas circunstancias para orientar adecuadamente la política económica, y no está claro que España este adoptando medidas apropiadas ante todo este panorama creado por el coronavirus. Sobre todo, porque existen ejemplos de situaciones parecidas, desordenadamente resueltas por la incapacidad de los políticos, concretamente, como sucedió con la primera Guerra Mundial. Para tratar de salir adelante, de la depresión generada por el conflicto, las naciones vencedoras no percibieron multitud de enlaces negativos de los ahora expuestos precisamente para España. Ese sumo de ignorancias se evidencia al leer el famoso ensayo de Keynes, Las consecuencias económicas de la paz. Creo que revisar lo que sucedió entonces, como derivado de la puesta de espaldas de los políticos a lo que señalaban los economistas más señeros -recordemos cómo Keynes fue castigado por los más altos políticos ingleses, por indicar cuál- debería ser la reacción adecuada. Ahora aparece, para nosotros algo parecido. Se refleja claramente en declaraciones recientes de miembros del Gobierno que indican que en cuanto se alivie la enfermedad colectiva actual, se liquidara la reforma laboral decidida por Rajoy y, simultáneamente, se efectuará un incremento importante impositivo. Ambas decisiones generarán un incremento del desempleo. Pero igual que se despreció lo que señalaba Keynes en 1919, corremos el riesgo de un futuro extraordinariamente dañino por, también, desoír lo que hoy señala críticamente ante eso cualquier economista.

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