Opinión

Economía de guerra: medidas necesarias

El daño económico de una epidemia como la del coronavirus es similar al de una guerra

Como consecuencia de la epidemia, ha quedado claro que el impacto sobre los países es exactamente igual a cuando se desata una guerra. El crecimiento derivado de un conflicto bélico es negativo, porque los factores de la producción han quedado alterados; y con una epidemia, la población activa se reduce y también las po- sibilidades de inversión quedan restringidas. Vamos a ver, inmediatamente, una reducción en la marcha del PIB, también en el empleo, e igualmente en el tráfico internacional.

Pero ante los conflictos bélicos, los planteamientos de mejora económica que mostraban hundimientos colosales han pasado a rectificarse. Precisamente eso es lo sucedido, con claridad, a partir de la II Guerra Mundial. Efectivamente, tuvieron lugar en Inglaterra bombardeos tremendos, con sus consecuencias; pero inmediatamente surgieron en el país un conjunto de medidas que, desde el punto de vista económico, hicieron que la realidad se pareciese a la originada por la Gran Depresión de 1930. Sin embargo, cuando no se sigue ese sendero, se corre el riesgo, como puede ocurrirle a España, de superar el impacto de lo sucedido por la quiebra de Lehman Brothers.

Para superar problemas en la II Guerra Mundial, se pusieron en marcha medidas que han perdurado cuando llegó la paz, porque se observó que eran adecuadas. Lo que precisamente se inició por el Gobierno de Londres, acabó constituyendo lo que, en adelante, pusieron en marcha todos los países, aunque pronto aprendieron éstos que de ningún modo, ante conflictos en situaciones como la actual, deberían apartarse de ese sendero. Y quien lo hizo, como Italia, bien lo está sufriendo; compárese con lo que en lo económico está sucediendo en Alemania ahora mismo o incluso en Francia. Todo empezó para mejorar las cosas en Inglaterra cuando decidió ordenar la vida económica basándose en el mecanismo macroeconómico de la Contabilidad Nacional.

El impulso procedió de Keynes, que incluso expuso de qué manera debería encajarse una economía de guerra para molestar lo menos posible a los ciudadanos, basándose en planteamientos derivados de la Contabilidad Nacional. Esa política con ese fundamento, era derivación de progresos de la ciencia económica, también proyectada para estructurar el llamado Estado de Bienestar. Y, a partir de ahí, la orientación derivada de todo lo vinculado con serios planteamientos macroeconómicos debe quedar regulado teniendo en cuenta estos mensajes. Evidentemente, fue todo posible por la facilidad demostrada para manejar esas magnitudes a partir de la obra de Hicks The Social Framework. Hart convirtió este modelo de Hicks en la base de la conformación de la estructura económica de EEUU, a lo que se fueron aplicando avances econométricos evidentes, en gran medida debidos a que previamente se había fundado la Sociedad Econométrica. En España todo eso se encuentra detrás del cambio radical originado a partir de 1953 por el Plan de Estabilización, consolidado precisamente después de conocer para 1954 la Contabilidad Nacional de España.

Esto tuvo una ampliación extraordinaria, a partir de la llamada Guerra Fría. En ese momento, Es-tados Unidos discutió am-pliamente sobre este modelo econométrico. Y en otro sentido, en España no se puede olvidar que, gracias a las ampliaciones dirigidas por Manuel de Torres y Ángel Alcaide, se enviaron a Alberto Ullastres las negociaciones de España con la Comunidad Económica Europea, y las consecuencias derivadas de los planteamientos que España debería exigir al ámbito comunitario en aquellos debates que tenían lugar en Bruselas, sector por sector productivo y exportador o importador. El fruto fue el llamado Acuerdo Preferencial de 1970, uno de los mayores éxitos diplomáticos de España, dirigido por Castiella. La tabla input-output está detrás de éxitos bélicos y de éxitos económicos.

Existe una carencia absoluta de instrumentos de política económica adecuados

En estos momentos nos encontramos con una absoluta carencia de formulación de una política económica española basada en instrumentos econométricos adecuados para saber con claridad lo que en todos y cada uno de los sectores genera cualquier cambio en la política económica, sea promovida por el gobierno, sea promovida desde el exterior, como ocurre en caso de guerra o de epidemia mundial. El panorama de la política económica española relacionada con un gobierno en el que se mezclan, incluso, dirigentes separatistas, estorba la organización de una política económica nacional, que resulta imposible; y más aún, cuando no se observa que el Gobierno esté orientando por dos organizaciones competentísimas, como son el Servicio de Estudios del Banco de España, y el Instituto Nacional de Estadística, a través de modelos que recuerdan aquellos impulsados por Sardá en el Banco de España y por Valentín Andrés Álvarez en el mundo de la estadística. Es evidente que la reacción victoriosa ante la actual catástrofe económica que amenaza, resulta imposible.

Por eso, esa inacción obligada por todos esos motivos, origina que parezca imposible que la España ilusionadísima señalada por el Rey Felipe VI, ante el problema que ahora tenemos, vaya a poder salvarse. Son demasiadas ignorancias técnicas y planteamientos políticos básicos los del actual Ggobierno. Todos los españoles, del Rey al último ciudadano, tendrán que plantear múltiples exigencias a quienes, ni técnica ni políticamente, supieron actuar.

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