La entrada de inversores como Elon Musk con 1.500 millones de dólares, o de bancos de inversión como JP Morgan, Morgan Stanley o BNY Mellon -sin olvidar el anuncio de PayPal o Mastercard de que se podrá comenzar a utilizar bitcoins como medio de pago- han contribuido a revalorizar a la criptodivisa y a dotarla de mayor popularidad entre los minoristas, que han creído encontrar en ella un nuevo patrón oro al calor de las estratosféricas inyecciones de liquidez por parte de los bancos centrales.

Al empezar a rentabilizar nuestros ahorros, en mayor o menor medida, la teoría siempre se tiene clara: tener un objetivo definido; invertir siempre en productos financieros que se entiendan; medir los riesgos; conocer el mercado y su funcionamiento; diversificar; tender, en la medida de lo posible, a potenciar los resultados en el largo plazo... Pero también hay otras cuestiones que se tienen menos claras, y entre ellas una de las más comunes reside en la elección de invertir todo de golpe o ir poco a poco realizando lo que se conoce como aportaciones periódicas.

Conseguir que gran parte de los 900.000 millones de euros acumulados por los españoles en depósitos se trasladen a fondos de inversión. Este es el objetivo de muchas entidades financieras. El motivo es claro: los bajos tipos de interés han congelado sus márgenes -sin olvidar la remuneración de sus clientes-. Y para incentivar el traspaso, entre otras estrategias, la gran mayoría han comenzado a cobrar por tener parado el dinero en el banco.

A finales de 2020 había billetes de euro en circulación por valor de 1,43 billones de euros, un incremento del 11% respecto a 2019. Más del doble que la media de crecimiento del 5% de la última década, según ha explicado el BCE. Sin embargo, según datos del Banco de España, las operaciones de retirada de efectivo en cajeros se hundieron un 31,25% y su importe cayó un 18,36% en 2020. Es decir, no ha habido nunca tantos billetes en circulación en un momento en el que, entre otros motivos por el aumento de las transacciones con tarjeta por el miedo al contagio, no se están utilizando para pagar.

Tras el golpe de la pandemia, y de unos años un tanto dubitativos, las materias primas parecen haber cogido la senda del rally, y el optimismo de los inversores por ellas es el más alto de la historia, según datos de Bank of America.

Una de las preguntas que muchos ahorradores se hacen al comenzar a invertir es si es mejor optar por las acciones y ser ellos mismos los que decidan cómo y dónde ponen a trabajar su dinero, o si por el contrario es mejor optar por un fondo de inversión y que sea un gestor el que tome esas decisiones. Ambas opciones son válidas, pero lo cierto es que dependiendo del tipo de inversor puede convenir más una u otra, ya que son dos alternativas muy diferentes tanto desde el punto de vista financiero como fiscal.

El universo de fondos de inversión supera los 33.000, si se tienen en cuenta todas sus clases. Ante esta realidad, lo primero que hay que tener presente a la hora de buscar el mejor fondo es que el mejor fondo no existe. Así lo asegura Diego Fernández, director de inversiones de A&G Banca Privada, en el último Finect Talks.

Los fondos de inversión ganan cada vez más peso entre nuevos inversores. Los bajos tipos de interés que imperan en Europa continúan penalizando a los ahorradores más conservadores, ya que el ahorro en productos como depósitos o cuentas bancarias les empieza a costar dinero, bien por la escasa rentabilidad frente a la inflación o bien por la aplicación de nuevas comisiones.

El Dow Jones supera los 31.000 puntos, el S&P está a punto de llegar a los 4.000, los bonos también se encuentran en niveles de máximos históricos... Incluso el bitcoin está rozando los 50.000 dólares cuando hace justo un año no llegaba a los 10.000. Salvo el Ibex 35, todos parecen estar sumidos en una gran fiesta. Y los datos, de momento, no parecen frenar a los inversores

En enero, la inflación de la eurozona se disparó 1,2 puntos, hasta el 0,9% interanual debido, en gran medida, al aumento de los tipos del IVA en Alemania. En España, en concreto, la tasa de variación anual del IPC fue del 0,6%, 11 décimas superior a la del mes anterior. Y según las previsiones de algunos expertos, es probable que a finales de año se supere la tasa de inflación del 2% fijada por el BCE.