Eva M. Millán

Corresponsal en Londres

La autoridad de Boris Johnson se encuentra atenazada por el pecado favorito del primer ministro británico: vender optimismo. Su tendencia natural a elevar expectativas, incluso cuando carece de datos para sostenerlas, lo ha convertido en esclavo de sus promesas en los dos elementos que definirán su mandato: el coronavirus y el Brexit. Si por separado ambos representarían un colosal quebradero de cabeza para cualquier mandatario, su desafortunada sincronía temporal coincide en el peor momento para un premier programado exclusivamente para las noticias positivas y cuyo entusiasmo infundado ha provocado una seria crisis de confianza cuando más necesitado de liderazgo está Reino Unido.

economía

La crisis sin precedentes provocada por el coronavirus en la economía española ha hallado en un sospechoso habitual, el Brexit, al mejor aliado para desencadenar la tormenta perfecta. El último desencuentro entre Reino Unido y la Unión Europea amenaza con cerrar la transición de su divorcio el 31 de diciembre sin un marco de relación para el futuro, un desenlace que podría recortar el PIB español en casi un punto en cinco años y que supondría el golpe de gracia para un país en la UCI, tras haber registrado en el segundo trimestre un retroceso histórico del 18,5%.

La escalada de tensión entre Reino Unido y la Unión Europea ha desembocado en un ultimátum por parte de Bruselas, que ha perdido la paciencia ante la pretensión de Londres de vulnerar partes del tratado que había materializado su divorcio el pasado 31 de enero. La Comisión ha dado al Gobierno británico hasta final de mes para enmendar los aspectos de la controvertida Ley de Mercado Interno que quebrantan lo establecido en el Acuerdo de Retirada, o de lo contrario, no solo dará por concluida la actual negociación de la futura relación, sino que llevará a la segunda economía europea a los tribunales e impondrá costosas sanciones financieras.

La insurrección de Boris Johnson ante la Unión Europea ha pasado de ser una mera amenaza con fines negociadores a adquirir rango de ley. La publicación ayer de la normativa de Mercado Interno, que regirá el engranaje comercial de Reino Unido una vez concluida la transición del Brexit el 31 de diciembre, confirmó formalmente lo que un alto cargo británico había reconocido ya en el Parlamento: que el Gobierno está resuelto a vulnerar un tratado internacional.

El impacto del coronavirus sobre la economía española cuenta con un aliado inesperado en el Brexit, puesto que la hecatombe que la crisis está generando ya para Reino Unido ofrece al Gobierno de Boris Johnson la munición ideal para culpar a la Covid-19 de todos los males al norte del Canal de la Mancha. Londres tan solo necesitaba una coartada para solapar convenientemente el golpe auto-infligido de un potencial fracaso de la negociación con Bruselas y la pandemia se la ha entregado. En este desenlace, que acarrearía el consiguiente establecimiento de tarifas, muchas empresas españolas sufrirían el carácter estratégico que los británicos prevén otorgar a su industria agro-ganadera, una vez concluida la actual transición el 31 de diciembre.

Los Presupuestos de hoy incluirán partidas para respaldar la economía británica

Coronavirus UK

El Gobierno británico mantiene el protocolo de contención del plan contra el coronavirus, aunque reconoce que la preparación está ya en marcha para la fase de retraso de una epidemia considerada ya inevitable. El primer ministro, Boris Johnson, presidió ayer una reunión del Gabinete de Emergencias COBRA, que determinó que medidas draconianas como las adoptadas en los países del entorno se impondrán en "el momento adecuado", dado el riesgo de actuar precipitadamente, vaciando de contenido su eficacia.

internacional

El primer presupuesto postBrexit que se presentó este miércoles en el Reino Unido constituye la gran prueba de fuego para un Gobierno determinado a capitalizar la independencia adquirida con la salida de la UE. Pero una cadena de eventualidades, algunas fortuitas, otras provocadas, se ha encargado de complicar el encaje de unas cuentas que no podrán responder a la ambición inicial de Downing Street de relajar el manual de rectitud fiscal dominante en la última década.

Londres elude el establecimiento de la logística fronteriza y la UE descarta un pronto acuerdo por la falta de confianza

Brexit

El Reino Unido y la UE despliegan esta jornada una impostada normalidad al fin de la primera ronda de conversaciones para definir su futura relación, pero la desconfianza ante el desapego británico en el cumplimiento del protocolo irlandés amenaza con hacer descarrilar un diálogo lastrado ya por la falta de tiempo y la profunda brecha que separa sus aspiraciones.