Eva M. Millán

Corresponsal en Londres

Reino Unido y la Unión Europea han descubierto que el Brexit no había quedado saldado el 31 de diciembre, con el fin de la transición de su divorcio, sino que el desafío verdaderamente complicado comienza ahora. Obligados a aprender empíricamente cómo interactuar como ex socios, están condenados a entenderse, pero la desconfianza mutua y el creciente resentimiento han provocado temblores en los pilares más delicados de este arranque de año: la lucha contra el coronavirus y la estabilidad en Irlanda del Norte.

El genuino significado del Brexit empezará a tomar forma esta semana, cuando las doce campanadas de mañana clausuren el período de transición del que Reino Unido y la Unión Europea se habían dotado para afrontar el más titánico de los desafíos impuesto por su divorcio: alumbrar el primer acuerdo comercial de la historia que entrañará erigir barreras, en lugar de retirarlas.

El Gobierno británico ha comenzado a asumir que incluso de lograr el más difícil todavía de un acuerdo con la Unión Europea, el país apenas está preparado para el 1 de enero, cuando la forma de operar con su principal socio comercial cambie radicalmente. De ahí el interés del Número 10 en vender pesimismo ante las conversaciones en Bruselas, puesto que necesita que el sector privado anticipe el peor escenario, para al menos garantizar contingencias mínimas si finalmente el pacto es posible.

Análisis

La partida de ajedrez en la que ha derivado la negociación del acuerdo comercial entre Reino Unido y la Unión Europea deberá acabar en tablas, para permitir a ambas partes atribuir al contrario la claudicación que debería evitar el caos a partir del 1 de enero. La disputa en materia de competencia queda ya prácticamente como única traba que definirá si dos socios durante casi medio siglo pueden seguir manteniendo una relación especial, que permita a Londres acceso fácil al mercado común, o bien pasan a operar bajo la frialdad de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Reino Unido y la Unión Europea deciden este fin de semana si el 3% que les falta para alcanzar un acuerdo comercial justifica el caos que supondría cerrar la actual transición del Brexit sin un marco de relación. El cara a cara entre Boris Johnson y Ursula von der Leyen que debería haber imbuido brío político a las conversaciones técnicas únicamente logró consensuar un supuesto último plazo, mañana, para intentar cerrar un pacto que ambas partes calificaban este viernes de "altamente improbable".

La decisión de Reino Unido de reimponer la obligación de guardar cuarentena al regreso de Canarias ha puesto en jaque los planes vacacionales de hasta 45.000 británicos y ha agudizado todavía más la crisis del golpeado sector turístico, que depende vitalmente del archipiélago español para la temporada de invierno.

Análisis

La primera visita de Boris Johnson a Bruselas como expatriado del club comunitario ha tenido mucho de teatralidad y poco de contenido. Ni el más optimista esperaba que su cena con la presidenta de la Comisión Europea llegase al postre con un acuerdo que diez meses de negociaciones no habían logrado cocinar. La gran duda es si el Número 10 había accedido a la cita para vender cualquier concesión de la Unión Europea como un triunfo del primer ministro británico, o para presentar el colapso del proceso como una muestra más de la intransigencia comunitaria de la que Londres se liberará, al fin, el 31 de diciembre.

La enésima semana decisiva para el Brexit se halla al fin ante motivos fundados que obligan a Reino Unido y a la Unión Europea a resolver sus diferencias en materia de pesca y soberanía, o asumir que, tras 47 años de matrimonio de conveniencia, no es posible un marco estable de relación para su futuro por separado. A un mes del fin de la transición, el tiempo será, de nuevo, el factor que decidirá si hay acuerdo, por lo que los equipos negociadores mantienen maratonianas jornadas de trabajo en Londres, en sí buena señal, si no fuera porque los obstáculos son los mismos que desde hace meses, lo que cuestiona que haya margen para el compromiso.