Eva M. Millán

Corresponsal en Londres

El impacto del coronavirus sobre la economía española cuenta con un aliado inesperado en el Brexit, puesto que la hecatombe que la crisis está generando ya para Reino Unido ofrece al Gobierno de Boris Johnson la munición ideal para culpar a la Covid-19 de todos los males al norte del Canal de la Mancha. Londres tan solo necesitaba una coartada para solapar convenientemente el golpe auto-infligido de un potencial fracaso de la negociación con Bruselas y la pandemia se la ha entregado. En este desenlace, que acarrearía el consiguiente establecimiento de tarifas, muchas empresas españolas sufrirían el carácter estratégico que los británicos prevén otorgar a su industria agro-ganadera, una vez concluida la actual transición el 31 de diciembre.

Los Presupuestos de hoy incluirán partidas para respaldar la economía británica

Coronavirus UK

El Gobierno británico mantiene el protocolo de contención del plan contra el coronavirus, aunque reconoce que la preparación está ya en marcha para la fase de retraso de una epidemia considerada ya inevitable. El primer ministro, Boris Johnson, presidió ayer una reunión del Gabinete de Emergencias COBRA, que determinó que medidas draconianas como las adoptadas en los países del entorno se impondrán en "el momento adecuado", dado el riesgo de actuar precipitadamente, vaciando de contenido su eficacia.

internacional

El primer presupuesto postBrexit que se presentó este miércoles en el Reino Unido constituye la gran prueba de fuego para un Gobierno determinado a capitalizar la independencia adquirida con la salida de la UE. Pero una cadena de eventualidades, algunas fortuitas, otras provocadas, se ha encargado de complicar el encaje de unas cuentas que no podrán responder a la ambición inicial de Downing Street de relajar el manual de rectitud fiscal dominante en la última década.

Londres elude el establecimiento de la logística fronteriza y la UE descarta un pronto acuerdo por la falta de confianza

Brexit

El Reino Unido y la UE despliegan esta jornada una impostada normalidad al fin de la primera ronda de conversaciones para definir su futura relación, pero la desconfianza ante el desapego británico en el cumplimiento del protocolo irlandés amenaza con hacer descarrilar un diálogo lastrado ya por la falta de tiempo y la profunda brecha que separa sus aspiraciones.

Brexit

La cuidada coreografía ofrecida por el Reino Unido y la Unión Europea en la obertura de la negociación de su futura relación ha topado con el ritmo inesperado de la delegación británica, que aspira a una ruptura más dramática de lo anticipado. Si su contraparte comunitaria ha concurrido al arranque del proceso con el guión pactado en octubre, el mismo que había permitido desbloquear el divorcio, Londres ha hecho añicos los compromisos asumidos en cuestiones clave, como el alineamiento regulatorio, y ha dejado claro que la soberanía política, es decir, los simbolismos, pesan más que el beneficio económico.