Miguel Ángel Bernal

Miembro del Consejo Editorial de elEconomista

Hemos entrado en el último trimestre de este año y por desgracia las noticias sobre los rebrotes son muy preocupantes para la salud de las personas y para la economía de nuestro país. Hemos visto la caída enorme de nuestra actividad, medido como siempre por el PIB, a la cabeza con Reino Unido del desplome. La ciudadanía nota este derrumbe cuando se ven los datos de desempleo, por cierto maquillados. Sí maquillado, en esos no están contados los trabajadores sujetas a un ERTE, algo de lo que el INE advierte de forma destacada.

Nuevamente la banca se enfrentaba a un nuevo problema judicial, está vez el problema tenía que ver con el Índice de Referencia de los Prestamos Hipotecarios, IRPH. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, TJUE, abrió la posibilidad de reclamaciones por parte de los hipotecados en los tribunales españoles. La clave, según el TJUE, radicaba en si la justicia española consideraba este índice de referencia. Para ello nuestros jueces debían manifestarse si a pesar de ser un índice oficial ello no significaba, per se, que fuera transparente, algo que deben cumplir los índices.

El Gobierno ha remitido a Bruselas un proyecto inacabado de Presupuestos Generales del Estado para el próximo año. Adjetivizo “inacabado”, e insisto en ello, pues hay muchas partidas y cifras que no dicen de dónde van a salir los recursos. Además, lo remitido es más propio de un alumno de primer año de la carrera de Económicas que de un Ministerio de Hacienda.

La pandemia del Covid-19 ha afectado a todos los continentes del mundo incluido Europa. En Europa se esperaba que en verano remitieran los contagios, sin embargo no ha sido así, especialmente en nuestro país. Los repuntes en nuestro territorio nos llevan a ser los peores, sin embargo todo indica que en breve la situación española puede extenderse sobre el resto de países. Se comienza a hablar, no solo en nuestro país de restricciones de movilidad, cuarentenas e incluso confinamientos.

Antes del verano se venía hablando de movimientos de fusión en el mundo bancario alimentados por la situación por la que atraviesa el sector, rumores que durante esta semana se elevaron. Tanto el BCE como el Banco de España presionaban y empujaban a que las entidades llevaran a cabo estas fusiones. Las razones son ganar tamaño para generar sinergias con las que ahorrar costes, reducir estructura física y de personal, afrontar el desafío de la digitalización, lo que incide en nuevas pautas de comportamiento de los usuarios bancarios además de la llegada de competidores a los que responder. Se unía un nuevo ingrediente, la ralentización económica que ya se dejaba notar antes de la llegada del virus, se ha visto agudizada con las restricciones físicas a los ciudadanos lo que extiende nubarrones que apuntan a un incremento de la morosidad para el sector. Todo un conjunto de causas que esbozaba una tormenta perfecta sobre el sector. Por ello, muchos veíamos el pistoletazo de salida para nuevas fusiones.

La llegada de la pandemia ha golpeado fuertemente a Europa y no parece, a tenor de los recientes rebrotes, que el triste capítulo haya llegado a su final. Los países del sur, especialmente España e Italia, han sido los más castigados y sus economías se han visto y se verán fuertemente lastradas. Valga como prueba de mi comentario que en el Radar empresarial de Axesor se nos informa de que los concursos de acreedores se incrementaron un 154% durante el sexto mes del año. Los datos de paro son para temblar, más aún si tenemos en cuenta los Ertes que afectan a millones de ciudadanos.

Nadie en Europa esta vez podrá acusar a los países del sur de los problemas económicos ocasionados por la crisis del maldito virus. Recordemos que, en las anteriores turbulencias, los llamados países del norte hablaban mal y les echaban las culpas de sus problemas financieros, los de su sector bancario y público. A pesar de que el virus ha golpeado de forma tremenda a países como Francia, Reino Unido –en proceso de salida de la Unión Europea-, Bélgica y por supuesto a países del sur europeo, especialmente Italia y España; la cantinela de desprecio hacia los países del sur continúa.

Ayer la parte económica del gobierno, de forma sibilina y de tapadillo, una vez más ha corregido una de las falsedades vertidas en las últimas semanas, esta vez económica. La recuperación de la actividad que ellos decían en "V", y que casi ningún economista se creyó, es falsa. Ahora lo reconocen: la recuperación será semejante al logotipo de la multinacional americana Nike, es decir, un caída abrupta con una recuperación suave y prolongada en el tiempo. En efecto las previsiones para este años son de una caída de la actividad, del PIB, de un 9,2%, cifrando en el próximo ejercicio una recuperación 5,7%. Aún creyéndome el escenario del crecimiento previsto, que no me lo creo, en el año 2021 la recuperación sería un 40% inferior de la caída.

Una vez más las personas que ostentan el Poder Ejecutivo de esta nación son impropios de ostentarlo. Tenemos lo que las urnas, los ciudadanos han votado; posiblemente y sin saberlo la ruina de nuestro país. Los votantes han dejado nuestro destino a personas impropias de llamarse dirigentes. Nuevamente hoy hemos tenido una muestra de los rasgos de quienes dirigen nuestro destino político depositado en ese Ejecutivo frankestein: incompetencia, improvisación, superación por los acontecimientos, populismo, intentos de anclarse en las mentiras, arribismo y avaricia por el poder.

Tribuna

Salvo sorpresa de última hora, todo parece encarrilado para un Gobierno de coalición del PSOE con Podemos. Este posible Ejecutivo preocupa en el área económica, aún estando bajo la batuta, el diseño y el control de Nadia Calviño.