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El BCE baja los tipos de interés por primera vez en ocho años y confirma el despertar de la economía

 

El Banco Central Europeo (BCE) ha rebajado los tres tipos de interés clave en 25 puntos básicos, cumpliendo con el guion que había ido desvelando en los últimos meses. Esta es la primera rebaja del tipo principal desde 2016 (ocho años) y la primera rebaja de la tasa de depósito desde 2019 (cinco años). De este modo, el tipo interés de la tasa de depósito (donde los bancos aparcan su liquidez) se reduce hasta el 3,75%, mientras que el tipo principal de refinanciación (el tipo que se cobra a los bancos en las subastas semanales) cae al 4,25% y el tipo sobre la facilidad marginal de crédito (la ventanilla de emergencia) queda en el 4,5%, según reza el comunicado. Además, el BCE ha elevado la previsión de crecimiento en tres décimas, hasta el 0,9%, para 2024, y la inflación en dos décimas, hasta el 2,5% para este año.

El BCE ha decidido realizar este movimiento después de que la inflación se haya moderado con intensidad en los últimos meses. No obstante, este es un 'paso con pies de plomo', puesto la batalla contra la inflación aún no ha terminado. Sin ir más lejos, el último dato de inflación en la zona euro dio un pequeño susto al alza tras incrementarse hasta el 2,6% interanual en mayo. Todo ello con los salarios subiendo a un ritmo históricamente elevado.

Christine Lagarde, presidenta del banco central, ha ofrecido la habitual rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno. A lo largo de su comparecencia ha explicado la evolución de la economía de la zona euro y el futuro de los tipos de interés. También ha justificado por qué el banco central ha bajado los tipos de interés a la vez que se han elevado las previsiones de inflación. Y es que el BCE ha empezado a rebajar el precio del dinero justo cuando la economía ha comenzado a despertar de su letargo, como se puede ver en las propias previsiones del organismo.

Aunque existe justificación para el movimiento, esto genera un riesgo importante que el BCE debería tener en cuenta: flexibilizar las condiciones monetarias en un momento de expansión económica y con un mercado laboral muy tenso puede ser un acicate para la inflación.

Las previsiones del BCE destapan una economía más fuerte de lo esperado, tanto en crecimiento como en inflación: las últimas proyecciones de los expertos del Eurosistema para la inflación tanto general como subyacente se han revisado al alza para 2024 y 2025 en comparación con las proyecciones de marzo.

Los expertos consideran ahora que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,5% (frente al 2,3% de la previsión de marzo) en 2024, el 2,2% en 2025 y el 1,9% en 2026. Por otro lado, se espera que el crecimiento económico avance hasta el 0,9% (frente al 0,6% de marzo) en 2024, el 1,4% en 2025 y el 1,6% en 2026.

En cuanto al comunicado, los responsables del BCE han redactado unos párrafos, junto a la decisión, más duros que los que emitieron tras la reunión de abril, en la que quedó telegrafiado el recorte en junio. Si en el comunicado de abril se afirmaba que "la mayoría de los indicadores de inflación subyacente están remitiendo" y que "el crecimiento salarial se está moderando gradualmente", los datos más calientes conocidos en ambas variables han hecho que se modifique el mensaje. Aunque este comunicado admite que a la inflación subyacente ha disminuido, recuerda que "las presiones de los precios domésticos siguen siendo fuertes, ya que el crecimiento salarial es elevado".

Asimismo, si hace dos meses se decía que "sería conveniente reducir el nivel actual de restricción de la política monetaria", ahora se aboga por "continúa aplicando un enfoque dependiente de los datos y reunión por reunión para determinar el nivel y la duración adecuados de la restricción".

En este sentido, el BCE se compromete a "mantener los tipos de interés oficiales suficientemente restrictivos durante el tiempo que sea necesario" para alcanzar el objetivo del 2% de inflación.

Poco que celebrar en el BCE

"Es probable que las celebraciones por el recorte de tipos de 25 puntos básicos efectuado hoy por el BCE sean, en el mejor de los casos, moderadas, dado que la decisión estaba totalmente descontada por los mercados financieros y que los datos más recientes sobre inflación y salarios han rebajado las expectativas de un ciclo de relajación rápida. Además, las previsiones y declaraciones del banco son ligeramente hawkish", escribe Andrew Kenningham, analista de Capital Economics, en un comentario rápido tras la reunión.

La revisión al alza de las previsiones de inflación implica para el experto que "la futura senda de recortes de tipos podría ser algo más lenta de lo previsto". El economista también señala que el BCE ha sustituido en su comunicado el lenguaje de abril por uno más duro en el que habla de la inflación como la hacía el pasado septiembre.

En cuanto al programa de expansión cuantitativa (compra de bonos en el mercado secundario por parte del BCE) también se ha observado un movimiento más de halcón (defienden unos tipos más altos) que de paloma (prefieren una política monetaria más laxa), el banco central ha dado un paso más en el proceso de recorte de activos en su balance. Hasta ahora, el BCE estaba dejando vencer 15.000 millones de euros cada mes en la cartera de bonos que compró con el APP (Asset Purchase Program), recomprando el resto de vencimientos, algo que va a dejar de hacer a partir de ahora, y no recomprará ningún bono que venza entre los que compró en su día con ese programa de estímulos.

Por otro lado, da el pistoletazo de salida a hacer el mismo proceso con la cartera de deuda que compró durante la pandemia, bajo el paraguas del programa de emergencia, el PEPP. Desde julio, en adelante, el organismo irá dejando vencer, sin recomprarlos, 7.500 millones de euros todos los meses, y confirma que a final de año no recomprará ningún bono del PEPP que llegue a vencimiento.

Un debate presumiblemente caldeado

Se daba por hecho que el Banco Central Europeo abarataría hoy el dinero en un cuarto de punto (o lo que es lo mismo, 25 puntos básicos). "Estamos adoptando un enfoque prudente, que abogaría a favor de una reducción de 25 puntos básicos", anticipó el vicepresidente de la institución, Luis de Guindos, en una entrevista con Oberösterreichische Nachrichten publicada hace dos semanas. Sin embargo, el también exministro español rechazó dar pistas sobre qué pasará a partir de ahora con los tipos de interés. "Hay un enorme grado de incertidumbre. No hemos tomado ninguna decisión sobre el número de recortes de los tipos de interés ni sobre su magnitud. Veremos cómo evolucionan los datos económicos", declaró. Pero frente a su cautela, otros responsables del ente han aprovechado las últimas semanas para dejar claro cuáles son sus distintas posturas.

Pocos días antes, Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo (y, por tanto, del Consejo de Gobierno del BCE) mostró de forma clara su postura al respecto durante un discurso: "A la vista de los datos actuales, no parece justificada una bajada de tipos en julio. Deberíamos actuar con cautela", dijo en una entrevista con Nikkei. La alemana es parte de los halcones del organismo, es decir, de aquellos miembros que prefieren la política monetaria restrictiva (la que no estimula la economía: dinero caro, sin compras de activos, etc.) frente a la acomodaticia (la que sí estimula la actividad económica con tipos de interés bajos y amplias adquisiciones de bonos, entre otras medidas). Aquellos responsables que se decantan por este último tipo de políticas se denominan palomas en la jerga de los mercados.

"Después de tantos años de inflación muy alta y con unos riesgos de inflación que siguen inclinándose al alza, adelantar el proceso de relajación conllevaría el riesgo de una relajación prematura", argumentó Schnabel en sus recientes comentarios al diario japonés. En cambio, François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia y una paloma del BCE, le respondió la semana pasada de forma implícita: "¿Por qué deberíamos hacer eso, si tomamos la decisión, reunión tras reunión y basándonos en datos?", cuestionó en una entrevista a Boersen-Zeitung. "No digo que debamos comprometernos en julio, pero debemos mantener nuestra libertad", aseveró.

¿Y qué piensa el economista jefe del BCE? "La mejor forma de enmarcar el debate este año es que todavía necesitamos ser restrictivos durante todo el año", trasladó Philip R. Lane en una conversación reciente con Financial Times, en la que matizó: "Dentro de la zona restrictiva podemos movernos algo a la baja".

Por lo tanto, es más que probable que el debate de este jueves en la sede del BCE, en Fráncfort, haya sido intenso. Un motivo claro para pensarlo es que ha habido un banquero central díscolo que no quería bajar los tipos hoy. "¿Ha sido una decisión unánime? Sí, excepto por un gobernador", ha respondido Lagarde a una periodista. Por lo tanto, la decisión se ha tomado por mayoría absoluta, pero no por unanimidad en el Consejo de Gobierno, pese a la declaración de la presidenta.

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