Mariano Guindal

Periodista económico

Madrid está alarmado. Las luces de alarma han saltado y las sirenas han empezado a sonar. Los contagios están descontrolados y la situación sanitaria empeora por momentos. Cualquier parámetro que se utilice señala a la capital de España como el foco de la pandemia en Europa. Lo sensato sería que su presidenta Díaz Ayuso pidiera el Estado de Alarma al Gobierno de Pedro Sánchez para salvar vidas, pero no lo hará porque eso supone una humillación para ella y una catástrofe económica.

El 18 de diciembre del 2011 los entonces presidentes de La Caixa, Isidro Fainé, y de Bankia, Rodrigo Rato, se estrecharon la mano para sellar el acuerdo que acababan de alcanzar: la fusión de ambas cajas para crear el primer banco doméstico y tercero español, detrás del Santander y del BBVA.

La animadversión mutua que sienten Pablo Casado y Pedro Sánchez está asfixiando al país. Con su actitud están enfrentando a toda la sociedad, impidiendo los acuerdos que son imprescindibles para sacar a España de la gravísima crisis económica en que nos ha sumergido la pandemia.

En época de crisis el Gobierno es el culpable de cualquier problema que tengamos. Como dicen los italianos: “piove, ¡porco governo!”.

La destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del grupo parlamentario popular, no significa necesariamente que Pablo Casado haya dado un golpe de timón para centrar al partido. A pesar de lo que se ha dicho no se va a producir ni una nueva etapa, ni se va a hacer nada que no estuviese previsto hacer en julio.

Cada vez que Pedro Sánchez trata de levantar el vuelo tiene a cientos de escopetas apuntándole, como si fuera un pichón. La derecha patriótica y sus aparatos mediáticos no le dejan respirar. La última ha sido por coger unos días de vacaciones. ¿Cómo se atreve, con la que está cayendo? Se difunden fotografías con su cara sonriente. Puede gustar o no lo que hace, pero nadie le puede acusar al presidente de no trabajar. Después de un semestre tremendamente estresante, parece lógico que se tome unos días de descanso. Que recargue pilas y regrese de refresco para afrontar lo que le viene encima.

España es una monarquía sin monárquicos. Antes la mayoría éramos "juancarlistas", ya no lo somos y, como siga así la derecha conservadora, acabaremos siendo republicanos. No se puede asociar el "juancarlismo" con la democracia ni ésta con la corrupción.

Opinión

Cataluña no ha estado presente en la toma de decisiones para la reconstrucción. Así lo ha decidido el presidente Quim Torra, quien ha preferido quedarse al margen de la conferencia de presidentes autonómicos presidida por el Rey en La Rioja. Ha optado por convertirse en el sátrapa que destruyó su tierra.

Pablo Casado fracasó en su intento de hacer caer al Gobierno social-comunista con la gestión de la pandemia y todo hace pensar que va a pasar lo mismo con el intento de derrocarle con la crisis económica. Las ayudas europeas aprobada bajo los auspicios de Alemania y Francia hacen pensar que hay Gobierno para rato. Nos guste o no, será el encargado de gestionar el Plan de Reconstrucción. El argumento de que las condiciones impuestas por Europa no son armonizables con Pablo Iglesias en el Gobierno parece responder más a un deseo que a una realidad. Y, como se ha puesto de manifiesto en la película de Steven Soderbergh, Contagio (2011) la realidad siempre supera a la ficción.

Está aprovechando Pedro Sánchez los escándalos de corrupción que rodean a Juan Carlos I para terminar con la monarquía como le acusa la oposición? Hay opiniones para todos los gustos, pero en las esferas del poder se opina exactamente lo contrario. El presidente del gobierno está haciendo auténticos equilibrios malabares para salvar la institución y evitar que los escándalos del Rey Emérito no terminen salpicando a Felipe VI.