Mariano Guindal

Periodista económico
Análisis

La economía de Cataluña ha entrado en un claro declive como consecuencia del proceso independentista que ha enfrentado a la sociedad catalana y la ha dividido por la mitad. Todos los datos indican que desde la Gran Recesión de 2009 la situación no va bien. Desde el referéndum ilegal para la secesión del 1 de octubre de 2017 cerca de 6.000 empresas han trasladado su sede a otros territorios, fundamentalmente en Madrid, que le ha tomado el relevo como motor económico de España.

El retraso en la vacunación por falta de suministros podría llevar a Europa a una segunda recesión en el primer semestre de 2021. Todos los indicadores apuntan en la misma dirección. La tercera ola, los rebrotes y las fuertes restricciones están provocando una fuerte paralización del consumo y del sector servicios en los países de la eurozona. No hay que olvidar que la Europa del euro recibe la mitad de los turistas que se mueven por el mundo y aportan todos los años 600.000 millones de dólares.

El vicepresidente Pablo Iglesias se ha convertido en el principal hándicap del Gobierno de Pedro Sánchez. Como dice mi amigo Javier Ayuso, es el auténtico caballo de Troya del ejecutivo. No lo disimula, lo ha dicho siempre que ha tenido ocasión. Su objetivo es entrar en las instituciones para destruirlas desde dentro. No cree en el sistema constitucional que los españoles nos dimos con la aprobación de la Constitución de 1978, quiere cambiarlo y establecer una república popular.

Como en la película de Clint Eastwood "Sin perdón" (1992) las autoridades que defendieron "salvar la Navidad" sin reparar en el precio que habría que pagar por ello no tienen perdón de Dios. No solo hemos pagado por ello un precio en vidas humanas y sufrimiento de miles de familias, sino que han hundido las expectativas económicas para los próximos meses. Que se vaya despidiendo el sector turístico de la campaña de Semana Santa y sobre la del verano ya veremos lo que ocurre.

Casi siempre la realidad supera a la ficción, pero el final de Donald Trump parece sacado de un telefilm de "serie B". Instigar a un grupo de violentos mafiosos disfrazados de vikingos a asaltar el Capitolio de los EE.UU. recordaba la película de Don Coscarelli, "El señor de las bestias" (1982). Y lo más alucinante de todo es que se despidiera de ellos en vivo y en directo con un: "os queremos".

La falta de consenso entre Gobierno y oposición ha llegado al paroxismo de enfrentarse por el proceso de vacunación iniciado en España. Lo que en principio es una gran noticia, probablemente la mejor del año, se ha convertido en una serie de agravios y reproches.

Emilio Martínez Lázaro en 1994 rodó una comedia titulada "Los peores años de nuestra vida". Quién nos iba a decir que éstos sería el 2020 y quién sabe si también 2021, que por supuesto no han tenido nada de divertidos.

Los enfrentamientos en el Gobierno de Pedro y Pablo se han convertido en algo tan clamoroso y habitual que recuerda a la película que en 1959 rodó Rafael Gil “La Casa de la Troya” donde se cuenta la bronca que montaban un grupo de jóvenes juerguistas y gamberros en una pensión de estudiantes.

La actual crispación es insoportable. No es solamente la tensión que se vive en la política, sino también entre los amigos y la propia familia. Tal vez sean estos nueve meses de pandemia y crisis económica lo que nos está afectando sacando lo peor de nosotros. De lo que no hay dudas es que los medios de comunicación en general están contribuyendo de una manera decisiva, tal vez para tener más seguidores, en crear un clima asfixiante que recuerda al recreado por Arthur Penn en "La Jauría humana" (1966) magníficamente protagonizada por Marlon Brando.

Hay un dicho bastante cínico entre los periodistas que recomienda no permitir que la realidad te estropee un buen titular. Mis amigos conservadores están muy enfadados con mis últimas crónicas en las que describo un futuro menos terrible del que nos ha estado dibujando la derecha. Por esta razón me he esforzado en buscar todo tipo de argumentos para poder justificar la idea de que a Pedro Sánchez le crecen los enanos, como les gustaría leer. Pero lo cierto es que hay que esforzarse mucho para poder mantenerla.