Eduardo Olier

Miembro del Consejo Editorial de elEconomista

Seguramente, muchos dirigentes políticos actuales no hayan leído nada de Jean Jacques Rousseau. Incluso los habrá que no sepan siquiera quien es. Aunque, quizás, sea una de las referencias de los pocos comunistas ilustrados que van quedando en la política actual. Al igual que lo fue en su día para los más sanguinarios jacobinos de la Revolución Francesa como Louis de Saint-Just o Maximilien Robespierre, devotos seguidores de Rousseau, a quien ponían como un nuevo mesías de la humanidad. Sin embargo, hoy, en pleno siglo XXI, la política dominante, en su mediática modernidad, parece querer retrotraernos a los finales del siglo XVIII e imponer, con todos los medios a su alcance, las tesis del antiguo pensador.

OPINIÓN

Occidente sitúa el Océano Atlántico en el centro del mapamundi. Ese mapa lo dominan Europa y América. China y Japón están en un extremo, muy a la derecha. Así ha sido desde 1500 hasta hoy, desde que Juan de la Cosa hiciera el primer mapamundi para los Reyes Católicos. Aún hoy, en el siglo XXI, los europeos siguen manteniendo ese mapa, creyendo ser el centro del mundo en base a una supuesta superioridad moral e histórica.

Desde el 14 de marzo, los españoles tienen reducidos sus derechos fundamentales en aplicación del estado de alarma aprobado por el Parlamento de acuerdo con lo establecido en el artículo 116 de la Constitución española. España tenía entonces 4.231 contagiados y 121 fallecidos. Hoy, cuando esto se escribe, según los datos oficiales, se cuentan más de 200.000 contagios y los fallecimientos superan los 21.000.

Estados Unidos y China son las mayores economías del globo exceptuando a la Unión Europea, que no deja de ser la suma de las diferentes economías de sus miembros en un mercado común. En 2018, Estados Unidos representaba casi el 30% de la economía mundial, mientras que China estaba alrededor del 16%. Europa, sin estar integrada, tenía el 22%, aproximadamente. En el aspecto geopolítico, China y Estados Unidos son las dos mayores potencias del globo. Europa no cuenta. China domina el Sudeste Asiático, con la excepción de India, a quien tiene integrada en los BRICS con Rusia, Brasil y Sudáfrica. Mantiene también una importante alianza con Pakistán donde dispone del puerto de Gwadar en el Océano Índico que enlaza con el China-Pakistan Economic Corridor. Estados Unidos, con su errática política internacional, ha dejado de ser un país de dominio global, y los espacios, desde hace décadas, están siendo ocupados por China.

Decía el actual ministro de Justicia en un artículo publicado en un diario de tirada nacional que la “legislación de excepcionalidad española alarma, excepción y sitio?no supone una excepción del Estado de Derecho, ni una ruptura del orden constitucional, sino todo lo contrario (sic)”. Para los que no somos juristas y nos movemos en el ámbito de la racionalidad económica, este juego de palabras nos deja, como se dice vulgarmente, “en las cuerdas”. Tirando por elevación hay que recurrir al Libro V de la Metafísica de Aristóteles, donde el filósofo asegura que “es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo”. Sin embargo, para el ministro, si bien entiende que estamos en “estado de excepción”, su argumento va al revés. Para él: “alarma, excepción y sitio no es una excepción, sino todo lo contrario”. Lo que lleva a preguntarse cómo se ha podido pasar del “estado de alarma” aprobado por el Congreso de los Diputados de acuerdo con el artículo 116 (2) de la Constitución, al “estado de excepción” que se indica en el 116 (3), y llegar al “estado de sitio” del 116 (4); una pérdida de los derechos fundamentales de los españoles sin que se haya discutido nada en el Congreso de los Diputados. Un órgano institucional clave para asegurar las libertades que está mudo, aunque no económicamente mudo para sus componentes. Arcanos jurídicos que dejamos a expertos en temas constitucionales.

Últimos artículos de Opinión