Opinión

Del laboratorio a la mesa

La modernización básica para asegurar la alimentación global en un entorno difícil por la guerra en Ucrania

Los desafíos globales de la actualidad, como la Covid-19, el aumento de la población, la crisis climática, el rápido desarrollo de las economías emergentes y la creciente inestabilidad en torno a la escasez de tierra, agua y energía revelan algunas de las presiones a las que está sujeto nuestro planeta.

Además, ahora el conflicto en Ucrania ha hecho saltar todas las alarmas. Las perturbaciones de la cadena de suministro y la logística de la producción de cereales y semillas oleaginosas de Ucrania y la Federación de Rusia, así como las restricciones a las exportaciones rusas, tendrán importantes repercusiones para la seguridad alimentaria. Esto es especialmente cierto en el caso de unos 50 países que obtienen el 30% o más de su suministro de trigo de la Federación de Rusia y Ucrania.

Es en este escenario donde la ciencia y la innovación desempeñan un papel crítico y han de guiar a los gobiernos en la toma de decisiones. Es por tanto con orgullo que nos embarcamos ahora en la primera estrategia de ciencia e innovación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un elemento muy necesario en el marco estratégico de la agencia para el periodo 2022-2031, en el cual se han identificado la ciencia, la tecnología y la innovación como palancas de transformación con un enorme potencial, en particular las tecnologías emergentes, considerando la innovación y el desarrollo como un motor central para lograr un mundo libre de hambre y desnutrición.

Nuestro objetivo es que la estrategia fortalezca la base científica y empírica de las intervenciones técnicas y la orientación normativa de la FAO y, por lo tanto, mejore su trabajo al convertir la ciencia y la innovación en herramientas para el desarrollo, proporcionando orientación, coherencia y alineación en toda la Organización y a los países miembros en materia de ciencia e innovación. Asimismo, nuestro objetivo es promover el acceso y la asequibilidad de las tecnologías y las innovaciones, asegurando la inclusión y sin dejar a nadie atrás.

El vínculo entre ciencia y políticas ha de verse reforzado en todos los niveles de nuestra sociedad y a lo largo de toda la cadena, desde el productor hasta el consumidor final, para que sus beneficios puedan llegar hasta nuestras mesas. Ha llegado la hora de la ciencia, que tiene que salir del laboratorio y de las instituciones académicas, para asistir a los gobiernos locales y nacionales, así como a las organizaciones internacionales, en la elaboración de las políticas, una tarea compleja que cada vez más ha de fundarse en el conocimiento técnico y en la innovación.

Para ello, es fundamental que los procesos sean trasparentes e inclusivos, enmarcados en foros oficiales y reglados para que el asesoramiento de los científicos en la elaboración de políticas públicas sea institucionalizado, independiente y abierto, de forma que el conocimiento científico se incorpore legítimamente en la toma de decisiones.

Hay distintos foros a nivel internacional gracias a los cuales la ciencia informa y da forma a la política. Uno de los más importantes en el sector agroalimentario es el Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición, en inglés el High Level Panel of Experts (GANESAN o HLPE, por sus siglas en inglés), interfaz entre ciencia y política del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de las Naciones Unidas, plataforma intergubernamental internacional presidida por el Embajador de España en Misión Especial para la Seguridad Alimentaria, Gabriel Ferrero y apoyada por la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

El Grupo de Expertos de Alto Nivel elabora sus estudios mediante un proceso científico, transparente e inclusivo. Sus estudios son el resultado de un diálogo continuo entre los expertos del Grupo y una amplia gama de partes interesadas (públicas, privadas o de la sociedad civil), combinando diferentes formas de conocimiento y construyendo puentes entre regiones y países, entre diversas disciplinas científicas y antecedentes profesionales, sobre temas novedosos y necesarios, como la agroecología, la integración de los jóvenes, las distintas dimensiones de los sistemas alimentarios o, como es el caso del próximo informe que se publicará en verano, las herramientas de recopilación y análisis de datos para la seguridad alimentaria y la nutrición.

En tiempos difíciles, en los que la seguridad alimentaria y el bienestar general de la sociedad dependen de complejas interacciones y dinámicas globales, y en los cuales el desarrollo tecnológico y la innovación avanzan rápidamente, el conocimiento científico tiene que guiar a políticos y legisladores.

Esto supone superar varias barreras. En primer lugar, el mundo de la ciencia y el de la política hablan idiomas diferentes; se ha hecho un gran esfuerzo en términos de divulgación y simplificación del lenguaje, para que los conocimientos y descubrimientos científicos pudieran salir de los laboratorios, pero hay que seguir trabajando en este sentido para descifrar la ciencia y acercarla al mundo de la política. En segundo lugar, los tiempos que se manejan son muy distintos: los políticos responden a unos tiempos electorales que no sirven para abordar los desafíos hodiernos. Es importante que el compromiso ante la ciudadanía incluya soluciones a medio y largo plazo, como las que se necesitan para alimentar a la población mundial, presente y futura, y garantizar el bienestar de la población y la sostenibilidad para nuestro planeta.

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