Ex dirigente del PSOE y profesor del Grado en Administración y Dirección de Empresas de VIU-Universidad Internacional de Valencia

Desde la caída del Sistema Monetario Internacional en 1975, hemos vivido ocho crisis mundiales, una cada seis años de media. Es una de las consecuencias de la globalización. Bien podríamos decir que vivimos en crisis permanente con cortos periodos de recuperación.

Hasta hace unas semanas, todos los indicadores apuntaban a que la guerra fría del siglo XX, militar y política, se había mutado en el nuevo siglo en una de tipo tecnológico y económico en el que los protagonistas ya no eran EEUU y la extinta URSS, sino EEUU y China luchando por la hegemonía. El ataque ruso a Ucrania ha dibujado un nuevo tablero geopolítico mundial.

Si hay un tema clásico que suscita opiniones enfrentadas es el de cualquier reforma laboral porque se entrelazan análisis económicos, jurídicos y políticos.

Hay dos contextos en los que un gobierno puede aprobar las cuentas: cuando hay estabilidad parlamentaria y cuando es rehén de los apoyos que necesita para sacarlos adelante. Las cuentas de Sánchez han salido gracias a un ejercicio de malabarismo en la que las cesiones a los grupos políticos de interés han marcado su aprobación.

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