Opinión

¿Camino de la estanflación?

La inflación va remitiendo a costa del crecimiento económico. Esa podría ser la primera lectura que se obtiene una vez conocido el dato de crecimiento del IPC para el mes de octubre, que ha resultado 3,7 puntos por debajo del que obtuvo en el mes de julio, fecha en la que alcanzó su valor máximo.

El dato, una inflación de 7,3%, supone la tercera bajada consecutiva en la medición mensual de la tasa interanual. Parece que la política monetaria, consistente en hacer caer la demanda para lograr bajadas en los precios de los productos, empieza a dar resultados.

Mes a mes, el BCE observa con mucha atención la evolución del IPC para actuar sobre el tipo de interés. Recientemente, ha elevado el tipo en 75 puntos básicos, el efecto previsto de esta medida es una nueva caída en el crecimiento.

Si es suficiente o no para que la inflación recorra una senda hasta llegar al 2%, que es el objetivo de la autoridad monetaria, se verá en las próximas mediciones. En caso de que el comportamiento mantenga la línea de los últimos tres meses, las subidas que aplicará el Banco Central serán moderadas, si, por el contrario, la inflación repunta, la autoridad monetaria será más drástica.

Pero hay varias incógnitas que siguen inundando de incertidumbre a los inversores, ya que el dato de inflación conocido el pasado viernes no tiene porqué marcar un camino inequívoco de subida de los precios.

La caída de los precios de la electricidad y, en menor medida al precio del gas, son las causas del descenso en la tasa de crecimiento del IPC, pero, en parte, podría deberse a que estamos viviendo un otoño excepcionalmente cálido y esto afecta al consumo energético de los hogares.

Si bien la evolución podría ser diferente con una estación más fría, también es necesario observar la tendencia del precio del gas. Rusia no está dispuesto a ponérselo fácil a Europa y la dependencia de la industria alemana respecto al gas ruso es conocida, cuestión que podría afectar a la tasa de inflación.

Por otra parte, debe entrar en la ecuación el dato de la inflación subyacente, este indicador elimina del cómputo elementos más volátiles como los productos energéticos o los alimentos sin elaborar. Se ha mantenido constante en el 6,2%, dato que no es bueno porque hace evidente la resistencia que ofrecen los precios.

El crecimiento económico previsto por el gobierno para 2022, 4,4%, pone de manifiesto una fuerte desaceleración en el tercer y cuarto trimestre del año. Será muy importante el dato del último trimestre porque marcará la evolución de 2023.

La decisión que tomó el BCE repercutirá en los datos de consumo de los hogares y la inversión empresarial pudiendo situar en un crecimiento negativo a la economía española.

Los hogares ya lo han empezado a notar. Las familias han tirado de los ahorros generados en la pandemia, pero las rentas más humildes, que no pudieron generar este colchón, son las más expuestas porque su renta disponible ha sufrido un buen mordisco.

La inflación devora el ahorro y la subida de las hipotecas y los préstamos personales hace el resto. Por ejemplo, un consumidor medio habrá visto como se actualiza el pago de su hipoteca con una subida en torno a 225 euros más cada mes de media, es decir, 2.621 euros más al año. Después de la subida de tipos del día 27 de octubre, será aún peor para su bolsillo.

El aspecto positivo de la subida de tipos es para los que tengan más dinero, que verán como los bancos les ofrecerán más rentabilidad por sus depósitos.

Desde un punto de vista global, Europa tiene la peor coyuntura. La economía estadounidense ha remontado después de seis meses de retroceso, creciendo el 2,6% el tercer cuarto del año. La otra gran economía China, aunque tampoco está en su mejor momento, ha logrado crecer el 3,9%, dato sensiblemente mejor que los anteriores.

En definitiva, la incertidumbre y el temor a la estanflación son las dos características del momento. La medicina para controlar la inflación está produciendo problemas en el crecimiento económico, las previsiones de recesión son cada vez más compartidas, pero su duración y consecuencias dependerán no solo de la eficacia del BCE sino de las consecuencias de la guerra de Ucrania.

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