José María Triper

Periodista económico

Dice la sabiduría popular, recordando la historia que cuenta Plutarco en sus Vidas Paralelas, que la mujer del César no sólo debe ser honesta sino también parecerlo. Y, sin entrar en el fondo de la honestidad real, o no, de la señora Dolores Delgado, si parece claro que a tenor de sus actuaciones desde que está al frente de la Fiscalía del Estado su apariencia de honestidad es manifiestamente cuestionable, y en muchos casos censurable, hasta el punto de que las sospechas han contaminado a la propia institución.

Valga el título de la laureada película de Francis Ford Coppola, el apocalipsis ahora, para describir la situación real de una economía española que, empujada por el imparable crecimiento de los rebrotes de la COVID, se precipita aceleradamente hacia el abismo. Una economía que con los datos del último informe de la Fundación de Cajas de Ahorro (FUNCAS), corroborado un día después casi textualmente por el Banco de España, venía a confirmar el doble sentido que la historia y los lingüistas dan a la palabra apocalipsis: el de revelación y el de "situación catastrófica que evoca la imagen de la destrucción total", como la describe la Real Academia de la Lengua.

En el PP “nos crecen los enanos, pero el problema es que somos nosotros quienes les alimentamos para que crezcan”. Con estas palabras, tan definitorias como rotundas, explicaba un exdirigente popular la trayectoria de un partido que parece condenado a ver como cuando más apurados están Sánchez y sus socios de gobierno, acorralados por las investigaciones judiciales y el desgaste de su pésima gestión de la economía y la pandemia, siempre aparece un nuevo escándalo de corrupción o de confrontación, que les coloca en el ojo del huracán público y mediático, mientras difumina los escándalos y la incompetencia del inquilino de la Moncloa y sus mariachis.

Si Inés Arrimadas y sus Ciudadanos tenían alguna duda sobre la deslealtad, la falta de principios y la falsedad de Pedro Sánchez, pudieron comprobarlo en sus propias carnes durante la última sesión de control en el Congreso, en la que el mismo Presidente del Gobierno que les exige, no les pide, su apoyo a unos Presupuestos que aún no existen, les vejaba y despreciaba equiparándoles a la derecha extrema, mientras se rendía a los cantos de sirena de Rufián y se echaba una vez más en brazos de los independentistas y los enemigos de España. Todo ello después haber rendido pleitesía a Bildu lamentando el suicidio de un terrorista de ETA, cuando es incapaz de condenar las muertes y las agresiones físicas y verbales a los policías y guardias civiles en actos de servicio a los ciudadanos y al Estado.

A Pablo Iglesias "ya no le consultan ni los menús de los aperitivos en Moncloa". De esta forma ironizaba un destacado dirigente del PSOE cuando se le inquiría sobre por qué Sánchez no había informado a su vicepresidente segundo sobre la fusión entre Bankia y CaixaBank. Una operación mercantil que en la sede socialista de Ferraz interpretan como una "bofetada política" al todavía líder podemita y a sus aspiraciones de controlar una banca pública, al estilo de los regímenes totalitarios.

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