José María Triper

Periodista económico

Cuenta la película de Harold Ramis las peripecias de un arrogante reportero de televisión que mientras cubre el evento anual del Día de la Marmota en una localidad de Pennsylvania, se encuentra atrapado en un ciclo de tiempo, repitiendo el mismo día una y otra vez. Pues algo similar parece estar sucediendo con las encuestas electorales y la intención de los votantes en España, que tras un año de gobierno de la coalición socialcomunista y con un Ejecutivo hecho para la propaganda y sin capacidad demostrada para gestionar los graves problemas del país, siguen reincidiendo casi milimétricamente los mismos resultados que llevaron a Sánchez hasta La Moncloa.

Empresario de raza y "agradecido a la vida, que me ha dejado desarrollarme en lo que más me gusta que es la cultura, la poesía y el teatro". Enrique Cornejo acaba de ser nombrado presidente de honor de CEIM. Un reconocimiento que en la patronal madrileña solo había ostentado el añorado, por su calidad humana y empresarial, José Antonio Segurado.

Recurro por segunda vez en esta legislatura a esta frase que fue eje de la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 que le llevó a la Presidencia. Pero lo hago esta vez no en referencia a las grandes cifras macro, sino para aludir a la economía real, a las cosas de comer que diría el castizo, o de la luz para ir acorde con los tiempos.

No era una ficción. Las imágenes que transmitían las televisiones de todo el mundo en la tarde noche del día de Reyes no retrocedían a las del 11 de septiembre de 20 años antes, cuando el atentado contra las Torres Gemelas. Algo que parecía impensable e imposible, pero estaba ocurriendo. En la primera potencia y la primera democracia del mundo un grupo de fanáticos y radicales exaltados estaban asaltando el Capitolio respondiendo a la arenga de un todavía presidente que ni aceptaba su derrota electoral y que carente de cualquier ideología se ha convertido en el paradigma de ese populismo que es hoy el COVID que invade y amenaza a todas las democracias de Occidente.

El principio del fin o la crónica de una muerte anunciada. En una parte sustancial de la dirección y militancia de Ciudadanos lo tienen claro. El trasvase de Lorena Roldán a las filas del Partido Popular supone un paso casi definitivo para culminar el último fracaso en el intento de construir un partido de centro y liberal sólido en España, a semejanza de lo que existe en la mayoría de las democracias estables europeas y tras los sucesivos hundimientos de UCD, el CDS o UPyD. Este último con la inestimable colaboración de determinados poderes económicos que preferían a un Albert Rivera más dócil y menos beligerante.

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