José María Triper

Periodista económico

Anda el Gobierno engendrando decretos y medidas tan controvertidas como ineficaces para frenar la incontenible subida de los precios de la electricidad que este octubre van camino de marcar un nuevo máximo histórico, aunque de eso no hablaron los adoctrinados delegados socialistas en el éxtasis sanchista de Valencia. Y mientras ellos dan palos de ciego, en Italia Mario Draghi, otra vez Draghi, sin esperar a que la Unión Europea le resuelva la cuestión, ha abordado el problema con acciones concretas y directas para abaratar en un 40 por ciento el aumento de la tarifa de la luz y en un 30 por ciento la del gas, además de aprobar una inyección de fondos públicos de 4.200 millones en dos fases que hasta septiembre habían reducido el incremento del recibo de la luz a sólo un 9 por ciento cuando hasta junio crecía en torno al 20 por ciento.

Recurro al título de la popular canción de ese madrileño confeso, que no de nacimiento, que es Joaquín Sabina para ejercer mi derecho a objetar, con argumentos y no con falsedades, de esa campaña de madrileñofobia que abandera Pedro Sánchez. Una táctica de distracción que se utiliza también como cebo para tapar con globos sonda su incapacidad y la de sus barones, con los serviles “Timo” Puig y Luis Tudanca a la cabeza, para dar solución a los problemas reales del país como la subidas de la luz, el desempleo, la inflación desbocada, la crisis económica o sus descalabros en el caso Ghali, las cesiones a los independentistas, su irrelevancia en Europa y en el mundo o la pésima gestión de la pandemia que, entre otros asuntos, adornan el currículum del Ejecutivo y del sanchismo.

Si a alguien le quedaba aún alguna duda sobre el desprecio y la desconfianza que nuestros en teoría socios internacionales sienten hacia Sánchez, su gobierno y por ellos hacia España, no tiene más que repasar las actas de la Comisión de Exteriores del Senado de EEUU durante la vista de confirmación de Julissa Reynoso, la persona elegida por el Presidente Joe Biden para ser la embajadora en nuestro país.

Análisis

Sin disensiones y con el mínimo debate interno para que nada ni nadie enturbie el objetivo principal de apoteosis y ensalzamiento de Pedro Sánchez. Así están preparando en la sede socialista de Ferraz el 40 Congreso Federal del PSOE, que se celebra el próximo día 15 en Valencia y en el que los redactores de la ponencia marco, bajo el lema de Proyección hacia el Futuro, han fijado la justicia social, la sostenibilidad, el reto demográfico y el valor del socialismo como ejes de la nueva forma de hacer política de un partido que, en palabras de un veterano dirigente, "consumará la transformación del PSOE en el PSánchez", expresión con la que resume el espíritu de la ponencia cuando afirma que "tampoco estamos con la socialdemocracia vieja y en declive".

A Nadia Calviño se le está empezando a poner cara de Pedro Solbes, comentaba irónicamente un veterano socialista recordando el ostracismo al que la política, la historia y el PSOE enviaron al que fuera ministro de Economía de Rodríguez Zapatero, que se vio obligado a dimitir tras servir como felpudo útil de su jefe y ante el caso omiso y el menosprecio de este último cuando, arrepentido, intentó hacerle entender la gravedad de la crisis económica a la que se enfrentaba España y rectificar el rumbo de una política económica suicida.

Con los ecos de la Convención del Partido Popular aún resonando en los oídos y en la mente de la cúpula de Génova es indiscutible que Pablo Casado y su equipo han conseguido la unidad de todo el partido en torno al presidente y que sea indiscutible su candidatura a las próximas elecciones generales. Extremo este que, por otra parte, no estaba en cuestión.

Con nocturnidad y en el último minuto del descuento el Gobierno dio su brazo a torcer y firmaba el acuerdo para la quinta prórroga de los ERTE, cediendo a la mayor parte de las condiciones planteadas por la CEOE. Una prórroga que costará 1.200 millones y que permite garantizar la viabilidad de las empresas, muchas de ellas en riesgo extremo de desaparición y permite la continuidad de miles de puestos de trabajo.

A la espera de conocer cuál será finalmente la fórmula de gobierno en Alemania, probablemente el hecho más relevante de las elecciones alemanas de este domingo no sea la ruptura del bipartidismo con el consiguiente aumento de la inestabilidad, sino la retirada política de Ángela Merkel. La impulsora y artífice del Tratado de Lisboa que supuso la refundación de una Unión Europea que prácticamente no ha jugado ningún papel en la campaña de ninguno de los candidatos, y que se enfrenta, una vez más, a una encrucijada de incertidumbres sobre su reorganización y su futuro.

Mientras el presidente Pedro Sánchez y su adelantado, el ministro Albares, se esfuerzan en reivindicar en EE UU y ante los líderes empresariales de todo el mundo que ahora es el momento para invertir en España los analistas y los inversores extranjeros continúan mostrando su escepticismo y su preocupación sobre una recuperación que todavía es sólo repunte y por la deriva política del Gobierno socialcomunista al detectar una creciente falta de seguridad jurídica y la ausencia de compromiso con las reformas estructurales además de una escasa rentabilidad a largo plazo debido a la incapacidad de la economía para innovar.

He aquí el tinglado de la antigua farsa. La frase con que Jacinto Benavente inicia el acto primero de sus inmortales intereses creados sirve para definir lo que está ocurriendo con la llamada Mesa de Diálogo de Cataluña qué, a fuerza de antigua, insólita y sumamente larga está pasando de farsa a culebrón, y cuyo último episodio ha sido la exhibición de ingenuidad, ceguera o de docilidad demostrada por los barones territoriales del PSOE dando el beneplácito a esa negociación bilateral entre el Gobierno de España y la Generalitat de Cataluña sólo aceptando la palabra de Sánchez de que la Mesa no supondrá discriminación alguna hacia las otras autonomías del Estado.