José María Triper

Periodista económico

Como en la película de Curtis Hanson, convertida en paradigma de thriller con un psicópata amenazando el bienestar de una familia, esta cuna que es hoy la España de ese narcisista llamado Pedro Sánchez, la mecen no una sino dos manos, la izquierda de Pablo Iglesias y la de ERC que maneja el mando a distancia desde Cataluña.

Como si se tratara de un ensayo a la Europea de la ley Celaá de educación, Bruselas daba la semana pasada un aprobado general a los presupuestos de los países miembros de la UE, incluido el de España, que aprobó raspando y con una seria advertencia sobre la obligación de reducir la elevada deuda pública que ya supera el 114 por ciento del PIB pero que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertan ya de que se disparará hasta el 120 por ciento del PIB en los próximos meses, y hasta el 140 por ciento si se ejecutaran los avales del Estado.

Tarde, a la fuerza, sin soluciones y con el gobierno dividido. Así se presenta el ministro Marlaska en Marruecos, intentando frenar el recrudecimiento de una presión migratoria con dinero y claudicaciones como hiciera en su momento Rodríguez Zapatero quien, recordemos, apoyó el plan autonómico de Marruecos para el Sahara Occidental obviando las resoluciones de la ONU, y un mes después reconocía la soberanía marroquí sobre el caladero canario-saharaui.

En la sede de Ferraz y en la ejecutiva socialista los serviles súbditos de Sánchez los desprecian, se mofan de ellos y les tildan de "abuelos· y de "jubilados" que no tienen representación ni influencia territorial. Pero como reza el título de esa película de serie B, dirigida por George A.Romero, los que creían muertos parece que van empezar a despertarse.

Como decían del dictador Franco, ese al que tanto utiliza y cada día más se parece, Pedro Sánchez tiene atados y bien atados unos Presupuestos que, si el COVID y la recesión económica no se lo impiden, le garantizan la permanencia en el Gobierno al menos hasta el final de la legislatura, para lo cual no ha tenido escrúpulos de romper su palabra y sus promesas, una vez más, y blanquear a los herederos de los asesinos de ETA. Un partido como Bildu que, por boca de su diputado en el País Vasco Arkaitz Rodríguez, ya ha anunciado que vienen a Madrid a “tumbar definitivamente el régimen”.

Cuando se cumple un año de la hecatombe electoral de Ciudadanos y la dimisión consecuente de Albert Rivera, la pretendida recuperación del espacio y del electorado de centro, que fue el compromiso de Inés Arrimadas, no sólo parece una quimera, sino que ha derivado en un partido dividido y sin rumbo definido que “se disuelve como un azucarillo”, en palabras de un exdirigente del partido naranja, hoy a la expectativa de un destino que se va asemejando al azul Casado.

POLÍTICA

Pablo Casado y la dirección de Génova tienen muy claro que 2021 debe ser el año clave para el despegue electoral del Partido Popular y preparar el desalojo de La Moncloa de la coalición socialcomunista. Un objetivo para el que las actuaciones diseñadas por los estrategas del equipo del secretario general, Teodoro García Egea, se despliegan en dos frentes: el interno, mediante la celebración de congresos provinciales previos al congreso nacional; y el externo, dirigido a obtener el espaldarazo de los socios europeos y de unos empresarios españoles que todavía no terminan de verle como alternativa sólida y real al sanchismo imperante.

Dice mi admirado compañero y además amigo Juan Berga que en las elecciones presidenciales de Estados Unidos para ser realmente serias deberíamos votar también las colonias por lo mucho que nos afecta en el ámbito de la política y las relaciones internacionales y, especialmente, en la economía. Y, si eso sucediera, no cabe duda que, a pesar esa falta de empatía del aspirante demócrata, en España y en Europa el voto mayoritario sería para Biden, porque para nuestros intereses económicos sería bueno para Europa y bueno para España. Y aparentemente es así, ma non troppo.

Este Gobierno que presume de progresista y solidario entiende la solidaridad como dicen de la caridad bien entendida, que empieza por uno mismo. Y fieles a ese principio inspirador de su gestión política no han tenido reparos ni pudor para subirse el sueldo con premeditación y alevosía utilizando como subterfugio la mejora en las retribuciones de los funcionarios

"Abandonad toda esperanza”. Esta inscripción que Dante Alighieri nos cuenta en su Divina Comedia que se halla en las puertas del infierno, bien puede aplicarse hoy a la economía española. Porque si algo nos faltaba para dar la puntilla a esta economía nuestra agonizante era un estado de alarma propasado y un presupuesto del Estado irrealizable y mentiroso.