Periodista económico

Al final la cordura se impuso al despotismo, a la sensatez al sectarismo y al diálogo a la hostilidad de Yolanda Díaz y sus chicos de Trabajo. A la fuerza y degradados, dieron marcha atrás al ultimátum y se sometieron a negociar una reducción de la jornada laboral, sin plazos, con excepciones y periodos transitorios, como exigían no las empresas sino la lógica económica, el sentido democrático y el respeto al diálogo social.

Acorralado por los problemas judiciales de su esposa y de su hermano, por las presuntas corrupciones de su partido y su gobierno, por las divisiones internas en el Consejo de Ministros, los chantajes permanentes de sus socios parlamentarios y por la espada de Damocles del fracaso de Salvador Illa en Cataluña junto a la probable repetición de las elecciones autonómicas, Pedro Sánchez da un nuevo giro en su huida hacia adelante y nos amenaza con llevar al Congreso la próxima semana el torticeramente llamado Plan de Regeneración y Calidad Democrática que por lo que sabemos y lo que nos tememos, viendo los antecedentes y conociendo al personaje apunta a ser en realidad un plan de degeneración democrática.

Coincidiendo con los calores de julio, el gobierno anunciaba a bombo y platillo y como ejemplo de su política social, una rebaja del 21% al 10% en el IVA de la factura de la luz para mitigar la subida en el precio de la electricidad, que beneficiará a los consumidores domésticos pero no a las empresas.

El acuerdo entre el PSOE y el PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial traerá consecuencias. Resquebraja y siembra dudas y desconfianza en la coalición de gobierno y entre los socios de la mayoría parlamentaria de la investidura. Traerá consecuencias que veremos en su momento, más pronto que tarde.

Es sabido que en los regímenes democráticos donde impera el libre mercado la salud de la economía es directamente proporcional a la lozanía de sus empresas. Y si nos atenemos a este axioma debemos concluir que la economía española lejos de ir como un cohete muestra evidentes síntomas de enfermedad a la que los facultativos del Gobierno siguen aplicando el tratamiento equivocado.

Los precios de la cesta de la compra siguen disparados en vísperas de que expire la rebaja del IVA de los alimentos puesta en marcha por el gobierno hace año y medio. Como muestran los últimos datos del IPC, la cesta de la compra básica volvió a subir con fuerza en mayo, un 2,54% hasta situar el precio medio en 37,33 euros, un 24% más que cuando entró en vigor la medida en enero de 2023 y las previsiones de los expertos apuntan a que de retirarse la medida la inflación de los alimentos elaborados continuará subiendo un 4%.

Lo habíamos anunciado justo después de conocer los resultados de las elecciones catalanas. El precio a pagar a los independentistas para que Salvador Illa sea investido presidente de la Generalitat es la independencia fiscal.

Matar al mensajero es una frase metafórica que se refiere al acto de culpar a una persona que trae malas noticias en vez del autor de las mismas. Una práctica muy acostumbrada en casi todas las actividades humanas pero especialmente habitual y grave en la política. La tentación del poder de silenciar las voces críticas o contrarias a su gestión es un clásico de la pulsación totalitaria de muchos gobernantes, incluso en democracias. Y en estos momentos, aquí y ahora estamos asistiendo a una especie de reedición de la caza de brujas de McCarthy. Ese período de historia colectiva en el que muchos ciudadanos inocentes sufrieron persecución por simples sospechas y que constituye uno de los períodos más negros de la historia de los Estados Unidos en el Siglo XX.

Yoli se va, pero se queda. Que una cosa es dejar un poquito el liderazgo de un partido en fase de extinción y otra renunciar al sueldo de vicepresidenta del gobierno, a tener vivienda gratis, al glamour y a vestirse de Prada. Estos chicos de la progresía del caviar cuando pisan moqueta ya no bajan al terrazo.

Decíamos en las vísperas de la jornada de reflexión que la campaña de estos comicios europeos había sido un dèja vu de la que vivimos en las generales del 23 de julio, y esta misma expresión resulta igualmente válida para definir los resultados del 9-J. Un déja vu que nada o muy poco resuelve a nivel interno tal y como apuntaban las últimas encuestas que esta vez acertaron también todas, menos como es habitual el circo del CIS del servil Tezanos que pagamos todos.