Fernando P. Méndez

Miembro del Consejo Editorial de elEconomista

Creo que nadie duda de que catástrofes como la que estamos padeciendo requieren que todos contribuyamos a superarlas. El altruismo reciproco, uno de los mecanismos clave para la supervivencia, así lo exige. Sin restar importancia a las acciones individuales, el esfuerzo conjunto es la clave.

Nadie discute que estamos ante la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial e, incluso, desde la de 1929, la cual, junto con las consecuencias económicas y políticas del Tratado de París, que puso fin a la Gran Guerra, ya vaticinadas por Keynes, desembocó, precisamente, en la Segunda Guerra Mundial.

Tribuna

Recientemente se ha celebrado en Madrid la Cumbre del Clima que Chile no pudo celebrar debido a la intensa agitación social que embarga a ese país.

Tribuna

La coalición PSOE-PP –y, quizás, Cs- es la más deseada por la mayoría de los ciudadanos, los cuales, sin embargo, la consideran improbable si no imposible. Si es la más deseada, ¿por qué esa mayoría la considera altamente improbable? Dejando de lado que ya existe un preacuerdo con UP y que el PSOE está negociando con ERC, la respuesta se encuentra en aquella distracción verbal un tanto narcisista de J.-C. Juncker: "Los políticos sabemos lo que tenemos que hacer. El problema es que no sabemos cómo hacerlo sin perder las elecciones".

Tribuna

Los extremismos no son compatibles con la democracia porque esta exige el imperio de la ley mientras que los primeros admiten su vulneración como instrumento para alcanzar sus objetivos.

Fernando P. Méndez

Como colofón a esta serie de artículos sobre las propuestas en materia de arrendamientos de viviendas, me parece pertinente abordar una cuestión fundamental: ¿vivienda en propiedad o en alquiler? En realidad, debería referirme a otras formas de tenencia distintas de la propiedad -uso, habitación, propiedad superficiaria, enfitéutica, temporal, etc.-, pero, para simplificar, me referiré solo al alquiler.

Opinión

Es sabido que el fracaso forma parte del camino del éxito, si sabemos extraer sus enseñanzas. En tal caso, se convierte en una fuente de aprendizaje más fecunda que el propio éxito. ¿Estamos sabiendo extraer las enseñanzas del 1-O y de los acontecimientos que le siguieron? Esa secuencia de acontecimientos, desencadenada por unos lideres secesionistas arrogantes, populistas y autoritarios, fue la más grave crisis de nuestra democracia desde el 23-F. Nos va mucho, por tanto, en saber extraer las enseñanzas pertinentes. Me referiré a algunas de ellas.

Fernando P. Méndez

El Sr. Torra no se cansa de repetir que sus objetivos son: la implementación del mandato democrático del 1-O y la restauración de los daños producidos por la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

Fernando P. Méndez

Decía A. Oppenheimer que la "obsesión con el pasado" es un fenómeno característico de Iberoamérica y también de España. Yo matizaría que más que de obsesión con el pasado deberíamos hablar de recurso a una memoria selectiva del mismo para justificar posiciones políticas en el presente. Y, no solo eso, parece que buscamos en nuestro pasado colectivo una explicación que nos convierta en víctimas inocentes de la parte que no nos gusta del mismo, y que, al propio tiempo, no nos impida sentirnos legítimos herederos de la que consideramos su parte más gloriosa.

Fernando P. Méndez

A estas alturas, creo que nadie duda de que el señor Puigdemont no quiere referéndum: quiere, sencillamente, la secesión, incluso contra la voluntad de los ciudadanos catalanes, la cual debería respetar (no debe olvidarse que, en las últimas elecciones autonómicas, la mayoría no votó por opciones secesionistas y que en su programa no figuraba el referéndum, sino la independencia). La mascarada del pasado domingo es, sencillamente, una coartada para, cual chamán, generar una percepción colectiva de estar acudiendo a una celebración democrática que legitime sus designios. No ha habido tal: ni la Comisión de Venecia validó el proyecto de referéndum, ni la Comisión Europea ni los principales Estados de la UE le conceden la menor homologación democrática. Ni la participación ni el recuento ofrecen la menor fiabilidad. Cuestión distinta, e importante, es que el 1-O, al igual que otras manifestaciones anteriores, haya puesto de manifiesto que la independencia, en cuanto tal o como muestra de protesta contra determinadas políticas, concita un apoyo amplio, aunque no mayoritario. En realidad, estamos ante un ravage solo apto para creyentes , la inmensa mayoría de ellos ciudadanos de buena fe, con derecho, por lo demás, a ser secesionistas.