Opinión

¿Qué nos pasa en España?

  • El panorama internacional no parece augurar nada bueno
  • Mientras el plano interno es peor, pero se puede impedir

Hoy en día, las noticias, las conversaciones están llenas de pronósticos sombríos sobre el inmediato futuro que nos espera. Veamos.

En el panorama internacional: la pandemia, todavía no olvidada, la guerra de Ucrania, el cambio climático (¿En qué medida somos responsables del mismo?) y el incremento de la tensión entre los bloques capitaneados por Estados Unidos y China, no parecen augurar nada bueno.

En el plano interno es peor: el inesperado incremento del coste de la vida, la creciente dificultad (casi imposibilidad) de tener una vivienda, el protagonismo de una política cada día más polarizada, la inseguridad práctica del resultado electoral que nos hace temer una legislatura corta. El depender casi 50 millones de personas de la voluntad -o del capricho- de un prófugo de la Justicia por haber protagonizado un intento de golpe de Estado. El peligro - ¿Cada vez más inminente? -es el de caer al precipicio de la unidad nacional, destrozando la única Constitución de nuestra historia realizada por el acuerdo de todas las fuerzas políticas y refrendada por la inmensa mayoría del pueblo español. En definitiva: volver a las andadas, a ser un país de tercera, ir perdiendo progresivamente lo que tanto nos había costado adquirir: bienestar, seguridad, tranquilidad y … libertad (o mejor, libertades).

Pero esta deriva terrible se puede impedir. Tenemos fuerzas sobradas para hacerlo, pero quizás nos falta la seguridad en nosotros mismos, en nuestras fuerzas que perdimos con la aparición de la Leyenda Negra para ponerlas en práctica, para encauzarlas.

Lo que sucede es que el tiempo apremia.

Las reformas imprescindibles y urgentes son bien conocidas: modelo territorial, ley electoral, educación, nivel tecnológico, pensiones, etc.; casi todas ellas se resumen en una palabra: flexibilidad, es decir, eliminación de rigideces.

En efecto, a la vista está que vivimos una revolución tecnológica que afecta a todos los aspectos de nuestras vidas y que nos exige capacidad para adaptarnos a esos cambios y adaptarnos lo más rápidamente posible, como están haciendo otros países con los que tendremos -seguro- que lidiar en el futuro.

Nuestra sociedad civil está dando pruebas sobradas de su flexibilidad, de su capacidad de adaptación; sin embargo, la clase política en su afán de controlarlo todo (y lo está consiguiendo) es incapaz de adaptarse, pues cualquier innovación exige renuncias a las que no está dispuesta.

Lo que procede ahora es, a mi juicio, una doble misión.

En primer lugar, indagar las causas de esa pérdida de la confianza en nosotros mismos, de la autoestima para recuperar lo que los militares denominan "moral de victoria" o "voluntad de vencer" imprescindible para afrontar cualquier desafío y que nosotros tuvimos a raudales en el pasado, como demuestran hechos históricos como la Reconquista contra el poder hegemónico en aquél tiempo, el Islam, o la conquista y colonización de América, cuya colosal dimensión todavía no hemos calibrado, Leyenda Negra mediante.

La Leyenda Negra nos inculcó un sentimiento de culpabilidad que nos hacía -y nos hace- incapaces de considerarnos merecedores de cualquier éxito. Si empezamos a tenerlos -y los tenemos- es que la Leyenda Negra es falsa, al menos en esta consecuencia.

En segundo lugar, comenzar a realizar actuaciones de todo orden y, a ser posible, protagonizadas por la sociedad civil, para evitar toda idea de propaganda, y que contribuyan a mejorar la idea que tenemos de nosotros mismos.

Esto es lo que, con toda modestia, hacemos en la Fundación Transforma España, nacida hace 10 años, en la que muy pocas personas, tan pocas que se pueden contar con los dedos de una mano, pero con muchas ayudas desde los sectores más variados, y desde luego con las de nuestro patronos y con muy escasos recursos económicos, intentamos iniciar acciones que se dirijan a los objetivos arriba mencionados.

Nos centramos especialmente en el talento, pues consideramos que, en la actual circunstancia histórica, entrando en una extraordinaria revolución tecnológica sin precedente en la Historia, más allá de la Revolución Industrial (con todo lo que ésta supuso), la cualidad que distingue a los países que cuentan es el talento.

En otras situaciones históricas, lo que distinguía a los países era bien la extensión territorial, bien la magnitud de su población, bien la existencia de oro o de materia primas, últimamente el petróleo y el gas. Pero hoy en día y a mi juicio, el talento (biología más sistema educativo), es la piedra de toque para distinguir a los países importantes de los que no lo son y cuando un país es importante, lo es para su población.

En definitiva, crear talento, fomentarlo, remunerarlo adecuadamente, saber combinar los muy distintos tipos de talentos, incentivar la excelencia y el esfuerzo, son las palancas que en el mundo de hoy existen para mejorar un país y para aumentar la calidad de vida de sus ciudadanos y, por tanto, para contribuir a un mundo mejor.

Si a usted, querido lector le parece que lo dicho hasta ahora es razonable y quiere colaborar con nosotros diríjase a nosotros a través de la web de la fundación (www.ftransformaespana.es) especificando cómo le gustaría ayudarnos

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