Opinión

Golpe para la exportación española

Foto: Dreamstime

El indicador adelantado más fiable sobre el PIB europeo, el índice PMI, ofrece malas noticias en agosto, ya que tanto la industria como el sector servicios se contrajeron en la eurozona.

En consecuencia, no solo es ya posible vaticinar que la economía de la Unión Monetaria se contraerá, como mínimo, un 0,2% entre julio y septiembre.

Además, sobre esta base, los analistas temen que también se produzca otro descenso en el cuarto trimestre, lo que implicaría que la recesión que la eurozona evitó a principios de 2023 se materializará en el cierre de ejercicio.

No es en absoluto una predicción demasiado osada. Al contrario, se muestra coherente con los datos que ya ofreció el segundo trimestre, un período en el que el conjunto de los países del euro volvió a crecer, tras el parón sufrido entre enero y marzo, pero nueve economías entraron en negativo, mientras Alemania siguió sin superar los problemas que arrastra desde 2022.

A todo ellos se suma el hecho de que fenómenos como la todavía alta inflación, las alzas de los tipos del BCE, o incluso la desaceleración de China, tienen efectos retardados y, según los expertos, será en la segunda mitad de este ejercicio cuando aflore todo el impacto que han acumulado en la economía europea.

El panorama no es en absoluto halagüeño para la economía española, ya que su PIB lleva varios trimestres (descartando el paréntesis que ha supuesto el inicio de la temporada de verano) volando con el motor que le proporciona el sector exterior.

Si la eurozona, el principal destino de las ventas al exterior de nuestro país, se resiente, ni siquiera el buen comportamiento del turismo bastará para evitar un parón todavía más brusco de lo esperado en la economía española.

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