Andrew Sheng

Miembro distinguido del Asia Global Institute de la Universidad de Hong Kong y miembro del Consejo Asesor del PNUMA sobre Finanzas Sostenibles

Cada año, 400 millones de toneladas de metales pesados, lodos tóxicos y residuos industriales se vierten en nuestras vías fluviales. Al menos ocho millones de toneladas de plástico acaban en nuestros océanos. Unos 1.300 millones de toneladas de alimentos -alrededor de un tercio de todo lo que se produce- se pierden o se desperdician, mientras cientos de millones de personas pasan hambre. Nuestros océanos se sobreexplotan, nuestras tierras se degradan y la biodiversidad se erosiona rápidamente. Mientras tanto, los desastres naturales devastadores -inundaciones repentinas en Europa y China, incendios forestales en Estados Unidos y plagas de langostas en África y Oriente Medio- son cada vez más frecuentes.

Al perturbar las esferas económicas, sociales y geopolíticas interconectadas del mundo, la crisis del Covid-19 ha expuesto cuán frágiles e injustas son realmente las instituciones que las gobiernan. También ha puesto de relieve lo difícil que es abordar la fragilidad e inequidad sistémicas en medio de las crecientes amenazas a la seguridad nacional.

Mientras los gobiernos de todo el mundo se enfrentan a la terrible elección entre salvar vidas y proteger la economía, los indicadores ponen de relieve la intensidad del dilema. El desempleo se ha disparado, el comercio se ha desplomado y la economía mundial se enfrenta a su peor caída desde la Gran Depresión. Sólo hay una forma de limitar las consecuencias económicas de la pandemia: la cooperación chino-estadounidense.

El pasado octubre, el Informe de Seguridad Sanitaria Mundial de 2019 incluía una dura advertencia: "La seguridad sanitaria nacional es fundamentalmente débil en todo el mundo. Ningún país está totalmente preparado para epidemias o pandemias, y todos los países tienen importantes lagunas que abordar". Sólo un par de meses después, un nuevo coronavirus demostró la exactitud de la evaluación del informe.

Tribuna

El 1 de octubre, China celebró el 70 aniversario de su fundación con impresionantes desfiles para mostrar el extraordinario progreso que el país ha logrado bajo el liderazgo del Partido Comunista. Quedan por delante retos formidables. Pero el historial de China hasta ahora y los recursos de que dispone indican que puede estar a la altura de las circunstancias.

Tribuna

Desde que China recuperó la soberanía sobre Hong Kong el 1 de julio de 1997, la ciudad ha prosperado económicamente, pero se ha deteriorado políticamente. Ahora, una de las ciudades más ricas del mundo está rodeada de protestas, que han bloqueado las carreteras, paralizado el aeropuerto y, a veces, degenerado en violencia. Sin embargo, lejos de ser un problema exclusivamente chino, el caos actual debe ser visto como un indicador de los sistemas capitalistas que no abordan la desigualdad.

Tribuna de Opinión

Una vez que, tras la cumbre del G-20, parece abrirse una nueva tregua en la guerra comercial entre EEUU y China, vale la pena preguntar: ¿qué precio estaban realmente dispuestas a pagar las empresas ante lo que, hasta el sábado, parecía una escalada sin fin de las tensiones? El orden posterior a la Segunda Guerra Mundial se ha visto reforzado por tres redes superpuestas de intercambio global -comercio, inversión y finanzas, e información- en las que las multinacionales estadounidenses han desempeñado un papel destacado. En 2017, el comercio mundial de bienes y servicios ascendía a 46 billones de dólares, es decir, el 57 por ciento del PIB mundial. El volumen de negocios anual en divisas fue 22 veces mayor.

Opinión

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China se cerraron el 1 de marzo, después de lo cual se reanudó la guerra arancelaria bilateral, comenzando con un aumento del 10 por ciento al 25 por ciento de los productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Mientras que los mercados financieros mundiales fluctúan de forma desmesurada, los inversores parecen asumir que hay demasiado en juego para que los EEUU y China no logren llegar a un acuerdo. Su optimismo podría ser efímero.

opinión

En Washington se ha impuesto una opinión sobre China: Estados Unidos se enfrenta a un ladrón de propiedad intelectual autoritario y manipulador del comercio que representa una amenaza estratégica para la seguridad nacional y sus aliados, y por ello merece ser castigado. Pero el consenso es erróneo. De hecho, China merece reconocimiento por sus logros.

Andrew Sheng / Xiao Geng

En el 40º aniversario del lanzamiento de la "reforma y apertura" de China, el país está en camino de recuperar su estatus anterior como la economía más grande del mundo, habiendo hecho progresos sustanciales hacia la modernización de su sector agrícola, industria, sistemas de defensa y capacidades científicas. Pero hay cuatro grandes trampas por delante.