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Historia de la NBA, el imperio que revolucionó el deporte, el entretenimiento y la economía

  • Stern en los despachos y Jordan en la pista llevaron a la competición a una nueva dimensión en los 80
  • Negocia la venta de sus derechos de TV por una cifra récord de 76.000 millones de dólares
  • Todas las innovaciones están enfocadas en aumentar el espectáculo y maximizar los ingresos

Las finales de la NBA son uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo. Este curso baloncestístico termina con el enfrentamiento, al mejor de 7 partidos, entre los Boston Celtics de Tatum y los Dallas Mavericks de Luka Doncic. El cierre perfecto para una temporada muy importante para la liga, tanto a nivel deportivo, con la culminación del relevo generacional de las grandes estrellas; como a nivel económico, con la negociación del nuevo contrato de cesión de los derechos de televisión, que alcanzará cifras récord: 76.000 millones de dólares en 11 años.

La NBA está así recogiendo los frutos de su estrategia para maximizar los ingresos de la liga. En esa línea, por ejemplo, ha creado la Copa NBA, que se disputó por primera vez el pasado mes de diciembre, con un gran éxito de audiencia, tras el triunfo de Los Ángeles Lakers de Lebron James.

Pero para llegar a la cima del éxito empresarial y deportivo, la NBA tuvo un difícil recorrido, sobre todo en sus inicios. En su creación tenía que cohabitar con dos actores más protagonistas, como eran la ABL (American Basketball League) y NBL (National Basketball League), competeciones más consolidadas, pero con menos apoyo popular que los otros grandes deportes de Estados Unidos.

Final de la NBA
Primer partido de las finales de 2024, entre los Boston Celtics y los Dallas Mavericks. | Imagen: Reuters

El baloncesto, en los años cuarenta, no tenía el estatus actual. El deporte rey era el béisbol, seguido del fútbol americano. Ni siquiera era capaz de rivalizar con el hockey en verano. Además, el baloncesto tenía un elevado componente racial que generaba rechazo para convertirse en un espectáculo popular para todo el país.

Metas que en aquellos momentos ni siquiera se planteaba, pues aquella NBA embrionaria, conocida entonces como BAA, tenía que prosperar en su propio mercado. Era un recién nacido y, por tanto, los mejores equipos no estaban en su liga. Pero la famosa competición había llegado para quedarse. Las otras ligas no tenían algo indispensable para triunfar a lo grande: pabellones gigantes, dinero y tipos ambiciosos, propietarios de centros deportivos, que lograban llenar a duras penas. La temporada de hockey era corta y las grandes veladas de boxeo se contaban con los dedos.

Llámale fusión, llámale rescate

La solución que encontraron para crecer no era la más original, pero sí la más lógica: las dos ligas existentes terminaron fusionándose con la BAA, para dar origen a la NBA. Un proceso que después hemos visto replicado en numerosas ocasiones, por ejemplo con la FIBA y la actual Euroliga de baloncesto, que llegaron a tener dos campeones de Europa en 2001. Y quién sabe si lo volveremos a ver en el futuro, dependiendo de los caminos que sigan la Champions League de la UEFA y la Superliga.

Tampoco fue la última fusión que vivió el baloncesto estadounidense. Ni siquiera la más importante. Ese honor corresponde a la producida en 1976, entre la NBA y la ABA (American Basketball Association, que nació en 1967), que unieron sus fuerzas después de varios intentos de prueba y error. Empezaron a negociar en 1970, pero una demanda antimonopolio contra la NBA de Oscar Robertson, por aquel entonces el jefe del sindicato de jugadores, detuvo los acuerdos de fusión. Finalmente, la demanda de Robertson se resolvió en 1976, dando origen a las reglas de agencia libre, con lo que los jugadores por fin podrían elegir su destino con total libertad.

Como parte del acuerdo de fusión, la NBA acogió a su liga a cuatro de los seis equipos restantes de la ABA: Denver Nuggets, Indiana Pacers, New York Nets y San Antonio Spurs, además de estrellas de la talla de Julius Erving o George Gervin, los prototipos de los jugadores de la época donde reinaban los peinados a lo afro y la música disco. Otros nombres como Larry Brown, Artis Gilmore, Mack Calvin o David Thompson también destacaron. Con este movimiento, la NBA pasó a contar con 22 franquicias.

El modelo de negocio

En 1946, la BAA contaba tan solo con 11 franquicias, lejos de las 30 actuales: Boston Celtics, Chicago Stags, Cleveland Rebels, Detroit Falcons, New York Knickerbockers, Philadelphia Warriors, Pittsburgh Ironmen, Providence Steamrollers, St. Louis Bombers, Toronto Huskies y Washington Capitols. Casi al mismo tiempo, la competición asistió al cambio de franquicias a ciudades más grandes. Por ejemplo, los Hawks abandonaron el sur de Washington para mudarse a Milwaukee y más adelante a San Luis; los Royals de Rochester se movieron a Cincinnati; y los Pistons de Fort Wayne a Detroit.

¿Pero, de dónde salía el dinero? La esencia del negocio es la de un promotor que busca inversores para explotar el espectáculo. Para llegar a tener una franquicia es necesario que un grupo de inversores de una ciudad quiera establecer su equipo allí. Y después que la propia NBA, como liga privada que es, establezca los términos y condiciones para poder hacerlo. Para difícil creer que el viejo negocio del carromato que vaya de pueblo en pueblo para radicar mi business todavía funcione, pero funciona.

Una vez dado el beneplácito de la NBA y un pequeño desembolso, el propietario de la nueva franquicia podrá gestionarla a su manera, siempre y cuando respete el límite salarial de la competición para mantener un sistema igualado.

¿Dónde está el romanticismo?

Otro aspecto que desde el resto del mundo cuesta un poco entender, es que también se puede mover una franquicia de ciudad. No es una práctica rara, aunque requiere paciencia. Algunos de los factores que incitan al cambio son el tamaño y población de la ciudad, la localización geográfica, el valor mediático, el aforo del estadio, las garantías económicas... Pero, la primera condición es que alguna franquicia esté disponible, lo que no suele ocurrir.

Una de las últimas mudanzas ocurrió en 2004. Tras fracasar un acuerdo para construir un nuevo estadio en Nueva Jersey, los Yankee Nets vendieron la franquicia a un grupo liderado por el empresario Bruce Ratner, por 300 millones de dólares. Desde 2005, el nuevo hogar de los Nets ha sido Brooklyn.

En las cabezas europeas, estos movimientos son una herejía contra la tradición deportiva. Imaginar que los propietarios del mítico Liverpool, o del Manchester City, se ponen a buscar una nueva ciudad para el equipo provoca apoplejías. Por lo menos los aficionados reds tienen que estar tranquilos. Los dueños del equipo entienden un poco de lo que significa el arraigo y el amor por la camiseta. También son propietarios de los Boston Red Sox de béisbol y de los Pittsburgh Penguins de hockey, y no se les pasa por la cabeza una mudanza. El negocio de las franquicias supone en muchos casos hacer borrón y cuenta nueva, aunque nadie en su sano juicio se plantea que los Lakers, los Celtics o los Bulls puedan volar de sus pabellones. Pero es fácil que una mítica pareja de los noventa, como Gary Payton y Shawn Kemp, que le hicieron sudar la gota gorda al mismo Michael Jordan con los Seattle SuperSonics, se queden sin el honor de que les retiren las camisetas, porque su franquicia se mudó a Oklahoma.

Actualmente, la NBA está compuesta por 30 franquicias, repartidas por todo el territorio de los Estados Unidos, cuyo valor total supera los 70.000 millones de dólares, con unos ingresos anuales superiores a los 10.000 millones de dólares y unos ingresos por ventas de entradas de 1.154 millones de dólares.

Racismo y los cambios que revolucionaron el juego

En sus primeros años, la NBA tuvo que lidiar con un problema social, como fue el racismo. Conjuntos como el de Minneapolis Lakers mantuvieron su plantel sin negros hasta 1956, aunque seis años antes, en 1950, el entrenador Red Auerbach fue el responsable de que los Boston Celtics eligieran a Chuck Cooper en el draft, convirtiéndolo en el primer afroamericano en lograrlo. Ese mismo año, Earl Lloyd se convirtió en el primer negro en disputar un partido de la NBA.

Eran otros tiempos. Los blancos dominaban la competición desde todos los aspectos: eran el público mayoritario, los dueños de los estadios y de los equipos. Si eras negro, no tenías mucho que hacer más allá de jugar. Y tampoco había libertad en ese sentido: las plantillas eran predominantemente blancas y existía una regla no escrita que sólo se permitían dos afroamericanos por franquicia, por tanto, muchas estrellas se perdieron por culpa de la segregación racial.

Pero la NBA es sinónimo de adaptación a los nuevos tiempos. Mientras que en el fútbol del balón redondo, los mínimos cambios de reglamento son asumidos como un drama. El baloncesto estadounidense siempre ha estado dispuesto a introducir mejoras claves en el juego. El más importante puede que haya sido la introducción de los 24 segundos de posesión, gracias a la aportación de Danny Biasone, propietario de los Syracuse Nationals. Tras su aprobación, la temporada 54-55 fue la primera en la que se instauró la regla de los 24 segundos. Esa misma campaña, como muestra del bálsamo que la regla significó para el baloncesto, el promedio anotador por partido aumentó de 79,5 a 93,1 puntos y, cuatro años después era de 107. Gracias a esto, la competición fue ganando en interés y, por consiguiente, en espectáculo.

¡Triple!

Otras innovaciones son mucho más complicadas de aplicar. La gran revolución del basket llegó de la mano del triple. La ABA introdujo estos lanzamientos en 1968, pero la NBA aún esperó a 1979 para adoptarlo. La ABA era divertidísima, con un juego más físico, con más contacto y además más puntos. Y con la línea de 3, situada a 7,25 metros de la canasta, para ofrecer más variantes estratégicas. Además, la liga contaba con algunos talentos generacionales, como Julius Erving o Moses Malone.

La ABA solo tenía un problema: era un desastre financiero. Sus equipos podían llenar estadios y ser populares, pero el baloncesto se veía por la tele. Los derechos de emisión son los que mantienen los grandes sueldos, y ahí ganaba la NBA.

Triple de Ray Allen
Triple de Ray Allen en las finales de la NBA de 2013, considerada la canasta más importante del siglo.

Cuando en 1976 las dos ligas se fusionaron, la NBA asumió el espíritu de la ABA, además de sus principales jugadores, gran parte de sus reglas y las 4 franquicias comentadas: Nuggets, Pacers, Nets y Spurs. Coincide en el tiempo con la llegada a la liga de los primeros extraterrestres, Magic Johnson y Larry Bird.

Con el paso de los años, la importancia del triple se ha agrandado considerablemente, hasta el punto de que ya es el primer recurso a la hora de atacar a canasta, cuando antes era casi al revés. El tiempo dictará sentencia, pero es muy probable que en unos años vuelva a cambiar el guion de su modelo deportivo: los jugadores son más grandes, más fuertes, más rápidos... con lo que no es descartable un aumento de las dimensiones de las pistas, con el objetivo de ver una NBA más competitiva que la actual.

El partido de las estrellas

Detrás de todos los movimientos está la búsqueda del espectáculo, del entretenimiento, mayores audiencias y, por consiguiente, más ingresos. En esa línea se enmarca la creación del All Star. La idea del juego de las estrellas surgió en 1951, en una reunión entre el presidente de la NBA, Maurice Podoloff; el director de publicidad, Haskell Cohen; y el propietario de los Boston Celtics, Walter A. Brown. En un momento en el que el baloncesto vivía una grave crisis, después de un escándalo de apuestas en el baloncesto universitario.

Para recuperar la atención sobre la liga, proponen organizar un juego de exhibición con los mejores jugadores de la liga, siguiendo estela de la competición de béisbol. Y aunque no eran muy optimistas, los Celtics se comprometen a organizarlo en Boston, cubriendo todos los gastos y las pérdidas potenciales. No hizo falta, porque fue todo un éxito, atrayendo a más de 10.000 espectadores, el triple que la asistencia habitual a un partido.

Desde entonces, no ha dejado de evolucionar. Hoy, el All-Star Game se celebra en febrero, y es uno de los acontecimientos más esperados del año. Sigue enfrentando a los mejores jugadores, en este caso elegidos por los propios jugadores, los medios de comunicación y los aficionados.

Como buenos americanos, el objetivo principal es dar espectáculo, por eso también se ofrecen distintos concursos de habilidades, triples y mates. Desde su creación siempre se han disputado encuentros entre Conferencia Este y Conferencia Oeste, aunque en 2017, con motivo de la falta de emoción, la NBA decidió cambiar el formato en el cual se elegían por votación a los mejores 24 jugadores, siendo los dos más votados los capitanes que a la postre terminarían eligiendo quinteto. Precisamente, el All-Star Game 2024 volvió a la normalidad, con las dos Conferencias enfrentándose entre sí.

El hombre con traje y corbata que lo cambió todo

Pero si hay un año clave en el modelo de negocio y modelo deportivo de la NBA fue 1984. En ese año llegaron por medio del draft jugadores, superestrellas, como Michael Jordan, Hakeem Olajuwon, Charles Barkley y John Stockton. Pero en los despachos había otra estrella, David Stern, un desconocido para el gran público, que terminó llevando la NBA a otra dimensión, y se convirtió en el comisionado más admirado del deporte profesional de Estados Unidos. Un hombre con traje y corbata que lo cambió todo. El arquitecto de la NBA moderna.

Hasta su llegada, la liga arrastraba algún problemilla. Había equipos que no eran rentables, mientras que un puñado de jugadores estaban un poco descarriados. En sus 30 años al mando de la NBA, con un estilo autoritario y de tiburón financiero, Stern logró transformar a la NBA de un ente en plena crisis en una multinacional, con ingresos anuales cercanos a los 6.000 millones de dólares.

En su camino para conquistar el mundo, Stern no descartó a nadie que estuvo a su lado, buscando siempre la excelencia y que todos diesen lo mejor como profesionales y personas, mientras era implacable con los que se oponían a su gestión. De esta manera dio paso a una multinacional que enfocó como un negocio, que fue creciendo gracias a un habilidoso sistema de mercadotecnia en torno a superestrellas como Michael Jordan, Magic Johnson, Kobe Bryant, Shaquille O'Neal o LeBron James, entre otros.

Stern y Jordan
David Stern y Michael Jordan, durante la entrega de un trofeo.

Su gestión económica permitió que cuatro franquicias pasasen de estar del borde de la quiebra a superar el valor de mercado de más de 1.000 millones de dólares. Con él a los mandos de la nave nodriza, expandió la competición con siete nuevas franquicias: Miami Heat, Charlotte Hornets, Orlando Magic, Minnesota Timberwolves, Toronto Raptors, Vancouver Grizzlies -que después se trasladó a Memphis- y New Orleans Pelicans. Además, por primera vez se traspasaban las fronteras de los Estados Unidos con dos equipos canadienses.

"David tomó las riendas de la NBA en el peor momento de la liga. En el transcurso, marcó el comienzo de la era moderna de la NBA global. Lanzó innovadoras asociaciones de medios y marketing que han llevado el deporte a miles de millones de personas en todo el mundo", declaró Adam Silver, su sucesor como comisionado. Además, guio a la liga a través de tiempos turbulentos, y la convirtió en un fenómeno internacional, creando oportunidades que pocos podrían haber imaginado antes.

Límite salarial

De todos los logros alcanzados, el legado más importante de Stern fue la implantación de un férreo límite salarial en 1984, para potenciar la igualdad entre los equipos. Era una idea que se aplicó en la primera temporada de la prehistórica BAA, allá por 1940, pero solo estuvo vigente una temporada. El límite salarial es visto cómo la solución mágica para los seguidores de equipos más humildes y un deseo oculto para muchos directivos del Viejo Continente de casi cualquier deporte. Curiosamente, los fundadores tenían desde el principio este concepto muy claro, para que la competición fuera disputada.

En aquella primera temporada, la liga colocó el techo de gastos en sueldos en 55.000 dólares, con salarios que oscilaban entre los 4.000 y los 5.000 dólares. Como curiosidad, Tom King, una de las estrellas de la época, llegó a cobrar 16.500 dólares. ¿Era mucho? Pues seguro que un pastizal para un base que promedió 5 puntos en la temporada de 1946, aunque en realidad esa nómina agrupaba su trabajo como jugador, además de otras obligaciones administrativas y de despacho para los Detroit Falcons. ¿Se imaginan ahora, por ejemplo, a LeBron James o Kevin Durant en estas tesituras?

Stern recupera la idea, y la perfecciona. En esa temporada 84-85 fija un límite salarial de 3,6 millones de dólares por equipo, una cifra que está lejísimos de los 136 millones que pueden gastar hoy los equipos. La idea básica detrás de este movimiento es que las franquicias más ricas no puedan robar jugadores a los equipos más pobres. Ahora, a diferencia de otras ligas como la NFL o la NHL, el límite de la NBA es flexible, ya que permite ciertas excepciones a la norma, para que los equipos puedan mantener a sus jugadores franquicia.

La otra gran renovación de Stern fue el draft. El sistema de elección de nuevos jugadores ha sido desde el origen de la liga una de las claves para mantener el equilibrio en la competición. Aunque se creara en 1947, Stern decidió cambiar la manera en la que los equipos podían obtener los derechos de contrato de los novatos año a año, instaurando la lotería del draft. El objetivo era evitar estrategias poco éticas como el tanking, la táctica consistente en perder a propósito para tener más opciones de elegir a los mejores jugadores. Fue un movimiento clave para traer el equilibrio a la liga.

La permanencia de Stern en el cargo, la más larga entre todos los comisionados de ligas deportivas profesionales en Estados Unidos, hizo que la NBA se convirtiese también el modelo perfecto de la nueva globalización que se vive en el mundo, adelantándose más de una década a esa realidad. Cuando se retiró en enero del 2014, la NBA generó 5.500 millones de dólares en ingresos anuales, y los equipos tenían un valor promedio de 634 millones, mientras los jugadores promediaban 4 millones en salario anual, que actualmente supera los 8 millones de dólares.

Huelgas y cierres patronales

Su gestión fue implacable, incluso cuando tuvo que hacer frente a los cierres patronales o lockout, que terminó resolviendo con maestría. El más grave fue el de 1999, que redujo la temporada a 50 partidos. Fue el más largo de todos, con 204 días de bloque. Nunca estuvo tan parada la NBA. "Se necesita un milagro", rezaban los medios deportivos americanos durante esos meses de arduas negociaciones. Sobre la mesa había dos temas a tratar: la propuesta para rebajar los topes salariales y la escala de salarios de los novatos. Una negociación que implicó al propio Stern como a Billy Hunter, director del sindicato de jugadores.

Para cerrar ese acuerdo histórico también negociaron el endurecimiento de la política antidopaje, tras escándalos como los protagonizados por Chris Webber, Isaiah Rider, Allen Iverson y Marcus Camby por consumo de marihuana. "Algunos de nuestros jugadores nos decían: 'Aquí hay jugadores que vienen fumados a los entrenamientos'. Eso llevó a la liga a tomar medidas", confesó Stern durante una entrevista.

Sin embargo, años más tarde, en 2017, Stern, ya retirado, pidió que se "quite la marihuana de la lista de sustancias prohibidas" que la liga tiene en su reglamentación. "Creo que tenemos que cambiar el convenio colectivo y dejar hacer a cada uno lo que es legal en su estado", recalcó el propio Stern. Al final, los años han dado la razón al excomisionado, ya que en 2023 se acordó que la marihuana ya no sería motivo de sanción y pueden consumirla sin que tenga ninguna consecuencia. Esa postura fue un cambio en cómo Stern percibió la marihuana, particularmente como una forma de tratamiento médico para algunas condiciones.

El del 2011 fue el segundo lockout más largo de la historia de la NBA. Duró 161 días. En este caso, era hora de negociar un nuevo convenio colectivo con el reparto de beneficios, tope salarial e impuestos de lujo (el umbral salarial que las franquicias no deben superar cada curso si no quieren afrontar penalizaciones) como principales temas a tratar. Durante todo este tiempo, los jugadores no podían usar las instalaciones de las franquicias y tampoco negociar sus contratos. En cambio, sí podían fichar por equipos de otras ligas, como por ejemplo la ACB, que se benefició de las llegadas de Rudy Fernández (Real Madrid), Serge Ibaka (Real Madrid), Tiago Splitter (Valencia) o Goran Dragic (Caja Laboral). Este cierre patronal fue el último que se ha vivido y el último que dejó pérdidas económicas y de asistencia a los pabellones. Los primeros, sin la importancia de los dos anteriores, llegaron en 1995 (duró dos meses y medio) y 1996 (apenas duró unas horas).

Una NBA más global

La gestión tanto deportiva como económica de la NBA quedaba en stand by ante la muerte de Stern. Pero como bien dice el dicho, a rey muerto, rey puesto. Y le llegó el turno a Adam Silver, segundo de a bordo de Stern desde 2006, quien fue propuesto por unanimidad por los 30 propietarios de las franquicias NBA. Se trataba del quinto comisionado tras las aventuras de Maurice Podoloff (1946-1963), J. Walter Kennedy (1963-1975), Larry O'Brien (1975-1984) y el propio Stern (1984-2014).

Silver lo tuvo fácil, ya que tan solo tuvo que continuar el modelo de negocio de Stern, haciendo gala de la ya mítica frase deportiva de que lo que funciona, no se toca. Dentro de la expansión de la liga, el nuevo comisionado quiso ir más allá y globalizarla aún más si cabe. La NBA quiere llegar a todos sitios y es por eso por lo que en mayo de 2021 comenzó a disputarse la BAL (Basketball Africa League, una sociedad valorada en 1.000 millones de dólares) o encuentros en otros países como México, Londres o China.

En abril de 2023, Adam Silver y los jugadores de la NBA llegaron a un acuerdo para estructurar las bases de un nuevo convenio colectivo, el marco legal con el que trabajará la competición durante los próximos siete años, hasta el verano de 2030. En esta línea, introducirá modificaciones importantes que se notarán en el mercado de fichajes, en la competición o en los salarios de los jugadores.

Cifras de un negocio redondo

Tanto la NBA, como las otras cuatro grandes ligas de Estados Unidos, o la UEFA, han visto como sus franquicias o equipos han disparado su valor. En el caso del baloncesto, su valor se multiplicó por 8, según cálculos de la revista Forbes. Esto se ha logrado gracias a la presencia de cada vez más jugadores destacados, estructuras favorables a los inversores y activos mediáticos mucho más atractivos.

En la actualidad, el valor medio de las franquicias se acerca a los 3.850 millones de dólares, un 35% más que hace un año y un 75% si tomamos de referencia 2019. Por ejemplo, el empresario Robert Sarver compró los Phoenix Suns por 401 millones de dólares en 2004, una cifra récord en aquel momento. En 2022, tras numerosos escándalos, vendió el equipo al millonario Mat Ishbia por más de 4.000 millones. De nuevo, una cifra récord.

Otros casos destacados son los de los Milwaukee Bucks, adquirido por 550 millones en 2014, y vendido por 3.500 millones en 2023. Pero el ejemplo más extremo quizá sea el de los Golden State Warriors. El equipo de la Bahía de San Francisco fue comprado por 450 millones en 2010. Hoy, tras mudarse de Oakland a San Francisco, y sumar infinidad de éxitos deportivos, está valorado en más de 7.500 millones de dólares.

Como es lógico, el crecimiento del valor de las franquicias es directamente proporcional al salario de los jugadores, y también supera con creces los sueldos que se cobran en cualquier competición del mundo, convirtiendo a jugadores como LeBron James es milmillonarios. En la NBA, el salario medio supera ligeramente los 8 millones de dólares, duplicando los sueldos medios de la MLB, la Premier League, y ya no digamos la NFL, la NHL o la liga de fútbol española.

Y todo esto está sufragado, principalmente, por los derechos de televisión. Como decíamos al principio, está negociando un acuerdo con la NBC, la ESPN y Amazon valorado en más de 76.000 millones de dólares, lo que equivale a unos 7.000 por temporada, según adelanta el The Wall Street Journal. Una cifra que triplica el valor del anterior contrato, firmado en 2016 con Disney y TNT.

A pesar de que en los últimos meses ha habido muchas dudas sobre si la NBA iba a lograr un acuerdo tan beneficioso, hay varios aspectos que permiten entenderlo. Por un lado hay que tener en cuenta la inestable situación del mundo del entretenimiento, que desde la irrupción de las plataformas de streaming pisa terrenos pantanosos, y el deporte es de los pocos contenidos seguros y consistentes. Por otro, la NBA ofrece más de 1.200 partidos al año, rellenando muchas horas de parrilla. Y, por último, cuenta con una audiencia joven, que siempre es interesante para las empresas.

A su vez, la NBA también registra cifras récord en los ingresos por patrocinio. La temporada pasada alcanzó los 1.660 millones de dólares, lo que supone un ligero incremento respecto a la campaña anterior, y le acerca a los niveles de la NFL. Los acuerdos más importantes fueron los alcanzados por la propia competición con Sorare y Hisense, seguidos por los contratos de los Bulls con Motorola y los Spurs con Self Financial. También se han cerrado importantes acuerdos por las ventas de los naming rights de los pabellones, como el de Miami Heat con Kaseya, o Los Ángeles Lakers con Crypto.com.

Con todo, la NBA logra facturar más de 10.000 millones al año, una cifra que se verá superada con el nuevo contrato de televisión. Se trata de un éxito empresarial sin precedentes en el mundo del deporte, que además cuenta con la estabilidad que el modelo de franquicia lleva aparejado. Y ni el deporte, ni el negocio, dejan de evolucionar.

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