Xiao Geng

Director del IFF Institute, profesor de la Universidad de Hong Kong y miembro del Asia Global Institute de la Universidad de Hong Kong

Cada año, 400 millones de toneladas de metales pesados, lodos tóxicos y residuos industriales se vierten en nuestras vías fluviales. Al menos ocho millones de toneladas de plástico acaban en nuestros océanos. Unos 1.300 millones de toneladas de alimentos -alrededor de un tercio de todo lo que se produce- se pierden o se desperdician, mientras cientos de millones de personas pasan hambre. Nuestros océanos se sobreexplotan, nuestras tierras se degradan y la biodiversidad se erosiona rápidamente. Mientras tanto, los desastres naturales devastadores -inundaciones repentinas en Europa y China, incendios forestales en Estados Unidos y plagas de langostas en África y Oriente Medio- son cada vez más frecuentes.

Al perturbar las esferas económicas, sociales y geopolíticas interconectadas del mundo, la crisis del Covid-19 ha expuesto cuán frágiles e injustas son realmente las instituciones que las gobiernan. También ha puesto de relieve lo difícil que es abordar la fragilidad e inequidad sistémicas en medio de las crecientes amenazas a la seguridad nacional.

Mientras los gobiernos de todo el mundo se enfrentan a la terrible elección entre salvar vidas y proteger la economía, los indicadores ponen de relieve la intensidad del dilema. El desempleo se ha disparado, el comercio se ha desplomado y la economía mundial se enfrenta a su peor caída desde la Gran Depresión. Sólo hay una forma de limitar las consecuencias económicas de la pandemia: la cooperación chino-estadounidense.

El pasado octubre, el Informe de Seguridad Sanitaria Mundial de 2019 incluía una dura advertencia: "La seguridad sanitaria nacional es fundamentalmente débil en todo el mundo. Ningún país está totalmente preparado para epidemias o pandemias, y todos los países tienen importantes lagunas que abordar". Sólo un par de meses después, un nuevo coronavirus demostró la exactitud de la evaluación del informe.

Tribuna

El 1 de octubre, China celebró el 70 aniversario de su fundación con impresionantes desfiles para mostrar el extraordinario progreso que el país ha logrado bajo el liderazgo del Partido Comunista. Quedan por delante retos formidables. Pero el historial de China hasta ahora y los recursos de que dispone indican que puede estar a la altura de las circunstancias.

Opinión

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China se cerraron el 1 de marzo, después de lo cual se reanudó la guerra arancelaria bilateral, comenzando con un aumento del 10 por ciento al 25 por ciento de los productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Mientras que los mercados financieros mundiales fluctúan de forma desmesurada, los inversores parecen asumir que hay demasiado en juego para que los EEUU y China no logren llegar a un acuerdo. Su optimismo podría ser efímero.

opinión

En Washington se ha impuesto una opinión sobre China: Estados Unidos se enfrenta a un ladrón de propiedad intelectual autoritario y manipulador del comercio que representa una amenaza estratégica para la seguridad nacional y sus aliados, y por ello merece ser castigado. Pero el consenso es erróneo. De hecho, China merece reconocimiento por sus logros.

Andrew Sheng / Xiao Geng

En el 40º aniversario del lanzamiento de la "reforma y apertura" de China, el país está en camino de recuperar su estatus anterior como la economía más grande del mundo, habiendo hecho progresos sustanciales hacia la modernización de su sector agrícola, industria, sistemas de defensa y capacidades científicas. Pero hay cuatro grandes trampas por delante.

Opinión

El pasado mes de junio, The Economist lamentó que "Donald Trump está socavando el orden internacional basado en la ley", mientras busca "victorias a corto plazo para Estados Unidos" a costa de "daños a largo plazo para el mundo". Con la escalada de Trump en su guerra comercial con China, y con ambas partes que parecen estar preparándose para una competencia prolongada por el liderazgo tecnológico, la amenaza no hace más que aumentar.

Andrew Sheng/ Xiao Geng

El mundo tiene un problema de demanda, y lo está afrontando mal. En lugar de dejarse perjudicar por las políticas mal orientadas de otros países, China debe trabajar para crear su propia demanda haciendo pleno uso de su capacidad de experimentación política, planificación a largo plazo y toma de decisiones pragmáticas.