Opinión

¿Por qué esta vez sería necesario 'regalar dinero' a la gente para salir de la crisis?

  • La política fiscal y monetaria están siendo esterilizadas por la incertidumbre radical
  • Las familias necesitan certeza económica para volver a consumir
  • Sin certeza, la demanda continuará deprimida hasta que el virus desaparezca
Un helicóptero repartiendo billetes de euro. Alamy

Hasta la fecha, gobiernos y bancos centrales han hecho prácticamente todo lo posible por impulsar la economía tras el estallido de la crisis del covid-19. Sin embargo, el fuerte incremento del gasto público, apoyado por unos planes de estímulo monetario sin precedentes, no está siendo suficiente. Prueba de ello es que tras haber usado cientos de miles de millones de euros, la economía europea está al borde de caer en una doble recesión.

Si la inflación termina llegando, más que un problema, será consecuencia del éxito de la estrategia emprendida para resucitar a la economía. El consumo y la inversión volverán a circular y el dinero perseguirá bienes y servicios en lugar de activos financieros

Nadie sabe cuándo terminará esta pesadilla llamada covid-19. Esta indefinición (sanitaria y económica) genera grandes niveles de incertidumbre que están esterilizando, en parte, las políticas fiscales y monetarias de la banca central. Las familias no se atreven a gastar, mientras que las empresas, cada vez más endeudadas, no invierten en su expansión y luchan por no desaparecer (hasta las viables). Los créditos, los ertes o las ayudas no son suficientes en esta ocasión para reanimar la economía. Estas medidas temporales tienen fecha de caducidad y los créditos hay que devolverlos, lo que levanta un obstáculo para que el consumo y la inversión despierten y tiren de la economía. Esta crisis es diferente. Esta vez, las familias necesitan que el dinero les 'llueva del cielo' para volver a gastar, impulsando así los ingresos de las empresas para que, éstas a su vez, vuelvan a invertir: el 'helicóptero del dinero' tiene que despegar cuanto antes.

Es cierto que las acciones de bancos centrales y gobiernos han evitado una crisis sistémica, pero como señalaba Christophe Donay, director de análisis macroeconómico de Pictet WM, hace unos días en este diario, "ha sido a costa de exacerbar el apalancamiento, haciendo que la 'normalización' de políticas monetarias se haya vuelto más complicada". "A ello se añade que las enormes cantidades de dinero creadas no han dado lugar a un aumento significativo del precio de bienes y servicios, pero ha desencadenado inflación en los activos".

Estas políticas no están logrando reanimar la economía real ante una incertidumbre radical. Los Ertes, las ayudas temporales o el crédito generan más deuda a las empresas y a los gobiernos (deuda que a su vez genera más incertidumbre sobre el futuro). Además, gran parte de todo este dinero y ayudas están siguiendo el mismo camino: directas del Gobierno a las cuentas de ahorro de los ciudadanos y las empresas. La tasa de ahorro se ha disparado y todo hace indicar que va a permanecer muy elevada durante un periodo de tiempo prolongado. Es lógico. Familias y empresas ahorran por precaución porque no saben qué futuro le espera a sus rentas e ingresos.

La temporalidad y limitación de estas medidas, junto al miedo, impide que las familias usen sus rentas para consumir y las empresas para invertir, pues el temor al futuro domina las decisiones de estos agentes.

La economía es una ciencia social en la que hay que contar con el comportamiento humano, muchas veces irracional. Una situación similar a la que generan las medidas actuales se puede observar cuando un padre enseña a su hijo a montar en bicicleta. Si el padre asegura al niño que solo sujetará su sillín durante 20 minutos, el niño irá con miedo, no aprenderá y probablemente se caerá cuando se quede solo en la bici (así funcionan los Ertes y el resto de ayudas actuales, pueden sostener la bici, pero no lograrán que avance sola). Sin embargo, si el padre se compromete a sujetar el sillín de la bici hasta que el niño pueda montar solo, el padre podrá soltar la bici cuando vea que su hijo mantiene el equilibrio, y el niño, sin enterarse, estará dando pedales sin ayuda para toda la vida ('helicóptero del dinero').

Hay quien puede pensar que quizá la mejor opción es mantener las políticas actuales y esperar a que el virus desaparezca o se encuentre un remedio eficaz. Sin embargo, está comprobado que una demanda débil por mucho tiempo puede dejar heridas permanentes en la economía (lo que se conoce como histéresis), generando más parados de larga duración, capital inutilizado... Todo ello lastrará el crecimiento potencial de la economía cuando vuelva a la 'normalidad'. De modo que al lánguido crecimiento de la productividad y una demografía adversa se sumarían estas heridas sobre los factores de producción.

Para evitarlo, bancos centrales y gobiernos deberían cruzar la última frontera de una forma excepcional, única e irrepetible, casi como la singularidad de esta crisis. Regalar un sueldo mensual (dinero emitido por el banco central, sin incrementar la deuda de gobiernos ni de otros agentes) a los hogares, sin un límite de tiempo prefijado, supondría un acicate para el consumo, a la par que generaría cierta seguridad en la población (también salud mental).

Es cierto que el dinero regalado no devolverá la certidumbre sanitaria, pero sí la económica. También es verdad que mientras que el covid-19 campe a sus anchas no se volverán a llenar las salas de cine, ni lo estadios de fútbol, pero las ayudas a fondo perdido (con dinero emitido por el banco central) podrían impulsar el consumo de bienes duraderos (televisiones, coches, panificadoras...), aliviar a las familias más desfavorecidas por la crisis, apoyar el gasto en las nuevas tendencias y necesidades que nazcan de esta crisis y apoyar, siempre que el covid lo permita, el gasto en los sectores más sensibles al distanciamiento social, que aún así deberán adaptar su tamaño a la nueva realidad. En definitiva, entregar una cantidad de dinero a fondo perdido a las familias puede sofocar la situación de muchas personas, a la par que se da un impulso a la economía y a la transición que afronta el tejido productivo en muchos países.

Los riesgos del 'helicóptero'

También es justo reconocer que esta política radical tiene riesgos y es muy complicada de llevar a la práctica. Uno de los principales riesgos es que la impresión de dinero genera grandes presiones al alza sobre la inflación, como ha pasado tantas veces en la historia (casi siempre la impresión ha sido para financiar gobiernos, no para entregar el dinero a las familias).

Sin embargo, en la situación actual hay margen. La inflación en bienes y servicios no aparecerá hasta que la economía esté funcionando por encima de su potencial, un escenario muy lejano ahora mismo, puesto que hay millones de personas sin empleo o en Ertes, además de fábricas, tiendas o restaurantes funcionando muy lejos de su máxima capacidad.

Este tipo de inflación (diferente a la de costes) solo se produce cuando hay un aumento de la demanda agregada que supera a la producción potencial (el máximo de PIB que puede crear una economía con todos sus factores de producción ocupados y sin generar desequilibrios). Es decir, este tipo de inflación se basa en un exceso de demanda agregada de bienes y servicios sobre su oferta agregada, justo lo contrario a la situación presente, donde el consumo se encuentra absolutamente deprimido.

Entonces, si la inflación termina llegando, más que un problema, será consecuencia del éxito de la estrategia emprendida para resucitar a la economía. El consumo y la inversión volverán a circular y el dinero estará persiguiendo bienes y servicios (generando actividad en la economía real), en lugar de perseguir bonos, acciones o acumularse en las cuentas de ahorro bancarias como ha hecho hasta ahora.

La inflación aparecerá y, probablemente, los tipos de interés se mantendrán bajos por la intervención de la banca central (para permitir que la deuda sea sostenible y vaya reduciéndose respecto al PIB). Con la economía en marcha y los niveles de deuda a la baja, llegará la tarea más complicada de todas: aterrizar el 'helicóptero del dinero' haciendo el menor ruido posible; soltar la bici del niño sin que se dé cuenta.

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