Economía

Meloni desvía la política italiana hacia un "capitalismo práctico" y pone nerviosos a los inversores

Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, el pasado 27 de julio en la Casa Blanca. Fotografía: Jonathan Ernst (Reuters).

Giorgia Meloni protagonizó el (enésimo) giro político de Italia hace menos de un año. Su partido de ultraderecha, Hermanos de Italia (FdI), ganó las elecciones y Meloni pasó a ser la primera ministra del país transalpino. Su llegada al poder puso en alerta a los mercados, entre otras cosas, por la posibilidad de que provocara una nueva crisis de deuda en Europa. Pero la política llevada a cabo por la italiana, con un primer presupuesto estatal prudente (a diferencia del fiasco protagonizado en las mismas fechas por Liz Truss en Reino Unido) calmó los nervios. No obstante, estos han aumentado en los últimos meses ante aparente viraje de la política de Meloni y su Ejecutivo.

Reforzada por el fuerte apoyo público y la estabilidad de los costes de endeudamiento (los intereses de los bonos soberanos), la primera ministra, de 46 años, se está desviando de sus promesas de seguir el enfoque económico de su predecesor en el Gobierno, Mario Draghi.

En los últimos meses, la líder ultraderechista está aplicando lo que Bloomberg ha denominado como "capitalismo práctico". Ha tomado una serie de medidas intervencionistas, destacando el polémico impuesto a las ganancias de la banca.

"Un gran error"

"El impuesto sobre los beneficios extraordinarios de los bancos fue un gran error que dañó gravemente la credibilidad de nuestro país solo para recaudar una pequeña cantidad de fondos", asegura Veronica De Romanis, profesora de economía europea en la Universidad de Stanford en Florencia. "El Gobierno dice que grava el exceso [de ganancias], pero ¿quién define eso? ¿Cómo se lo explica a los inversores?", argumenta esta experta en declaraciones recogida por la agencia de noticias estadounidense.

En la tarde del pasado 7 de agosto, Roma anunció un impuesto del 40% sobre "los multimillonarios beneficios extra de los bancos" en 2023. No fue Giorgia Meloni quien dio la noticia, sino el vice primer ministro Matteo Salvini en una rueda de prensa en la que no estuvo presente la primera ministra. De hecho, desde el polémico anuncio, Meloni ha mantenido un perfil bajo en la esfera pública, destaca Bloomberg.

La novedad del tributo extraordinario a las entidades financieras provocó que al día siguiente los bancos de Italia y de toda Europa sufrieran profundas pérdidas en bolsa, evaporándose cerca de 10.000 millones de sus capitalizaciones en un solo día. Por ello, menos de 24 horas después el Ejecutivo matizó que el nuevo impuesto tendrá un efecto limitado ya que no podrá superar el 0,1% de los activos totales de los prestamistas.

No obstante, Salvini volvió a salir a la palestra para defender la medida: "Los bancos obtienen miles de millones de beneficios y los que pagan son los italianos", aseveró. Unas declaraciones que afianzan la percepción de que, en los últimos meses, el Gobierno italiano se ha convertido más bien en un doble acto entre Meloni y el líder del partido populista de La Liga.

En este sentido, Bloomberg resalta que desde la muerte en junio del ex primer ministro Silvio Berlusconi (fundador de Forza Italia, también miembro de la actual coalición del Ejecutivo), las voces favorables al capitalismo han quedado relegadas a un segundo plano en Roma.

Un escenario complicado

Hasta ahora, la coalición se ha ceñido a la prudencia fiscal. Meloni fue testigo de la caída de Berlusconi en 2011, cuando un repunte de los diferenciales de los bonos (la prima de riesgo) provocó el colapso del Gobierno. Es una lección que no ha olvidado.

"Meloni está actuando de forma pragmática, tratando de encontrar un equilibrio en el que no se esté metiendo demasiado el dedo en el ojo a los mercados", considera Giovanni Orsina, director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Luiss de Roma.

Sin embargo, la primera ministra se enfrenta a un escenario complicado para demostrar que puede seguir llevando a cabo su programa de gobierno. La economía italiana, la tercera más grande del Viejo Continente, se tambalea: el producto interior bruto (PIB) se contrajo en el segundo trimestre del año, mientras el PIB del conjunto de la eurozona repuntó un 0,3% en comparación con el trimestre anterior.

Así, ante la incertidumbre sobre los ingresos públicos, es probable que el Ejecutivo de Meloni amplíe ligeramente el déficit para pagar medidas como recortes fiscales sobre los salarios, pero tendrá cuidado de no ir demasiado lejos, según Bloomberg, que cita a personas familiarizadas con el asunto.

Su partido, Hermanos de Italia, se mantiene a la cabeza de las encuestas. Mientras mantenga sus índices de aprobación y controle los costes de financiación, tiene margen para adoptar un papel más activo en los asuntos empresariales. Y ha aprovechado la oportunidad.

'Intervencionismo' en el ámbito empresarial

Aparte del polémico impuesto bancario, Roma aprobó recientemente una medida para restringir el uso de algoritmos por parte de las aerolíneas para fijar los precios de los billetes, sobre todo en las conexiones internas con las islas de Sicilia y Cerdeña. La medida, destinada a proteger a los consumidores de subidas repentinas, provocó una reacción de las compañías aéreas.

También está la compañía telefónica Telecom Italia. El Ejecutivo aprobó este lunes un decreto que autoriza al Estado a tomar una participación de hasta el 20% en su negocio de redes como parte de un acuerdo con la empresa de capital riesgo estadounidense KKR para el control conjunto de la red del país.

Para poder sufragar algunas de sus iniciativas, la coalición se plantea vender participaciones minoritarias en determinadas empresas estatales, incluidos los ferrocarriles estatales (Ferrovie dello Stato) y el banco Monte dei Paschi di Siena, con problemas desde hace tiempo.

La señal es que Italia está abierta a los negocios, pero la oficina de Meloni es la guardiana. El planteamiento está en consonancia con su tradición de derechas, que considera que el Gobierno debe desempeñar un papel importante en el control de la economía.

"Hay un retorno del Estado", afirma Orsina. "Los italianos votan a Meloni porque ansían seguridad y el Estado nación como elemento potencialmente capaz de garantizar esa seguridad", añade este experto.

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