Economía

Truss pierde el pulso con los mercados y dimite como primera ministra de Reino Unido tras mes y medio en el cargo

  • Renunciar a sus rebajas fiscales y el cese de Kwarteng no han sido suficiente
  • Las filas conservadoras presionaban cada vez más y el mercado seguía volátil
  • Truss se convierte en la primera ministra más breve de toda la historia

Liz Truss ha dimitido este jueves como primera ministra de Reino Unido después de tan solo 45 días en el cargo, lo que convierte su mandato en el más breve de la historia. El siguiente premier será el quinto en siete años, desde que el Brexit en 2016 zarandease la política nacional. La andadura de la política conservadora acaba precipitadamente tras el caos generado en los mercados por sus agresivas rebajas de impuestos en un momento más que comprometido para la economía británica.

Aunque Truss confiaba en mantenerse en el cargo después de renunciar casi por entero a sus pretensiones fiscales, utilizando al cesado canciller del Tesoro Kwasi Kwarteng como 'cortafuegos', la pérdida de credibilidad ha sido demasiado grande como para continuar en Downing Street. La breve ministra lo seguirá siendo interinamente una semana más hasta que el Partido Conservador designe sustituto antes del 28 de octubre. La prioridad para la formación es evitar adelantar unas elecciones previstas para enero de 2025 que la oposición reclama celebrar ya.

La libra esterlina celebra con subidas el paso atrás de Truss ganando un 0,4% frente al dólar hasta los 1,1255 'billetes verdes'. Cuando la dimisión parecía inminente, el par subía hasta un 0,7%. Los bonos soberanos (gilts) a 10 años suben de un 3,79% a un 3,9% tras la decisión. El rendimiento de las notas a 30 años ha pasado de un 3,88% a un 3,98%. 

Con la opinión pública en contra y la oposición laborista disparada en los sondeos (más de 30 puntos de diferencia), la sustituta de Boris Johnson en el cargo ha visto cómo la oposición interna en las filas conservadoras iba creciendo hasta que no ha podido sortearla. Ha sido en una comparecencia en Downing Street flanqueada por la viceprimera ministra Thérèse Coffey, el presidente del Partido Conservador, Jake Berry y Graham Brady, presidente Comité 1922, en la que Truss ha comunicado su decisión. 

"Es la mejor decisión para mantener a Reino Unido en una condición económica estable", ha acertado a decir tras el atril. Truss ha abierto su declaración con una referencia al "momento de gran inestabilidad económica e internacional" en la que llegó al cargo. "Hemos ofrecido resultados en las facturas energéticas y rebajando la cotización social. Hemos planteado una visión para economía de baja fiscalidad y alto crecimiento que aprovecharía las libertades del Brexit", ha querido reivindicar. 

Víctima de su plan fiscal

El pasado 5 de septiembre la militancia conservadora votaba mayoritariamente a Truss como líder del partido frente a su rival Rishi Sunak, anterior canciller económico del Ejecutivo, con una propuesta fiscal más mesurada y que ahora vuelve a estar en las 'quinielas'. Esta la convertía automáticamente en primera ministra tras la salida de un cuestionado Johnson.

La 'luna de miel' no duraba demasiado. En sus primeros días en el cargo, más allá de la conmoción nacional que supuso la muerte de la reina Isabel II, Truss concitó apoyo al anunciar medidas como la congelación durante dos años de la factura energética de los hogares.

Comprometida con las promesas de agresivas rebajas de impuestos que hizo durante la campaña interna tory, Truss y su canciller económico y amigo Kwarteng lanzaron a la palestra el pasado 23 de septiembre un 'mini-presupuesto' que contemplaba recortes fiscales de hasta 45.000 millones de libras al año sin financiación, es decir, con cargo a la deuda del Estado.

Este paquete, que contemplaba incluso una rebaja en el IRPF para los más ricos, revertida poco después en un desesperado intento de cambiar el panorama, provocó de inmediato la duda en los mercados. No contento con ello, Kwarteng dijo, sin concretar, que habría más rebajas de impuestos. Al lunes siguiente el mercado se vino abajo con la libra tocando mínimos históricos y los bonos soberanos con unos rendimientos al 'rojo vivo'. Los gilts a 30 años llegaron al 5,11%, rendimientos no vistos desde hacía 20 años.

Ante el apocalipsis que se venía encima con unos fondos de pensiones británicos repletos de gilts a modo de garantía, el Banco de Inglaterra (BoE) se veía obligado a intervenir retrasando sus ventas programadas de bonos y anunciando compras de emergencia durante dos semanas. Esta reacción calmó momentáneamente a los mercados, pero no resolvió la situación.

Pese a las críticas incluso del FMI, Truss y Kwarteng estaban dispuestos a seguir adelante hasta que el gobernador del BoE, el australiano Andrew Bailey, se plantó y dijo que no estiraría las compras del BoE, lo que de facto era un órdago para el Ejecutivo: tenían que renunciar a sus pretensiones fiscales.

Una semana fatídica

Fue en ese punto cuando Truss cesó a Kwarteng y nombró a Jeremy Hunt como canciller. El nuevo ministro de Finanzas comenzaba su andadura pidiendo perdón y deshaciendo casi todo el 'mini-presupuesto', añadiendo medidas más dolorosas como cortar en abril los dos años de factura eléctrica congelada para los hogares. Este recule calmaba algo a los mercados, pero dejaba a Truss en una situación precaria.

Desde la comparecencia de Hunt, el calvario de Truss ha durado apenas tres días más. Arrinconada en el Parlamento británico y dejando casi todo el protagonismo a su nuevo canciller, Truss intentaba aferrarse al sillón mientras salían encuestas que decían que los tories casi preferían a Johnson de vuelta. El último golpe llegaba este miércoles con la dimisión de la ministra del Interior, Suella Braverman.

La escapada ha durado hasta este jueves. Graham Brady, en calidad de representante del Comité 1922, se reunía con Truss en Downing Street justo antes del anuncio. Este órgano del Partido Conservador representa a los diputados de base y tiene la potestad para moverle la silla al líder si suficientes parlamentarios presentan una carta promoviendo su dimisión. 

Estrictamente hablando, Truss estaba protegida de un desafío al liderazgo debido a una cláusula de inmunidad de un año bajo las reglas existentes del Partido Conservador. Pero si Brady recibía una montaña de cartas pidiendo la dimisión de Truss, se veía sometido a una importante presión para cambiar las reglas y permitir una nueva votación sobre el liderazgo. Como en anteriores ocasiones, no ha hecho falta llegar tan lejos.

Sam North (eToro): "Los mercados querrán un reemplazo rápido"

"No es frecuente que las maquinaciones políticas tengan un impacto tan directo en las finanzas personales. Incluso durante el Brexit los efectos netos fueron un fuego lento en términos económicos. Pero la crisis en la que estamos ahora justifica una acción rápida del Partido Conservador para elegir un nuevo líder", señala en un comentario Sam North, analista de eToro.

"Cuanto más se demore la carrera, más agitación podría haber para los mercados. Los gilts británicos y la libra esterlina han reaccionado ligeramente a su dimisión, pero todavía no hemos visto un gran movimiento. Esto podría empezar a cambiar si la contienda se alarga", avisa el estratega de plataforma de inversión.

"El canciller Hunt debe presentar un nuevo presupuesto y las previsiones del OBR el día de Halloween, pero hay mucho tiempo para que los mercados se asusten antes de eso, haciendo su trabajo más difícil, y empeorando las condiciones para los hogares en términos de expectativas de inflación y tipos de interés y las consiguientes implicaciones fiscales", finaliza.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud