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Crece el caos en Downing Street: dimite la ministra del Interior y Truss fuerza una moción de confianza

  • Es la segunda gran marcha en un solo mes de Gobierno
  • Más del 15% de sus diputados ya han firmado para pedir su cese
Suella Braverman. Foto: Reuters

Este martes, la sensación en Westminster era que algo raro pasaba: nadie había dimitido, nada había estallado, no hubo ninguna rueda de prensa que concentrara todas las miradas. La sensación es que no podía durar mucho tiempo. Y era correcto: este miércoles, la ministra del Interior británica, Suella Braverman, ha dimitido, en un nuevo golpe contra la primera ministra, Liz Truss, que ha convertido una votación sobre el 'fracking' en una moción de confianza sobre su Gobierno.

Braverman, del ala dura y 'brexitera' del partido, fue ministra de Justicia con Boris Johnson y pasó a Interior con Truss, hace apenas un mes. En su breve etapa al frente de este ministerio, anunció que su "sueño" era poder deportar a los inmigrantes que llegan al país a través del Canal de la Mancha hacia Ruanda, independientemente de dónde vinieran o cuál fuera su nacionalidad. La medida fue bloqueada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

La dimisión supone una escalada en la presión contra la 'premier'. En su carta de dimisión, explicó que el motivo de su marcha fue enviar un correo electrónico con el borrador de una declaración ministerial que iba a publicarse dentro de poco a otro diputado, "lo que supone una violación técnica de las normas". "No podemos fingir que no cometemos errores cuando están a la vista de todo el mundo. He cometido un error, acepto mi responsabilidad y dimito", escribió, en un ataque poco velado contra Truss. Según la cadena Sky, la decisión se tomó tras una "discusión furiosa" con la primera ministra. Un exdiputado y editor de la página web de debate del partido Conservador, Paul Goodman, apunta a que la causa sería que Truss quería liberalizar el régimen migratorio para abrir la puerta a más inmigrantes de todo el mundo y lograr así aumentar el crecimiento económico, mientras que los 'brexiters' como Braverman querían todo lo contrario: cerrar las puertas a cal y canto para limitar al máximo la llegada de extranjeros.

Caos en el Parlamento

Todo eso ocurre cuando Truss decidió convertir su giro sobre el 'fracking' en una moción de confianza. El Partido Laborista presentó una moción para prohibir la extracción de hidrocarburos con este mecanismo, que lleva suspendido tras provocar terremotos en las zonas donde se intentó. El Partido Conservador llevaba en su programa de 2019 esa misma prohibición, pero la actual 'premier' decidió romper esa promesa. Y por la mañana que considera este asunto como "una moción de confianza", por lo que todos sus diputados que votaran a favor de prohibir el fracking, como habían prometido en las últimas elecciones, serían expulsados del partido.

Lo que se preveía es que numerosos diputados que están en contra del fracking y que quieren reemplazar a Truss votaran a favor de esta práctica y dieran su confianza a Truss para que no les echen del partido, y así poder firmar una moción de censura interna contra ella. Sin embargo, el caos se adueñó del Parlamento cuando el Gobierno anunció que cambiaba de opinión y que ya no lo consideraría una moción de confianza, lo que llevó al jefe y al vicejefe de disciplina interna 'Tory' a dimitir en el acto. Durante la votación, dos diputados denunciaron que la viceprimera ministra, Thérèse Coffey, agarró a un miembro de su propio partido, "con lágrimas en los ojos", y le arrastró a la fila de los 'noes', con el Gobierno.

Crecen las firmas contra Truss

Mientras tanto, ya se ha superado el 15% de firmas necesarias para celebrar una votación de censura contra ella entre sus diputados, pero las normas dicen que no se puede expulsar al líder del partido antes de que pase un año. Para cambiar esta norma hacen falta un 67% de los diputados, una cifra que aún se ve lejana. Pero el Comité 1922, que gestiona el cese y el nombramiento de los líderes 'tories', ya ha avisado a Truss de que dejará claro que se tiene que marchar si las firmas superan el 51% del grupo parlamentario. Aunque, a este ritmo, no es descartable que se derrumbe su Gobierno al completo antes de llegar a ese punto.

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