Víctor Ventura

Redactor de elEconomista

Este jueves, los dos candidatos a la presidencia de EEUU, Donald Trump y Joe Biden, se verán de nuevo las caras en el segundo y definitivo debate, después de que el que iba a celebrarse la semana pasada fuera cancelado por el contagio de Covid-19 del presidente. Este encuentro, la última gran oportunidad para que Trump cambie su racha negativa en las encuestas, puede llegar, sin embargo, demasiado tarde. La extraordinaria e histórica movilización registrada este año ha acelerado la participación, que ya ronda los 50 millones de votos -más de un tercio de los votos emitidos en total en 2016- a falta de 12 días para que cierren las urnas.

Apenas una semana ha durado el 'teatrillo' británico con la amenaza de poner fin a las negociaciones comerciales con la UE. Como ya adelantó elEconomista, el negociador jefe del Reino Unido, David Frost, anunció este miércoles que retomaría las negociaciones con la UE, un día después de que su homólogo continental, Michel Barnier, se ofreciera para viajar a Londres este jueves para seguir hablando. "Debemos aprovechar al máximo el tiempo que queda. Nuestra puerta sigue abierta", dijo Barnier.

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Colas de madrugada, récord de votos en el primer día y unas cifras nunca vistas antes. Florida abrió las urnas este lunes y ya supera el 20% de participación, gracias a una avalancha de votos por correo. Uno de los estados perennemente empatados y con una demografía más peculiar apunta a ser, de nuevo, la 'veleta' clave que indique la dirección del viento electoral cuando se anuncien los resultados, en apenas dos semanas.

La Ley de Mercado Interno, el polémico texto con el que el primer ministro británico, Boris Johnson, amenaza con romper el Tratado de Salida de la UE, ha sufrido una gélida recepción en la Cámara de los Lores. La segunda ala del Parlamento británico ha dejado claro por una mayoría aplastante que no aceptarán las cláusulas en cuestión, en una de las votaciones más concurridas de su historia.

Boris Johnson se juega el futuro de la relación entre el Reino Unido y la UE a un 'juego de la gallina', y él no piensa ser el que levante el pie del acelerador. Esa es la conclusión del anuncio que hizo este viernes el primer ministro británico en un mensaje grabado, y que luego amplió su portavoz. Reino Unido no tiene la más mínima intención de moverse de sus posturas en la negociación del acuerdo comercial, y si la UE tampoco cede, el 1 de enero el país amanecerá con un Brexit duro, sin acuerdo. "Estaremos preparados", dijo Johnson, como ya dijeron el jueves los Veintisiete en las conclusiones de la cumbre europea.

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Nueva patada hacia adelante. Con el reloj acercándose a la medianoche del 31 de diciembre, los líderes de la Unión Europea han constatado este jueves que "no se han producido los avances necesarios" para cerrar un acuerdo con Reino Unido sobre la relación futura en los tiempos previstos, aunque no se levantan de la mesa: las negociaciones continuarán durante las próximas semanas.

Cuando el republicano Mitt Romney derrotó aquí a Barack Obama por 16 puntos en 2012, Texas era la joya de la corona de los conservadores estadounidenses. Con 38 delegados presidenciales y con una posición ideológica unos 20 puntos a la derecha de la media del país, Texas permitía contrarrestar la influencia de estados como Nueva York a la hora de elegir al presidente del país. Sin ella, ni George W. Bush ni Donald Trump habrían pisado la Casa Blanca. Pero una década es mucho tiempo, y la evolución demográfica y política del estado han obligado a los republicanos a enfrentarse por primera vez a una posibilidad terrorífica para ellos: tener que invertir millones para defender un territorio en el que solían ganar sin mover un dedo y del que depende su viabilidad como partido de Gobierno.