Director de Gestión de Activos de La Financière de L'Échiquier

El ecosistema espacial -la última frontera del mundo de la inversión- se encuentra en plena ebullición y da lugar a numerosos retos: tecnológicos, económicos y geoestratégicos. La industria espacial está en plena metamorfosis ante la aparición de empresas privadas que comparten escena con las grandes agencias espaciales esgrimiendo un nuevo objetivo: abrir la puerta del espacio democratizando su acceso y desarrollando una economía interplanetaria a partir de la Luna, lo que supone un punto y aparte en la historia del espacio y en nuestras vidas.

Opinión

En el mundo hiperconectado en el que vivimos y en el que dominan los datos, la aparición de la inteligencia artificial generativa brinda capacidades prodigiosas para afrontar desafíos en todos los sectores, desde la salud hasta el transporte. El colofón de la carrera tecnológica que se ha desatado entre los países y las empresas son valiosas ventajas comparativas y un impacto transformador. Así, la adopción de la IA por parte de las empresas determinará su éxito durante la próxima década.

¿Tiene cabida L'Oréal en un fondo de impacto? Son muchos los que sentirían la tentación de responder con un "¡No!". Sin embargo, el impacto del grupo francés es potente. Y sistémico: por su tamaño, el líder mundial en productos cosméticos influye sobre sus proveedores y ejerce presión sobre sus competidores. Este impacto indirecto es igual de fuerte, si no más, que los impactos generados directamente por los productos y servicios. Consulte más artículos sobre sostenibilidad en elEconomista Inversión sostenible y ESG.

Hace poco más de un año, enfrentada a una crisis sin precedentes en muchos sentidos, la Reserva Federal de Estados Unidos abrió de par en par las compuertas de la liquidez. Pero, a punto de empezar el verano, el banco central está iniciando un acto de equilibrismo para marcar mejor el final de una postura extremadamente acomodaticia, con unos tipos directores cercanos al 0% y unas compras mensuales de activos por valor de 120.000 millones de dólares: el quantitative easing (flexibilización cuantitativa).

Cuando las encuestas de actividad económica están en niveles récord, el desempleo retrocede según las tendencias, la inflación se acerca a su nivel óptimo -alrededor del 2% a largo plazo-, los beneficios empresariales -ya altos- sorprenden al alza, el banco central mantiene una posición ultra-acomodaticia y hay nuevos planes de inversión masiva a punto de concluir con éxito, ¿qué más se puede pedir? Desde luego que hay que apuntar a las estrellas, pero cuando se alcanzan, ¿qué encontramos más allá? Esta es la pregunta que el mercado se plantea sobre la economía estadounidense.

Habiéndose mantenido en territorio negativo durante mucho tiempo, algunos de los tipos de los gobiernos europeos se han descongelado ligeramente en la última semana, es decir, han recuperado un nivel menos negativo, como el tipo alemán a 10 años, que ha pasado de alrededor del -0,60% a principios de enero al -0,25% el 25 de febrero, o incluso positivo, como el tipo francés a 10 años.

Con los confinamientos parciales o los toques de queda que se extienden por Europa, el cine se está convirtiendo en un tipo de ocio poco frecuente. Afortunadamente, los partidos políticos de EEUU han tomado el relevo para animar nuestras noches, y están escribiendo uno de los escenarios con más giros de las últimas semanas: el del quinto plan de apoyo estadounidense. Aunque ya al inicio del verano se anunció como inminente, ¡su votación sigue demorándose! Y, sin embargo, estamos a sólo unos días de las elecciones presidenciales mundiales; ups, perdón, de Estados Unidos.

Tras un mes de agosto eufórico en que se ha revalorizado un 10%, y un principio de septiembre a tono, el Nasdaq se desplomó bruscamente al final de la semana pasada, dejándose más del 9% . Se ha atacado a los gigantes tecnológicos, que han arrastrado consigo al conjunto de los mercados estadounidenses y, luego, mundiales. Sin embargo, ninguna de las principales publicaciones económicas parecía explicar tal desgracia.

Las elecciones presidenciales de USA siempre han sido una tribuna ideal para prometer el descenso en los precios de los medicamentos. "Es como esos sueños deliciosos que no dejan al despertar más que la tristeza de haber creído en ellos", escribió Molière en El enfermo imaginario. Promesas sin mañana, desastrosas para millones de estadounidenses y angustiosas para los inversores. En 2016, el sector de la salud registró un deslucido comportamiento cuando Donald Trump se alzó con la presidencia. La historia no siempre se repite, y 2020 no es 2016.