Opinión

Hollywood en Washington

Con los confinamientos parciales o los toques de queda que se extienden por Europa, el cine se está convirtiendo en un tipo de ocio poco frecuente. Afortunadamente, los partidos políticos de EEUU han tomado el relevo para animar nuestras noches, y están escribiendo uno de los escenarios con más giros de las últimas semanas: el del quinto plan de apoyo estadounidense. Aunque ya al inicio del verano se anunció como inminente, ¡su votación sigue demorándose! Y, sin embargo, estamos a sólo unos días de las elecciones presidenciales mundiales; ups, perdón, de Estados Unidos.

Los papeles se han distribuido con habilidad: en el papel de salvadores, los Demócratas quieren un plan de apoyo masivo, que supera los 2 billones de dólares. En el papel de prudentes, o de sepultureros (según quién lo diga), los Republicanos bloquean unos cientos de millones menos. Lo cual es como no decir nada en absoluto, en vista de todo lo que se ha gastado hasta ahora. Pero este 'nada en absoluto' es muy simbólico. Por último, en el papel de electrón libre, Donald Trump envía señales contradictorias para reavivar periódicamente la tensión dramática, cuando el paquete de palomitas de maíz se queda vacío. Cada día se lanzan nuevos ultimátums, que luego se superan. Cada día se habla de un acercamiento inminente, que nunca se produce.

Pero, ¿quién estaría políticamente interesado en llegar a un acuerdo hoy en día? Ciertamente los Demócratas no quieren quedar como saboteadores, pero objetivamente tienen poco interés en concluir un acuerdo del que Trump podría aprovecharse. Más bien tienen interés en hacer creer que sólo su elección podría conseguir un estímulo gigantesco.

Por su parte, los Republicanos no tienen necesariamente interés en compartir un acuerdo con los Demócratas, que destacaría que son éstos los que han elevado el nivel de apoyo inicialmente aceptado por los Republicanos. En cuanto a Trump, no se sabe lo que le interesa hacer, dado lo mucho que parece hundirse, por sí solo, en las arenas movedizas de su política. Biden, por su lado, adopta la estrategia de la serpiente: se cuela entre las trampas tendidas por su adversario, sin mostrar debilidad, y espera a que Trump se canse. El interés económico de los estadounidenses parece estar muy lejos de los intereses del guión, también conocidos como políticos.

No es de extrañar que el mercado patine. Es el precio a pagar por unos giros inesperados que dejan sin aliento. Sin embargo, todas las noticias no son en absoluto negativas, especialmente en Estados Unidos. La temporada de publicación de resultados correspondientes al tercer trimestre ha comenzado bien. La mayoría de las empresas ha superado el consenso, que también se ha vuelto más optimista en las últimas semanas en un horizonte de un año.

El buen desempeño del empleo, de la inflación y de las empresas calman a Wall Street

Del mismo modo, el número de solicitudes de prestaciones semanales por desempleo ha sorprendido a la baja. Y el sector inmobiliario, fuerte generador de empleo, está mejor que nunca. Lógicamente, vemos aumentar las expectativas respecto de la inflación, signo de esperanza del retorno a la prosperidad.

Es cierto que la recuperación de Europa es menos clara. La segunda oleada epidémica oculta el horizonte. Pero los resultados empresariales, en conjunto, son correctos con respecto a las expectativas. Y el banco central sigue aplicando una política monetaria ultracomodaticia, que aún podría revisarse más al alza la próxima semana. Por lo tanto, los mercados permanecen finalmente bastante poco agitados en relación con la inquietud que podría provocar la segunda oleada.

Dentro de pocos días, la serie política estadounidense conocerá el final de un episodio crucial. Para entonces, el famoso plan de estímulo puede que se haya votado, pero la serie no habrá terminado. En primer lugar, pueden ocurrir giros inesperados antes de que se proclame un ganador. Además, podrían ser necesarios otros planes de apoyo, especialmente cuando está surgiendo una tercera ola epidémica al otro lado del Atlántico. Así pues, a pesar de su actual falta de simpatía por California, Washington no ha terminado de parecerse a los escenarios de Hollywood.

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