AENOR

La pandemia del Covid-19, que ha tenido un fuerte impacto sobre la economía española, nos plantea un desafío de proporciones históricas. Hemos sufrido una caída de actividad particularmente intensa en aquellos sectores más afectados por la reducción de la demanda y las restricciones a la movilidad. Este shock ha acelerado determinados procesos de transformación estructural y digitalización.

Especial Salud

La pandemia nos ha cambiado. Tenemos actualmente otras reglas del juego a la hora de desplazarnos; ya sea por avión, tren, autobús, coche, barco (las compañías de cruceros están reiniciando sus operaciones con una capacidad reducida) u otro medio. La meta es mantener una forma de moverse segura. Según el dashboard de Deloitte Consumer Tracker, con datos a 31 de marzo, sobre la disposición de los ciudadanos a viajar por motivos de placer en los próximos tres meses, un 27% de los españoles se desplazaría en tren. El porcentaje es de un 22% en el caso de avión, reduciéndose a un 17% si es un vuelo internacional. Un 18% lo haría en coche de alquiler y un 8% en barco.

Algo que ha demostrado Iberia en los últimos meses es que volar en tiempos de Covid-19 es seguro. Vivimos circunstancias excepcionales y en esta aerolínea también han tomado medidas especiales para ayudar a las personas a viajar con tranquilidad.

Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, es rotundo al hablar de su Plan Estratégico 2021-2025: "Seremos más eficientes, incrementaremos nuestros objetivos de generación renovable, aumentaremos nuestra fabricación de productos de baja, neutra o incluso huella de carbono negativa, desarrollaremos nuevas soluciones energéticas e impulsaremos proyectos punteros que reduzcan la huella de carbono de la industria".

Existe un consenso claro en el mundo acerca de la necesidad de avanzar en materia de sostenibilidad. Las empresas no pueden ser ajenas a lo que sucede en la sociedad y cada vez tienen mayor sensibilidad hacia lo no financiero. El reciente estudio La visión de los asuntos ESG desde el consejo, elaborado por la Fundación Seres y KPMG, para el que se ha entrevistado a consejeros y secretarios del consejo de administración de 21 grandes compañías españolas, así lo constata, aunque también evidencia que hay que seguir dando pasos adelante.

Para minimizar el impacto de las acciones del día a día en el medioambiente, Mutua Madrileña ha establecido un ambicioso plan de gestión medioambiental: el Programa Azul, que cuenta con objetivos exigentes y mejoras constantes. Este programa incorpora, entre otras, una parte de gestión energética que ha sido reconocida a nivel mundial y una pata de movilidad sostenible que incorpora importantes novedades en el último año.

Conseguir asegurar el suministro de energía a la sociedad de manera asequible y respetuosa con el medio ambiente requiere de un modelo productivo que esté basado en la innovación y en la tecnología, que se encuentre en constante evolución y que ponga el foco en la economía circular como herramienta para el uso eficiente de los recursos. Para ello, Repsol lleva años inmersa en un proceso de transformación y de diversificación de sus negocios con la pretensión de liderar la transición energética.

Abanca ha apostado desde su nacimiento, en 2014, por un modelo de banca responsable y sostenible. En los últimos años, ha redoblado sus esfuerzos en el sentido de alinear su estrategia y práctica empresarial con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que establece la Agenda 2030 y el Acuerdo Climático de París.