Opinión

Inflación: más leña al fuego

  • Sufrimos el peor tipo de alza de precios, que es la inflación de costes
Los precios al consumo siguieron subiendo en julio en España.

Hace meses que muchos expertos anticipaban un fuerte repunte en la inflación como consecuencia de dos factores clave, las políticas monetarias expansivas de la Fed y el BCE que han impulsado la creación de billones de dólares y euros de la nada junto con tipos de interés negativos, para posibilitar el sobreendeudamiento de los Estados y la liquidez de la economía y, desde la política fiscal, el aumento del gasto público en prestaciones lo que junto al embalse de ahorro forzado de las familias durante la peores fases de la pandemia, han empujado el consumo privado dando salida al exceso de ahorro una vez relajadas las restricciones de movilidad y actividad.

Por otra parte, la pandemia ha ocasionado una serie de cuellos de botella y desajustes en la cadena de suministro global, lo que está haciendo que suban los precios de determinadas materias primas clave que están encareciendo los bienes y servicios en nuestra economía.

Si añadimos a la ecuación, el fuerte incremento del precio de la electricidad, que se ha multiplicado por 3 (a nivel mayorista) en un año, estamos a las puertas del peor tipo de inflación con el que se puede topar una economía, la inflación de costes, que trasladarán las empresas a los ciudadanos transformándose en aumento estructural de precios difícil de revertir.

Pues bien, todos esos factores están contribuyendo al repunte de la inflación que en el mes de julio se ha situado en el 2,9% interanual, en la que además se puede oler la citada inflación de costes ya que la inflación subyacente ha aumentado 4 décimas hasta situarse en el 0,6% interanual.

El ritmo es tal que, en lo que llevamos de año el IPC ha aumentado un 1,8% y los sectores con mayor repercusión han sido alimentación (1,5%), vivienda (7,3%), transporte (7,9%), hoteles y restauración (2,0%), confirmando una tendencia creciente que augura una inflación del 3% a finales de año.

La inflación es un impuesto silencioso que sólo beneficia a oportunistas y a aquellos que tienen deudas, pero es una enfermedad que afecta a todos los demás en la medida que se pierde poder adquisitivo ya que, por un lado, los ahorradores ven cómo disminuye su patrimonio en términos reales, al igual que los asalariados observan que tienen menor capacidad de compra con su nómina ya que los salarios nominales no crecen en la misma proporción que el IPC, por tanto, disminuyen en términos reales.

En esta línea, mientras vemos cómo suben los precios de vivienda, alimentación, energía, automoción, productos electrónicos, transporte o restauración al calor de la recuperación económica, los salarios no están creciendo a la misma velocidad y el paro sigue en niveles astronómicos que no ayudan a subir salarios.

Para poner números a este aspecto, el aumento salarial de la mayoría de los convenios pactados para este año está alrededor del 1,5% y los intereses que reciben los depósitos son negativos si consideramos las comisiones que aplican la gran mayoría de los bancos.

Descuelgue salarial

Tampoco debemos olvidar que, en algunas empresas, para aquellos que tienen salarios por encima de convenio, están viendo inalterada su cuantía ya que la subida del IPC queda absorbida. Todo ello, se puede traducir en un descuelgue salarial por inaplicación de convenios, una posibilidad que recoge el Estatuto de los Trabajadores por razones excepcionales y con ello nuevas tensiones sociales que, aunque se resuelvan favorablemente y con carácter retroactivo supondrá mayores costes que los empresarios trasladarán al consumidor.

Otro aspecto importante es el efecto que sobre nuestro déficit y endeudamiento tendrá la actualización del salario de empleados públicos y a las pensiones conforme al IPC a partir del año 2022 así como la paga compensatoria que recibirán los pensionistas por lo que la inflación exceda del 0,9% en 2021 que puede suponer un desembolso extraordinario adicional cercano a los 3.500 millones de euros, mientras que los principales bancos centrales nos venden un mensaje de tranquilidad si bien todo apunta a que podríamos tener unos años de elevada inflación que irá vaciando en silencio nuestros bolsillos, pues el precio es lo que pagamos y el valor lo que obtenemos a cambio.

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