Juan Carlos Higueras

Analista económico y profesor EAE Business School

La sabiduría popular nos ilumina con interesantes refranes como el que titula este artículo, aunque esta vez, pudiera ser premonitorio si se aplica a los datos del desempleo registrado durante el mes de noviembre donde un gobierno triunfalista nos vende los éxitos de una política resiliente, sostenible e inclusiva donde nadie se va a quedar atrás, bueno, quien dice nadie, dice que sólo se quedan algunos, en total 3.182. 687 personas que engrosan las listas del desempleo, como si eso de tener más de un 14% de paro fuese una hazaña titánica, algo que seguro no piensan las familias de los anteriores damnificados.

Decía Lenin que la mejor manera de aplastar a los burgueses era moliéndolos entre las piedras de los impuestos y la inflación, algo que casualmente estamos padeciendo en estos tiempos convulsos e inciertos donde hay una fuerte escalada de precios junto a unos PGE2022 que pretenden aumentar los impuestos y crear nuevas figuras tributarias, para financiar un gasto público desmesurado y con bajo retorno, lo que se traducirá en mayor déficit y deuda pública de la prevista, a la vista de que nadie se cree los postulados sobre los que se apoyan, entre otros, el crecimiento esperado del PIB bajo un supuesto irrealista de crecimiento de los precios.

Acabamos de asistir a la puesta de largo de los PGE 2022 donde se pinta y colorea un mundo de fantasía y de los que podríamos extraer una conclusión evidente, que no se puede sorber y soplar a la misma vez como parecen pretender estas cuentas a las que se les llama de transición justa, aunque nadie tenga muy claro el término. Y aunque el ejercicio presupuestario se parezca a Netflix porque tiene varias series, la roja, verde, amarilla, gris y azul, el “trailer” adelanta la trama de una película que podría ser de ciencia ficción, novela dramática o comedia. Si hay dudas sobre el guion y el reparto de actores, no hay más que echar un vistazo al libro amarillo, lleno de grandilocuentes frases que cuestan leer y entender sin hacer un alto en el camino para respirar y que no son más que una colección secuenciada de palabras vacías de contenido real pero que suenan bien como no podía ser de otra forma. ¿A quién no le gusta que avancemos hacia una transformación económica más justa, verde, digital, cohesionada e igualitaria mientras se afianza la recuperación para un desarrollo más sostenible y resiliente?

El precio de la electricidad en el mercado mayorista no deja de subir y cada día escala nuevos máximos que hace unos meses ni hubiéramos podido imaginar. Lo peor de esta situación es que va para largo, pues algunos expertos vaticinan que el precio será elevado hasta 2023 aunque el Gobierno se ha comprometido a que este año no paguemos más en la factura del importe que se pagaba en 2018. Mucho me temo que, como casi siempre, estas afirmaciones hay que cogerlas con pinzas, ya que entre la letra pequeña que esconden y los malabares estadísticos, podemos llevarnos una buena sorpresa.

El precio mayorista de la electricidad sigue al alza de forma imparable, batiendo nuevos récords en un contexto donde los agentes económicos perciben que las medidas del Gobierno para contener la escalada del precio no están siendo eficaces, así como el anuncio de que estos precios seguirán creciendo hasta mediados del año que viene. Pero la electricidad y los combustibles son una parte fundamental en la cesta de consumo de los ciudadanos mientras que se nos anima a caminar por una senda verde de transición ecológica que está llena de buenas intenciones mientras nos vacía los bolsillos en silencio.

Si preguntamos a alguien si sabe dónde se están tomando en estos días las principales decisiones clave para el futuro de la economía mundial estoy convencido de que nos diría que en algún lugar emblemático del mundo. Sin embargo, ese lugar se encuentra alejado de las grandes capitales, a pocos kilómetros de donde vive el oso Yogui, en un lugar llamado Jackson Hole, donde se reúnen los principales representantes de los bancos centrales mundiales protagonizado por la Fed. Este evento podría marcar un punto de inflexión y una nueva hoja de ruta en la política monetaria de la Fed y, con ello, marcar las decisiones de sus principales “followers” como son el BCE y el Banco de Inglaterra que más temprano que tarde se verán obligados a marcar las decisiones de la Fed con un “like” debido a la globalización de la economía y el efecto sobre el euro y los mercados financieros.

Hace meses que muchos expertos anticipaban un fuerte repunte en la inflación como consecuencia de dos factores clave, las políticas monetarias expansivas de la Fed y el BCE que han impulsado la creación de billones de dólares y euros de la nada junto con tipos de interés negativos, para posibilitar el sobreendeudamiento de los Estados y la liquidez de la economía y, desde la política fiscal, el aumento del gasto público en prestaciones lo que junto al embalse de ahorro forzado de las familias durante la peores fases de la pandemia, han empujado el consumo privado dando salida al exceso de ahorro una vez relajadas las restricciones de movilidad y actividad.

La recuperación económica a nivel mundial ya ha comenzado su marcha y todas las expectativas apuntan a que se volverá a alcanzar los niveles prepandemia entre 2022 y 2023 según las circunstancias de cada país. Sin embargo, en contra de lo que se podía esperar por la pandemia y según la teoría económica, dada la caída de hasta dos dígitos en algunas economías, el cierre de miles de empresas y el aumento descontrolado del paro, el mercado inmobiliario a nivel mundial no ha frenado una escalada de precios que está tomando una velocidad que preocupa a muchos porque recuerdan la burbuja inmobiliaria de la anterior crisis que trajo como consecuencia una intensa crisis financiera a nivel global y una larga crisis económica de la que hace apenas unos años nos recuperamos. Una crisis financiera mundial donde las hipotecas subprime y los activos tóxicos dejaron un reguero de quiebras empresariales, familiares y estatales, aparte de secuelas que aún permanecen en la actualidad. En el caso de España, aparte del rescate al sistema financiero, no debemos olvidar la cartera de activos que gestiona SAREB, de los que hasta finales de 2020 sólo había reducido en algo más del 37% y acumulaba unas minusvalías de 9.100 millones, lo que significa que 8 años después de su constitución aún tiene un difícil y tortuoso camino por recorrer.

Cuando te caes al suelo, lo único que puedes hacer es levantarte, pero eso no significa que puedas continuar andando si con la caída te has roto la pierna y, mucho menos, si los que te hacen los primeros auxilios no están cualificados. Hoy podemos estar satisfechos a nivel macro por la mejora del empleo, pero estas cifras esconden un grave problema de paro estructural y de incapacidad de nuestro mercado de trabajo para absorber la mano de obra.

Si tuviésemos que participar en el concurso de Eurovisión para la economía, no cabe duda de que daríamos el cante pues nuestro país saldría inmortalizado como el que mayor caída económica ha sufrido, el de mayor incremento en la deuda pública, mayor déficit y mayor tasa de desempleo, un póker de ases en toda regla. Lo peor está por llegar cuando se abran las compuertas de la prohibición de despedir empleados en ERTE, de los concursos de acreedores y de la insolvencia empresarial, así como la finalización de ayudas a los autónomos, todo un tsunami que está por llegar y que comienza a mostrar señales de alerta desde hace tiempo, aunque algunos miren hacia otro lado.