Analista económico y profesor EAE Business School

En un mundo global donde los fluyen los capitales de un sitio a otro, hay economías prestamistas y prestatarias, frente al resto del mundo, unas tienen capacidad de financiación y solvencia y otras, más vulnerables, necesidad de ser financiadas.
La deuda externa bruta de la eurozona es de unos 16 billones de euros y en el caso de España suma un total de 2,42 billones de euros, lo que representa el 165,5% del PIB, siendo 40 millardos de euros (mm) superior a la de 2022 y 305 mm mayor desde 2019. Es decir, que de cada 100 euros de deuda externa de la zona euro, 15 corresponden a España.

En zonas rurales, aún perdura una práctica común arraigada en siglos pasados, en la que muchas familias mantenían huertos y establos destinados al cultivo de alimentos y la cría de animales para autoabastecerse a lo largo del año, vendiendo el excedente a otros.Pues bien, ese parece ser el destino de Marruecos, convertirse en la despensa de la familia europea y de muchos otros países.

Desde el comienzo de la primera revolución industrial y el nacimiento de las cadenas de montaje, las compañías iniciaron el tortuoso camino de la producción y comercialización a escala, así como la necesidad de ser eficientes en calidad, tiempos y costes para afrontar la competencia y mejorar la rentabilidad para el accionista como fin último de su existencia. Se trata de un proceso de mejora continua que seguiremos viviendo en el futuro.

Ya conocemos el acuerdo programático entre los principales partidos que pretenden conformar el Gobierno de España para los próximos 4 años. Se trata de un intenso e intensivo ejercicio de populismo económico con un programa muy ambicioso y colorido donde, como es habitual en política, se muestra en el escaparate el género que atraiga al ciudadano, pero no se muestra lo que hay en la trastienda. Aspectos cómo cuánto va a costar este festival del progreso, tan intervencionista en la economía que haría morir de nuevo a Adam Smith si se levantase de su tumba, o bien cómo se van a financiar las medidas, aunque todos sabemos de sobra quienes van a ser los pagafantas, pues será a costa de los bolsillos de los ciudadanos, en especial trabajadores de las clases medias y empresarios como principales damnificados.

Se habla de una economía de guerra para hacer referencia a la forma en que se organizan las actividades económicas de un país durante determinados momentos en la historia en la que sufre un conflicto armado, o una fuerte convulsión en sus mercados, de forma que el tejido empresarial y su sistema productivo deben readaptarse, reorganizando sus industrias y la producción de bienes y servicios básicos, bien para apoyar a las necesidades de su ejército o bien para amortiguar el impacto económico del conflicto entre sus habitantes y afrontar los desafíos para preservar la estabilidad económica. Un ejemplo de ello es Ucrania que, desde la invasión, está adaptando parte de su modelo productivo y financiero.

La última semana del mes de julio ha sido clave para los mercados financieros porque han coincidido las reuniones de la Reserva Federal y del BCE para decidir sobre los tipos de interés. Y como dice la frase, reunión de pastores, ovejas muertas. El resultado, que todo el mundo esperaba y que estaba ya descontado en los mercados, ha sido un nuevo golpe de gracia de 25 puntos básicos a los tipos que se sitúan en el 5,5% y 4,25% en Estados Unidos y la zona euro, respectivamente. Y si la Fed decide seguir subiendo en el futuro, le seguirá el BCE, al igual que los hijos pequeños siguen a sus padres, porque las economías se encuentran conectadas a través de la relación euro-dólar.

Uno de los temas más controvertidos de la historia del pensamiento económico es la determinación del valor de las cosas. Las distintas teorías del valor han servido para diseñar los principios sobre los que se basan diferentes modelos económicos. Así pues, existen teorías objetivas y subjetivas del valor de las cosas que vienen determinadas por factores como el coste de producirlas, la escasez o los derechos de propiedad, entre otros. En un mercado libre, el valor se cuantifica mediante el precio que alguien está dispuesto a pagar mientras que en uno regulado se hace conforme a determinados principios sociales. Según el modelo que se utilice, las consecuencias en el orden político, social y económico son diferentes.

Todas las instituciones reconocen que nuestra economía se encuentra en un proceso de desaceleración que, sin llegar a una recesión técnica, hará que la actividad económica del año 2023 se debilite sustancialmente y que el PIB crezca alrededor del 1%. Además, la crisis energética seguirá estando presente y la inflación, en especial la subyacente, va a mantenerse en niveles elevados durante bastante tiempo, lo que junto a la contracción monetaria lastrará aún más la recuperación futura.

Nuestro sistema de pensiones está formado por unos parámetros que actúan como el mecanismo de un reloj antiguo al que los políticos dan cuerda para evitar que se pare. Pero con cada giro, la cuerda se va endureciendo hasta llegar al tope donde al dar la siguiente vuelta se pasarán de rosca, rompiendo el mecanismo. Nadie quiere pasarse de vuelta por el castigo electoral que conlleva y todos participan en el juego de la cerilla con cada ciclo de gobierno, donde se la pasan al siguiente, mientras se va consumiendo el fosforo y la cuantía de la pensión de los nuevos jubilados.

Winston Churchill decía que las estadísticas son como un traje de baño pues muestran datos interesantes, pero esconden lo más relevante. Otros expertos indican que son como las farolas y los borrachos, que pueden servir para iluminar o para apoyarse. En esta línea, los recientes datos sobre el empleo, muestran más sombras que luces, a pesar de que se intentan vender como todo un ejercicio de éxito de gestión, comparado con Europa. Y es que cuando jugamos con porcentajes, es fácil que los prestidigitadores del Gobierno, nos hagan trucos de magia donde desaparece el desempleo, aunque realmente está oculto en la chistera.