Opinión

Economía de guerra y el conflicto de Israel

  • La riqueza de los ciudadanos de Israel se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años
  • La balanza comercial de España con Israel arrojó un superávit de 1.183 millones en 2022
Manifestantes en Berlín se solidarizan con Israel. Foto: EFE

Se habla de una economía de guerra para hacer referencia a la forma en que se organizan las actividades económicas de un país durante determinados momentos en la historia en la que sufre un conflicto armado, o una fuerte convulsión en sus mercados, de forma que el tejido empresarial y su sistema productivo deben readaptarse, reorganizando sus industrias y la producción de bienes y servicios básicos, bien para apoyar a las necesidades de su ejército o bien para amortiguar el impacto económico del conflicto entre sus habitantes y afrontar los desafíos para preservar la estabilidad económica. Un ejemplo de ello es Ucrania que, desde la invasión, está adaptando parte de su modelo productivo y financiero.

Cualquier guerra supone un golpe para la economía de los países en conflicto, además de los daños colaterales en el resto del mundo, ya que estamos en una economía globalizada donde el comercio internacional y los precios de algunas materias primas, se ven afectados por la situación geopolítica que introduce incertidumbre y volatilidad en los mercados. En este sentido, el conflicto de Israel, del que desconocemos el alcance y duración, podría dañar severamente su economía, en especial, si hubiese una escalada del mismo con la participación de Irán, entre otros, pero también, aviva serias dudas sobre la recuperación de la economía mundial ya que, una escalada de larga duración, podría suponer el golpe de gracia en los países de Occidente que se encuentran en otra guerra encarnizada contra la inflación y la posible recesión económica. Y cuanto más se alargue el conflicto, el problema será peor para el resto del mundo.

El PIB de Israel suma algo más de los 0,5 billones de dólares, gracias a la industria y los servicios, ambos muy dependientes de las importaciones de bienes y materias primas. Tiene 9,36 millones de habitantes y casi pleno empleo, con una tasa de paro del 3,5% y donde hay escasez de mano de obra, lo que convierte a sus ciudadanos en unos de los más ricos del mundo, con un PIB per cápita de 55.731 dólares, más del doble del que había hace 15 años y casi el triple respecto del inicio de este siglo. Por tanto, una economía que ha prosperado a velocidad de vértigo, multiplicando por 10 la riqueza de sus ciudadanos en los últimos 40 años.

Y hay que añadir que muchas de las empresas de esa zona, sostienen su producción con legiones de trabajadores menos cualificados, cientos de miles de palestinos que ahora no les dejan ir a trabajar, a lo que debemos sumar la llamada a filas a los reservistas, que ha obligado a que cientos de miles de empleados, la mayoría altamente cualificados, hayan abandonado sus puestos de trabajo, lo que se traduce en una paralización de muchas empresas, en especial de aquellas más cercanas a la franja de Gaza, lo que agudiza aún más el problema. Aunque no se puede hacer números fiables, es indudable, que el efecto sobre la economía de Israel, será notorio, no sólo por la caída del consumo, sino que también sufrirán las consecuencias la inversión, el gasto público y la balanza de pagos, lo que augura un impacto en el PIB que algunos ya cuantifican en torno al 1,5% del PIB.

En términos de inversión, Israel ofrece oportunidades muy atractivas en lo que se refiere al desarrollo de proyectos de ingeniería, infraestructuras ferroviarias, energías renovables, tratamiento de aguas y residuos sólidos o equipamiento médico, entre otros. Además, es el segundo país del mundo con mayor concentración de compañías de alta tecnología, con numerosas startups, profesionales muy cualificados y fondos de inversión participantes.

Los flujos de inversión extranjera directa hacia Israel son relevantes y, en 2021, registraron una cifra cercana a los 30.000 millones de dólares, lo que representa un incremento superior al 70% respecto del año 2019 y lo que pone de manifiesto el interés inversor en dicha economía, siendo los sectores de alta tecnología, telecomunicaciones, defensa, biotecnología, seguridad, software, internet, aeroespacial, equipos médicos y tratamiento de aguas, los más atractivos. A modo de anécdota, recordando al sistema Pegasus, Israel recibe el 50% de las inversiones que se realizan en el área de ciberseguridad, a nivel mundial. De hecho, son numerosos los fondos de capital riesgo que invierten en startups tecnológicas del país, de los que 3 de cada 4 dólares de las inversiones tienen como origen EEUU, Canadá y Europa.

Desde el punto de vista del gasto público, el gobierno israelí va a tener que aumentar su presupuesto en defensa, lo que obligará, ante la dificultad de aumentar los impuestos o la recaudación, a endeudarse para financiar el aumento del gasto.

En lo que se refiere al comercio internacional, si analizamos la balanza comercial de Israel, la dependencia de materias primas y bienes de otros países es muy elevada, hasta el punto de que las importaciones de bienes suponen cerca de un 50% superior a sus exportaciones, si bien el saldo comercial de los servicios es muy elevado, lo que le permite tener un saldo por cuenta corriente positivo. Las principales exportaciones de Israel se realizan a EEUU y la UE mientras que las principales importaciones tienen como origen la UE, China y EEUU, siendo la primera la que representa el 30% del total. Los productos más destacados son los aparatos electrónicos e informáticos, diamantes, circuitos integrados, instrumental médico, maquinaria y equipamientos, productos farmacéuticos y petróleo refinado, entre otros.

La otra cuestión a abordar es cómo afecta la situación de Israel al resto del mundo y a España, aparte del impacto en el precio del petróleo y del gas, que podría aumentar por encima de los 100 dólares si se intensificase y alargase el conflicto.

En lo que se refiere a nuestro país, el volumen de comercio entre España e Israel, se encuentra muy diversificado en cuanto a categorías de productos y durante el año 2022, ascendió a 2.170 millones de euros para las exportaciones españolas y 987 millones para las importaciones. Es decir, que el saldo neto es positivo para nuestro país por un valor de 1.183 millones, lo que representa una tasa de cobertura superior a 2.

España exporta a Israel automóviles y sus accesorios al igual que pavimentos y revestimientos cerámicos, así como materias primas, ropa y complementos, maquinaria, plásticos, manufacturas, material eléctrico y aparatos, entre otros, e importa maquinaria y componentes, manufacturas, plásticos, productos químicos, combustibles y aceites minerales, entre los más destacados. Por tanto, aparte de las operaciones de empresas españolas instaladas allí, como es el cierre de 84 establecimientos de Inditex por los bombardeos o CAF que está construyendo un tren ligero para Tel-Aviv y tranvías en Jerusalén, son numerosas las empresas españolas que aquí que van a ver reducida su cuenta de resultados, como es el caso de las más de 1.000 empresas andaluzas que exportan a Oriente Medio, aceite, alimentos, productos agrícolas, maquinarias y otros por valor de unos 600 millones de euros, incluidos los barcos de Navantia, o las que exportan vino como las de Castilla-La Mancha o productos del sector de transporte o automoción del País Vasco que supone ingresos de unos 200 millones de euros. Y no hay que olvidar nuestro principal servicio, el turismo, que también se podría ver afectado, ya que nuestro país recibe unos 360.000 visitantes cada año, una cantidad bastante significativa.

Es evidente, que se trata de un conflicto con tintes dramáticos porque afecta a la población civil y al tejido empresarial de Israel y la zona de Gaza, pero también tiene nos va a afectar al resto del mundo, al menos económicamente en un momento muy delicado y cuanto más dure el problema, peor para todos. Esperemos que todo acabe pronto.

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