Opinión

La letra pequeña de la digitalización

  • Se está viviendo una oleada de despidos en el mundo que se disfrazan con reestruraciones
  • Por ahora ni los robots ni algoritmos tienen derechos laborales por lo que no cotizan 
Robot trabajando. Dreamstime.

Desde el comienzo de la primera revolución industrial y el nacimiento de las cadenas de montaje, las compañías iniciaron el tortuoso camino de la producción y comercialización a escala, así como la necesidad de ser eficientes en calidad, tiempos y costes para afrontar la competencia y mejorar la rentabilidad para el accionista como fin último de su existencia. Se trata de un proceso de mejora continua que seguiremos viviendo en el futuro.

Las nuevas tecnologías y la progresiva digitalización de las actividades económicas se están convirtiendo en un catalizador de cambios estructurales en la economía de los países y de sus industrias. Dichas alteraciones pasan por dos necesidades, por un lado, la sustitución de los trabajadores menos cualificados por otros con mayor formación adaptada a los nuevos tiempos y, por otro, la eliminación de empleos que son sustituidos por máquinas, robots, algoritmos e incluso, por los propios clientes, como es el caso del autoservicio en sentido amplio. Un ejemplo de ello es que, muchas empresas externalizan en los clientes, parte de sus procesos y costes, incluso nos hemos acostumbrado, como a realizar nuestra operativa bancaria, desde casa, utilizando los sistemas de nuestra entidad financiera, o bien el uso de herramientas de inteligencia artificial que hace innecesaria la contratación de profesionales, pasando por echar combustible en una gasolinera sin personas o llevar a casa y montar los muebles que hemos comprado.

En esta línea, se está viviendo una oleada de despidos en el mundo, disfrazados de procesos de reestructuración, afectando a millones de personas y se vivirán más en los próximos años, pues serán numerosas las empresas que deberán prescindir de miles de trabajadores buscando la supervivencia a futuro y la adaptación a los nuevos cambios del entorno. No es la primera vez ni será la última que una gran compañía plantea un despido individual o colectivo, por causas económicas, organizativas, productivas, técnicas o un poco de cada una, pues la razón fundamental se encuentra en la necesidad de reducir los costes fijos de un negocio que agoniza ante la aparición de nuevos competidores más ágiles, apoyados en la revolución tecnológica y con costes claramente inferiores y variables.

Ejemplos de ello son los despidos decenas de miles realizados por compañías tecnológicas como Amazon, Meta o Twitter que lo hicieron utilizando mecanismos "empáticos" como el envío de un email, Google, Microsoft y así muchas otras. Pero se trata de algo que ocurre en todos los sectores, la banca, el sector minorista, la consultoría, turismo, la industria, servicios de traducción y muchos otros.

En España, se han llevado a cabo numerosos procesos para la eliminación de miles de puestos de trabajo bajo diferentes fórmulas, EREs en diferentes sectores en los últimos años, donde destacan, por su envergadura, los de la banca, líneas aéreas, comercio o las telecomunicaciones, entre otros muchos.

Sin embargo, lo peor está por llegar, pues la llegada de la inteligencia artificial y el incremento en la automatización y robotización de las actividades empresariales, lejos de ser una herramienta para la modernización de las empresas, se va a convertir, al menos en una primera fase, en el verdugo de miles de puestos de trabajo que van a perder su valor añadido. Los ejemplos más simples son las empresas de diseño de webs, call-centers, traducción, producción de contenidos, enseñanza, o los procesos de backoffice, todos ellos, de fácil y rápida automatización y sustitución. El efecto alcanzará a todas las profesiones, desde abogados, conductores, periodistas, analistas financieros y de riesgos, gestores de inversión hasta incluso médicos.

También hay que añadir que, por ahora, ni los robots ni los algoritmos tienen derechos laborales, y lo que es mejor para una empresa, no pagan cotizaciones sociales. Así que, si todo evoluciona por este sendero, los sindicatos podrían tener fecha de caducidad y la recaudación tributaria se podría ver mermada, no sólo por la recaudación de los empleos eliminados sino por la necesidad de dar prestaciones a más personas desempleadas, elevando la tasa de paro.

Algunos dicen que el empleo no se verá afectado porque la innovación tecnológica siempre destruye puestos de trabajo, pero crea otros muchos, pero me temo que, si no hacemos algo, estas nuevas tecnologías no vienen para ayudar al trabajador a ser más productivo, como las anteriores, sino para sustituirlo. No vale decir aquello de lo comido por lo servido a las personas que pierden su empleo.

Y aquí entra otro debate importante a futuro, relativo a cómo vamos a ganarnos la vida, cómo recaudará el Estado o quién va a pagarnos las pensiones bajo un sistema de reparto basado en una pirámide poblacional invertida y con una buena parte de los pocos que hay en la base cotizando, sustituidos progresivamente por algoritmos y máquinas.

Lo que vemos ahora no es más que la punta del iceberg, lo que está por venir es más preocupante y será necesario un amplio debate mundial para ver cómo diseñar nuestro próximo modelo productivo y, sobre todo, orientar a las nuevas generaciones para que se formen en las profesiones del futuro.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud