Opinión

Opinión: Amnistía y lucha entre poderes. Sin independencia judicial no hay democracia

El abogado Juan Carlos Giménez-Salinas. Foto: Luis Moreno.
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Pedro Sánchez, al necesitar los siete votos de Carles Puigdemont, pactó una Ley de Amnistía cuyo texto exime de toda responsabilidad penal a los que intervinieron en el procés. Voces autorizadas, la mayoría, consideran que esta ley es inconstitucional. Nunca como estos días habíamos visto un enfrentamiento tan radical entre el poder ejecutivo y el poder judicial. Peligroso, muy peligroso para una democracia.

Una democracia sobrevive a sus múltiples crisis gracias al equilibrio entre sus poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Gracias a que se controlan entre ellos, se vigilan, mediante mecanismos eficaces. En ocasiones, cada vez más, el poder ejecutivo y el poder legislativo, se confunden, tienen los mismos intereses.

Pero también, en ocasiones, puede resultar útil para la democracia poseer intereses contrapuestos. Ejemplo de ello fue la moción de censura a quien era presidente en aquellos momentos, Mariano Rajoy. Ganó la oposición, el legislativo tumbó al ejecutivo, el Gobierno. No es usual, ya que los gobiernos pueden ejercer su poder porque tienen mayoría parlamentaria. En caso contrario, caen.

Esta unión entre gobierno (poder ejecutivo) y Parlamento (poder legislativo) hace que, en la realidad de la vida política, el único poder independiente para enfrentarse a los otros dos es el poder judicial. Si este tercer poder carece de independencia para controlar a los otros dos, estamos en un país no democrático. Así de claro.

Qué ocurre en España hoy. Pedro Sánchez, al no contemplar como objetivo nada más que su elección como presidente, ha forzado de un modo terrible las instituciones y poderes del Estado. Éstos, al sentirse presionados, manipulados, están reaccionando de un modo nunca visto en nuestro país durante los últimos cuarenta años.

Auguro que la violencia y el peligro real de confrontación entre los poderes del Estado irá en aumento. Pedro Sánchez es un luchador total y solamente tiene como objetivo el poder. Sus métodos, si el poder judicial no existiera o fuera dominado por Pedro Sánchez, convertirían a España en un país no democrático.

Es muy importante para toda la sociedad, para el equilibrio del país, que nuestro poder judicial pueda actuar como un auténtico poder independiente.

Peligroso es difundir la idea de que la justicia impartida es injusta, partidista, subjetiva, porque si fuera así, y puede ocurrir, el propio tercer poder tiene mecanismos adecuados para depurar conductas equivocadas de entre sus miembros.

Siempre pretendo observar la vida desde ángulos optimistas, pero en este caso contemplo con pesimismo una agudización del conflicto hasta que uno de los dos contendientes venza sobre el otro. O gana Pedro Sánchez, y consigue dominar el poder judicial, con la consiguiente pérdida de libertades, o bien el poder judicial, a pesar de presiones, de tormentas que recibe, consigue mantenerse y ejercer como controlador, vigía, de los actos emanados por los otros dos poderes. Esta última situación nos permitiría mantenernos en un auténtico Estado de derecho.

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