Economía

El 'termómetro' comercial de China vuelve a ponerse bajo cero dos años después: por qué debería preocuparse el resto del mundo

  • Las exportaciones no caían a nivel interanual desde lo peor de la pandemia
  • Esta caída anticipa un escenario preocupante para el resto de economías
  • Las importaciones también caen por la debilidad de la demanda interna
Imagen: Dreamstime

Además de la 'fábrica del mundo', China es un comprador importante para el resto del planeta. Por eso, sus datos de exportaciones e importaciones pueden mirarse como termómetro de la economía global. Y, a tenor de los últimos datos, relativos a octubre, las temperaturas son gélidas para el crecimiento mundial. Tanto las exportaciones como las importaciones han caído más de lo esperado. Los otros países, afectados por una alta inflación y unos bancos centrales subiendo los tipos con fuerza, han comprado menos a China. El gigante asiático, preso de la desaceleración más allá de sus últimas cifras de PIB y pagando cara su estricta política 'cero covid', también ha comprado menos a sus socios.

Las exportaciones en dólares cayeron un 0,3% en octubre respecto al año anterior, según informó el lunes la Administración General de Aduanas de China, muy por debajo del aumento del 4,5% previsto por los economistas y del 5,7% de septiembre. Las importaciones también cayeron, siendo el descenso del 0,7%, la primera caída desde agosto de 2020. Eso dejó un superávit comercial de 85.150 millones de dólares. Los productos electrónicos protagonizaron la principal caída comercial, con una contracción del 7% intermensual y del -0,73% interanual.

Es la primera vez desde mayo de 2020 que las exportaciones registran un dato interanual negativo. Desgranando los datos, el crecimiento de las exportaciones tanto a EEUU como a la UE se contrajo aún más, ya que sus economías se están enfriando y la demanda está cayendo debido a la alta inflación y al aumento del coste de la vida. Las exportaciones a Europa cayeron un 6% en un mes, con una caída aún más profunda del 7,4% intermensual para las exportaciones a EEUU. Solo se salvan, y en el cómputo internanual (-6,5% en el mensual), las exportaciones a los países de la ASEAN (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental), como Tailandia, Indonesia, Singapur, Filipinas o Vietnam, entre otros. En este último caso, coinciden los expertos, se trata de una cadena de suministro en construcción, y, por tanto, cuenta con cierta proyección.

"Podemos culpar a las vacaciones de la Semana Dorada en China de la contracción mensual de las exportaciones e importaciones, pero las vacaciones no tienen ningún efecto estacional en los datos interanuales. En consecuencia, la contracción de la actividad comercial internacional en octubre se debe a otros factores", aclara Iris Pang, economista jefe de ING para China. En este sentido, la experta destaca que las exportaciones cayeron un 9% interanual a Europa y un 13% interanual a EEUU.

Ante la tentación de culpar de este descenso en las exportaciones a la diferente realidad del covid que vive China, Pang también pone contexto y señala a la incertidumbre económica que empieza a atrapar a las economías occidentales: "Los casos de covid empezaron a subir en octubre, pero solo han afectado ligeramente a la actividad de las fábricas, y no se han encontrado casos en los puertos. Así que podemos descartar los retrasos en los envíos como factor de la contracción. La inflación en Europa y EEUU sigue siendo elevada, lo que podría ser un factor".

"La ralentización de las importaciones de productos electrónicos dibuja un panorama similar. Si esta es la razón de la contracción del comercio internacional de China en octubre, deberíamos esperar que la contracción continúe, ya que nuestros economistas que cubren Europa y EEUU proyectan una recesión en estas dos economías", aventura la experta. "Espero que el crecimiento de las exportaciones siga siendo débil en los próximos meses a medida que la economía mundial se ralentiza", coincide Zhang Zhiwei, presidente y economista jefe de Pinpoint Asset Management.

"La preocupación por la estanflación en los mercados desarrollados aumentó a medida que las principales economías endurecieron aún más su política monetaria", añade Bruce Pang, economista jefe de Jones Lang LaSalle. "Los descensos de los datos del PMI en EEUU, Europa y Japón en octubre respecto al mes anterior mostraron que la demanda de las economías desarrolladas puede seguir debilitándose". El agresivo endurecimiento de las políticas de los principales países desarrollados hace temer una recesión mundial que perjudique aún más la demanda de productos fabricados en China.

"Es probable que el enfriamiento de la economía mundial siga afectando a las exportaciones chinas en los próximos meses y, por tanto, al crecimiento. Las exportaciones han sido un importante motor de crecimiento en los dos últimos años. La contracción de las exportaciones pesa aún más sobre la frágil recuperación de la economía china, que se enfrenta a los continuos vientos en contra de la caída del sector inmobiliario y a la debilidad de la demanda interna en el marco de la estrategia 'covid cero' y los nuevos brotes del virus", resume Sophie Altermatt, economista de Julius Baer.

Precisamente la demanda interna es la otra 'pata' de este incierto panorama. El descenso de las importaciones chinas fue generalizado: las compras chinas a EEUU, Australia, Japón, Corea del Sur y Taiwán se redujeron. Las importaciones chinas de materias primas se debilitaron en general el mes pasado, ya que la ralentización de la economía limitó los envíos de productos como el gas natural, el cobre y la soja. Las importaciones de mineral de hierro en los 10 primeros meses de 2022 descendieron con respecto al año pasado, ya que la continua caída de la construcción de viviendas destruye la demanda de acero y otros materiales de construcción.

Para China, la segunda economía del mundo, el fuerte retroceso de la demanda de sus productos en el extranjero elimina un puntal clave para el crecimiento en un momento en el que su economía se ve presionada por la política 'covid cero' del gobierno y la grave situación del sector inmobiliario, que ha hecho a Pekín recuperar las políticas de estímulo.

Tras el 'jarro de agua fría' para los mercados que supuso el XX Congreso del Partido Comunista de China, que se saldó con la reelección de Xi Jinping como el líder supremo con más poder en décadas y rodeado de los suyos, se encontró un atisbo de esperanza en el rumor que empezó a expandirse hace unos días: Pekín estaría sopesando relajar las todavía severas restricciones por covid que tanto han lastrado a la actividad. Sin embargo, este pasado fin de semana, las autoridades chinas deslizaron que, por el momento, mantendrán su actual estrategia, lo que ha fomentado de nuevo el pesimismo.

Los confinamientos obligados han afectado a la actividad económica a lo largo del año y la amenaza de nuevas medidas para sofocar incluso los más pequeños brotes de covid-19 significa que los consumidores son reacios a gastar y las empresas dudan en invertir, lo que agrava el lastre de una burbuja inmobiliaria que se está desinflando. Los economistas afirman que China está en camino no alcanzar el objetivo de expansión del 5,5% para este año y que probablemente registrará su peor crecimiento en 12 meses -aparte del primer año de la pandemia- en décadas. Con una clara ralentización en EEUU, Europa y China, la economía mundial tiene muy difícil avanzar el próximo año. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió el mes pasado que "lo peor está por llegar", y dijo que espera que el PIB mundial crezca un 3,2% este año, antes de ralentizarse al 2,7% en 2023.

No todo será malo

Ante este panorama tan oscuro, ni siquiera la anhelada suavización de la política 'covid cero' ofrece garantías. "Los rumores infundados de que China va a poner fin a las políticas de 'covid cero' han excitado los mercados asiáticos. Al igual que en otros lugares, el miedo es el motor de la pandemia que provoca daños económicos. En China, el miedo produjo un 'ahorro por precaución', ya que los consumidores se aseguraron contra la futura pérdida de ingresos. Esto es lo contrario de lo que ocurrió en las economías desarrolladas, por lo que sería imprudente suponer que la reducción de las restricciones en China producirá automáticamente los mismos patrones de demanda que en las economías desarrolladas", puntualiza Paul Donovan, estratega de UBS.

Con todo, todavía quedan lecturas positivas con el proceso deflacionario que se abre paso en China. Las restricciones por covid y la caída de los precios de algunas materias primas presiona a las empresas para que bajen los precios. Los analistas consultados por Bloomberg ven muy probable que el índice de precios al productor (IPP) probablemente cayó en deflación en octubre por primera vez en casi dos años. Se espera que el índice haya caído un 1,6% con respecto al año anterior, después de haber ganado un 0,9% en septiembre. También es probable que el crecimiento del IPC se modere hasta el 2,4% desde el 2,8% de septiembre, unas tasas muy modestas para lo que se está viendo en todo el mundo.

La baja presión inflacionaria indica que hay "espacio para una mayor flexibilización de las políticas", sostiene Larry Hu, jefe de economía de China en Macquarie Group. Para el resto del mundo, una China en desaceleración podría ayudar a frenar el problema de la inflación mundial. "Irónicamente, es la contribución de China al mundo en un mundo inflacionario", concluye Raymond Yeung, economista jefe para China de Australia & New Zealand Banking Group.

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