Economía

El BCE sacará un nuevo conejo de la chistera para mantener a las primas de riesgo bajo control

  • El diferencial de la deuda italiana comienza a estar fuera de control
  • Hasta los halcones comparten la necesidad de contar con una red de seguridad
  • Frankfurt ya cuenta con una capacidad de 200.000 millones en reinversiones
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La gran incógnita que tiene que despejar el BCE, el próximo jueves, es cómo va a concluir el fin de programa de bonos, sin dejar a la intemperie a la deuda periférica. Con las primas de riesgo, principalmente, de Italia y España, en máximos desde mayo de 2020, el Consejo de Gobierno abordará un nuevo plan para seguir comprando bonos y evitar una fragmentación en el mercado de deuda, que despierte los fantasmas de ruptura del euro de 2012.

Todo el despliegue del BCE durante la pandemia, tuvo el principal objetivo de que el mercado crediticio no se viera afectado por las medidas sanitarias. Una de las principales preocupaciones fue que los estados encontraran los mercados financieros abiertos, pese a los confinamientos y los miles de millones comprometidos por los Gobiernos. Las cicatrices de la crisis de 2012 todavía resuenan por los pasillos del BCE. La fragmentación en el mercado de bonos a punto estuvo de cargarse el proyecto del euro. La lección parece más que aprendida y hay pocas dudas de que la deuda periférica necesita una red de seguridad.

Salvo el conato de incendio que provocó el primer impacto del coronavirus, el PEPP, programa de emergencia de compra de deuda, mantuvo los diferenciales a raya. No ha sido hasta que se han comenzado a disparar las expectativas sobre los tipos de interés, cuando ha vuelto la tensión al mercado de bonos soberanos. En general, los intereses están subiendo en toda la deuda soberana, pero especialmente en países con un endeudamiento más elevado. Por ejemplo, la prima de riesgo, el diferencial respecto a la deuda alemana, de Italia y España, se sitúa en niveles de mayo de 2020, al situarse en 207 y 113 puntos básicos, respectivamente.

Hoy el Financial Times asegura que hay mayoría dentro del Consejo de Gobierno para apoyar una nueva línea de compras de deuda para países cuyos bonos están "fuera de control", como es el caso de Italia. El interés del bono trasalpino a diez años se sitúa en el 3,37%, en máximos de octubre de 2018. Para el BCE supone un difícil equilibrio, cuando se dispone a celebrar las reuniones clave para iniciar el ciclo de subida de tipos, por primera vez desde 2011, para contener una inflación cada vez más pegajosa.

El interés del bono italiano a diez años se sitúa en el 3,37%, en máximos de octubre de 2018

En la cita del jueves se debe cumplir la primera condición autoimpuesta por el BCE, terminar primero con las compras, antes de iniciar el alza de tipos. La institución debería anunciar la fecha definitiva para que el APP, el programa anterior al PEPP, que seguía activo desde 2014, finalice las compras. Tras la hoja de ruta publicada por la presidenta, Christine Lagarde, todo apunta a que terminará a finales de este mes, para que en la reunión del 21 de julio, se anuncie la primera subida. El diario británico apunta que hay casi unanimidad en el Consejo para crear un nuevo programa. Por el lado de los halcones lo ven casi imprescindible, si el BCE adopta una posición agresiva, pero a la vez insisten en adelantar la fecha del fin de las compras.

Carsten Brzeski, jefe de Economía de ING, comenta que sería una manera clara de sorprender con un mensaje más duro y permitiría abrir la puerta a la posibilidad de subir las tasas de interés antes de la reunión del 21 de julio. Sería una manera de guardar una bala, si la situación con la deuda se complica.

Por encima del debate sobre la magnitud en la subida de tipos, será imprescindible conocer las condiciones de la retirada de las compras. El fin del APP no significa que el BCE salga del mercado de bonos. La sombra del guardian del euro seguirá siendo alargada y tendrá una capacidad de 200.000 millones, teniendo en cuenta los vencimientos y futuras reinversiones este año.

Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo de la institución, ha hablado ya de una 'herramienta anti-fragmentación' que impida que la normalización monetaria genere una Eurozona con dispares condiciones financieras, mientras que Christine Lagarde señaló esta semana que "cualquier decisión futura sobre el balance tendrá que ser coherente... con nuestro compromiso de garantizar la transmisión de la política, especialmente porque la reinversión flexible de la cartera del PEPP es una herramienta que hemos puesto a disposición para mitigar los riesgos de fragmentación".

Ya el mes pasado, cuando la banquera gala estableció la hoja de ruta para dejar atrás los tipos negativos, ya apuntó a que "si es necesario, podemos diseñar y desplegar nuevos instrumentos para asegurar la transmisión de la política monetaria a medida que avanzamos en el camino de la normalización de la política, como hemos demostrado en muchas ocasiones en el pasado".

Los expertos apuestan por un BCE jugando con palabras mágicas

"Una herramienta anti-fragmentación sería fácil de justificar desde una perspectiva legal, pero podría ser más difícil de integrar en la configuración institucional de la región de una manera que garantice un apoyo sólido y efectivo. El BCE también puede tener dificultades para llegar a un acuerdo interno sobre los niveles de activación de la herramienta", aseguran desde JP Morgan. Para estos expertos, la flexibilidad de las reinversiones del PEPP no serán suficientes para mantener controlados los diferenciales.

Los expertos tienen en mente el programa OMT de 2012, asociado a las palabras mágicas de Mario Draghi, el anterior presidente del BCE, de "whatever it takes to preserve the euro". El programa nunca se llegó a utilizar, pero permitía al banco central comprar deuda directamente en el mercado secundario. Su solo presencia aplacó las primas de riesgo.  "Sospechamos que el BCE confiará primero en la intervención verbal en primera instancia", inciden los expertos. "Solo si las presiones del mercado aumentan considerablemente, se llegará a un acuerdo sobre una herramienta y sobre los niveles de intervención, condicionada a reformas y a los fondos del Next Generation", concretan.

En la misma línea se pronuncian desde la gestora PIMCO, la mayor firma de renta fija. "No creemos que el BCE vaya a presentar un marco o un mecanismo para abordar los posibles problemas de fragmentación en un futuro próximo, más bien, y en consonancia con el pasado, pensamos que el BCE preferirá responder a las perturbaciones exógenas importantes con soluciones personalizadas, lo que habla de un riesgo de que los mercados pongan a prueba la voluntad del BCE de neutralizar cualquier respuesta no lineal del mercado que pueda surgir de la subida de tipos", argumentan.

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