Con las tensiones entre las dos mayores economías del mundo a flor de piel, los esfuerzos de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por reducir la dependencia de China para acceder a los 17 minerales utilizados en una gran cantidad de equipos militares y productos electrónicos de consumo siguen rezagados y sin ser suficientes. Y Pekín es consciente de su poder, tanto a nivel geopolítico como económico, cuando se trata de las también conocidas como tierras raras.

Mientras la semana pasada la Torre Eiffel reabría de nuevo a los turistas tras tres meses de confinamiento, su cierre más extenso desde la II Guerra Mundial, Estados Unidos registraba un repunte récord diario de nuevas infecciones por Covid-19. En tan solo una sola jornada, el todavía epicentro mundial de la pandemia sumó 40.000 casos, superando el pico de abril, y obligando a estados como Texas o Florida a dar marcha atrás en su desescalada. Otros congelan el paso a la próxima fase a la espera de cómo evolucione la tendencia.

La Reserva Federal publicó el jueves los resultados de sus pruebas de estrés a la banca para 2020 así como los análisis de sensibilidad adicionales que realizó a la luz de la pandemia del coronavirus.

FRENO PARA EL REBOTE

Durante los últimos años, el gran apoyo del mercado -fundamentalmente en Estados Unidos- ha sido la recompra de acciones. Tras la rebaja fiscal de Donald Trump, estas se dispararon hasta niveles nunca conocidos anteriormente, pero la crisis del Covid-19 ha cambiado radicalmente el panorama, haciendo que las compañías al otro lado del Atlántico, excluyendo la tecnología, estén emitiendo tantas acciones como las que recompran y que en Europa suceda lo mismo hasta incluyendo esta industria.

El producto interior bruto real de Estados Unidos se contrajo a una tasa anual del 5% en el primer trimestre de 2020 , según la tercera revisión publicada por la Oficina de Análisis Económico (BEA, por sus siglas en inglés). En el cuarto trimestre, la economía de EEUU creció a un ritmo del 2,1%.

En la última actualización del informe sobre la Estabilidad Financiera Global (GFSR, por sus siglas en inglés), el Fondo Monetario Internacional analiza el tira y afloja entre la economía real y los mercados financieros, una divergencia que implica múltiples riesgos. Con enormes incertidumbres sobre las perspectivas económicas y los inversores altamente sensibles a la evolución de la pandemia, la situación pone de manifiesto algunas de las vulnerabilidades financieras ya preexistentes antes de la actual crisis.