J. R. Pin Arboledas

Profesor del IESE

Si no fuera porque he sido diputado ejerciente podría ir con el lirio en la mano. Pero como lo fui, el lirio se me ha caído. ERC ha presentado una enmienda en el congreso al Proyecto de Ley de medidas urgentes y complementarias para apoyar la economía y el empleo. Pensarán ustedes que es para que se ayude a las pymes españolas a relanzar sus actividades. Pues no. Bajo el eufemismo de que Aena “reequilibre los descuentos” a las tiendas conocidas como “Duty Free” en realidad está defendiendo a empresas que no son pymes, una de ellas con accionistas como Alibaba, o fondos soberanos de Noruega, Catar o Singapur. O corporaciones dirigidas por individuos que se otorgan ‘bonus’ multimillonarios mientras exigen descuentos. Lo curioso es que el mismo argumento está recogido en una moción del PP en el Senado para pedir a Aena que reequilibre con más descuentos los arrendamientos a esas tiendas.

Ayer, hasta mediodía, el IBEX35 había subido el 1,5%. Con rigor no se puede sacar una relación entre esa subida y el resultado electoral de Madrid, porque la mayoría de los índices bursátiles europeos iban en la misma dirección. Pero se puede afirmar que, al menos, las elecciones autonómicas madrileñas no han ido en contra.

Machado definía a Madrid como el “Rompeolas de todas las Españas” (1936). Madrid no es sólo una comunidad autónoma, ni sólo la capital del Estado. Es, además, un lugar abierto donde no se le pregunta a nadie de donde viene y se le hace un sitio para que construya lo que quiera. Lo que ocurre en Madrid no es indiferente a ningún español. En castizo: Madrid es mucho Madrid.

He seguido la trayectoria de una empresa asturiana centenaria y estratégica en los últimos años. Desde su decadencia en los años diez de este siglo hasta su estabilidad y casi segura recuperación después de la decisión de la Sepi. Se llama: Duro Felguera (DF).

A la izquierda se le llena la boca hablando de Democracia y suele acusar a la derecha de autoritarismo. Por eso resulta curioso que PSOE y Más Madrid quieran evitar las elecciones en la Comunidad Autónoma de Madrid con una argucia jurídica. Porque eso es la presentación de sendas mociones de censura instrumentales para impedir las elecciones

Después del 14-F se clarifican algunas cosas y oscurecen otras. Los resultados dicen que Cataluña sigue dividida en dos ejes: constitucionalistas versus independentistas y derecha versus izquierda.

El presidente Sánchez presentó su trabajo de primer año de legislatura para la asignatura de economía. El tribunal era variopinto y amistoso. Todos dispuestos a darle una buena nota, los partidarios de la izquierda porque si no se juegan los asientos y el poder, la “sociedad civil”, económica y social, porque piensa chupar de la vaca Estado que parece va alimentar la UE. De manera que presentó un esquema aprendido de los eslóganes a la moda: transición ecológica, economía digital, inclusión social y de género, ...

Empecé alguna de mis aventuras profesionales preparando suspensiones de pagos (así se llamaba entonces) de empresas. Sólo acepté trabajar para aquellas en las que vi soluciones. Unas salieron bien y otras mal. Los fracasos fueron por la incapacidad de sus stakeholders de ver las soluciones y, a veces, por la rapiña de personas y entidades ávidas de lucrarse de la desgracia de los empleados y directivos que perdieron su propiedad más importante: su puesto de trabajo. También, alguna vez fracasé por la incomprensión de Administraciones Públicas, que no supieron ver cómo su ayuda permitía salir adelante.

Fui Diputado Constituyente de la UCD. Sí, de aquellos que empezaron una ilusión colectiva en España. Viví la aportación decisiva de la Corona, encarnada en Juan Carlos I, para hacer una transición pacífica de una dictadura férrea a una democracia homologable con las del resto de Europa. También estuve en mi escaño parlamentario el 23-F, cuando el Sr. Tejero se empeñó en secuestrar un Parlamento al estilo del siglo XIX.

Los resultados del 12-J son interpretables en clave del PP, PNV, PSOE y, sobre todo, la economía española. La victoria del PP en su feudo tradicional deja claro que sólo la concentración de voto del centro-derecha no nacionalista permite un Gobierno de ese signo. La firmeza de Feijóo en mantener al PP solo le ha dado la razón. El contraargumento es que eso exige partir de una situación de dominio de una de las siglas que representa a ese centro-derecha y un electorado moderado.