Opinión

Feijóo quiso convencer, aun sin vencer y anunció que se iba a mantener

  • El popular empezó dando argumentos para demostrar que la mayoría de los españoles no es para los que Sánchez quiere gobernar
Fotografía de Alberto Núñez Feijóo dando el discurso de investidura.

Escribo este artículo después del discurso del candidato presidencial, antes de la intervención de los demás grupos parlamentarios. Creo que el rifirrafe posterior tampoco tendrá mucha importancia, dado que se sabe el resultado. Por eso el candidato a la investidura hizo un discurso completo. Repasó toda su propuesta política. Desde la A a la Z, sin guardarse ninguna bala en la cartuchera.

El discurso del candidato empezó dando argumentos para demostrar que la mayoría de los españoles no es aquélla para la que Sánchez quiere gobernar. Los números, según él, indican que el 23-J la inmensa mayoría votó partidos constitucionalistas, que buscan una España de ciudadanos libres e iguales.

Dijo que no había venido a enfrentar esos españoles entre sí. Al contrario, demostró con números que fue el PP el que ayudó en algunas instituciones, como el Ayuntamiento de Barcelona, a evitar que los independentistas divisores se hicieran con él, aunque tuviera que apoyar al PSOE para ello.

Luego hizo sus propuestas, según él, partidarias de la unidad y la concordia dentro de la Constitución, anunciando que ya sabía que solo contaría con los 172 del PP, Vox (a quien agradeció su generosidad), UPN y CC. Esa fue la primera forma de decir que sabía que quizás podría convencer, pero no vencer y a eso se dedicó en todo su discurso.

Indicó que venía a defender su palabra, no mentir, ni "cambiar de opinión". Buscar gobernar para todos dentro de la libertad, no dividir, pero mantener la diversidad. No quiere etiquetas de buen o mal gallego, catalán, o español. España para él debe ser una nación de "ciudadanos libres e iguales".

Vino a describir su España futura como una sociedad inclusiva, evitando la pobreza, que está creciendo, dando trabajo a los jóvenes que tienen un alto desempleo, etcétera. Buscando una igualdad que para él es prioritaria. Las desigualdades se reducirán, según su propuesta, si nadie intenta obligar a que las opiniones de unos se impongan sobre las de otros, si todos acuerdan y se respetan.

Para ello habló de seis pactos de Estado repasaron toda la política buscando la independencia de las instituciones, la búsqueda de la solidaridad interterritorial, intergeneracional, intersocial, el entendimiento y la búsqueda del crecimiento económico y social.

En muchos momentos habló con ironía gallega, dejando algunas preguntas sin responderlas, pero sabiendo cuál es la respuesta y dándolas por sabidas. Las últimas cuestiones referidas a la relación de directivos del Gobierno con independentistas.

Probablemente el discurso hubiera sido aprobado por una gran parte de los votantes, excepto los independentistas, que, como afirmó, tuvieron menos del 6% de votos y los radicales de izquierda que tampoco tuvieron más.

Muchos de los lectores de este artículo también aprobarían sus propuestas, incluso aunque no fueran votantes del PP, porque nadie puede ir contra lo razonable: ¿quién estaría en contra de pactos como el de educación, el agua, las pensiones, la independencia de las instituciones, etc.?

¡Pero, ojo! Lo que también dejó dicho, de alguna manera a la gallega, es que iba a seguir. Se le entendió cuando afirmó que seguiría con la mano tendida para acordar con el PSOE y los demás partidos los seis grandes pactos que fueron el eje básico de su discurso.

Después del chute de multitud del domingo pasado, este discurso ha sido no sólo el de un candidato a la investidura. Ha sido también el de su investidura como "jefe de la Oposición". Era consciente de que era uno de los dos objetivos que tenía que conseguir. Si no era uno, tenía que ser el otro.

El tiempo dirá sí se puede mantener. Creo que estamos ante dos partidarios de la "resistencia". El manual de Sánchez ya lo dice. Feijóo lo hará sin decirlo, para eso es gallego. Pero que no le quede a nadie la duda de que ambos siguen el consejo que Don Camilo José Cela dio al Rey Felipe VI cuando era príncipe: "Majestad, en España quien resiste triunfa".

De manera que sepan los que saben leer los guiños de los ciudadanos del noroeste que Feijóo con este discurso ha anunciado que piensa seguir.

También podemos concluir que, después de ver su ironía, a esta legislatura, lo que dure, le quedan gloriosos debates entre los dos contendientes: el irónico gallego popular y el rebuscado madrileño socialista. Al menos durante unos meses.

Porque también Feijóo dejó caer, a lo gallego, que no creía que la legislatura fuera larga. Piensa que se cumplirá el refrán árabe: siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu adversario. Los árabes dicen enemigo, pero para un gallego es una palabra demasiado dura. Adversario es más suave, pero igual de efectiva. Lo importante es la otra palabra, la de "cadáver". Aunque en el caso de Sánchez también habría que acordarse de la frase del tenorio: "los muertos que vos matáis gozan de buena salud".

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