Giorgio Semenzato

CEO y cofundador de Finizens

Todavía estábamos digiriendo en la industria de gestión de activos la decisión de rebajar el incentivo fiscal a los planes de pensiones individuales de 8.000 a 2.000 euros al año, cuando se ha llegado a plantear volver a rebajar el incentivo de 2.000 a 1.500 euros a partir de 2022. Adicionalmente en los últimos días el Ministerio se ha descolgado con el borrador de un nuevo Anteproyecto de Ley en el que propone la creación de dos nuevos instrumentos con los que fomentar el segundo pilar, el plan de empleo de promoción pública y el plan simplificado, en vez del macrofondo de pensiones para empresas y autónomos con gestión privada con el que se estaba trabajando inicialmente.

¿Recuerdan aquellos tiempos en los que, en una misma acera, podías encontrar tres o incluso cuatro sucursales de entidades bancarias puerta con puerta? Eran tiempos en los que entrabas en la oficina, y en cada una de ellas podías encontrar hasta media docena de empleados de cara al público. Tiempos en los que, si tenías cualquier asunto, bastaba con descolgar el teléfono de atención al cliente y una persona de carne y hueso te atendería al otro lado de la línea para poder solucionártelo. Tan solo ha pasado una década, pero si se compara con el panorama actual – cierre de oficinas, reducción de plantillas, implantación generalizada de chatbots como apoyo a la atención del cliente, auge de las apps de banca personal-, parece que hubiera pasado mucho, mucho más tiempo.

En los últimos días hemos visto cierta polémica en los medios, al trascender la propuesta del Gobierno de rebajar la desgravación por aportaciones a planes pensiones individuales de 8.000 a 2.000 euros al año, y de elevar la cuantía para los planes de pensiones de empleo. Pensamos que el recorte a este incentivo fiscal, si no va acompañado de medidas alternativas más contundentes que premien a los españoles por completar su pensión pública durante la jubilación mediante ahorro privado, resultará contraproducente, porque desincentiva todavía más al ahorrador a afrontar este reto.

De la misma manera que en las escuelas se estudia la reconversión industrial de España en los años 80, sin duda en el futuro la reconversión de la banca, una de las más duras que se han visto en Europa, dará material de sobra para los libros de texto. Un breve vistazo a los registros de entidades del Banco de España lo evidencia con toda su crudeza: 2019 terminó con 52 bancos en activo en España; en 2008, eran 66 bancos y 46 cajas de ahorros las entidades que estaban en activo en el país.

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