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Concentración bancaria: la banca gana, el consumidor pierde

Operación abierta en el sector español

En un momento de retos significativos para el sector financiero, el mapa bancario se vuelve a agitar con la potencial compra de Sabadell por BBVA. Llueve sobre mojado, pues el proceso de concentración bancaria llevado a cabo en los últimos 15 años en España ha reducido el número de grupos bancarios, de 50 entidades a apenas una decena. Esto plantea interrogantes sobre su impacto en la competencia y la calidad de los servicios ofrecidos a los consumidores.

Al unir fuerzas, las instituciones financieras buscan sinergias que se traduzcan en ahorros de costes, lo que suele desembocar en el cierre de oficinas y la reducción de empleo. Es decir, en un peor servicio para el ciudadano.

Además, la concentración bancaria favorece hipotecas más caras y una peor remuneración de los depósitos de los clientes. Según nuestros datos, la remuneración media de las cuentas corrientes y depósitos bancarios en España se encuentra un 60% y un 25% por debajo de la media europea, respectivamente. Y es que, cuantos menos bancos existan y más grandes sean, más fácil es comportarse de forma no competitiva, y, por tanto, obtener rentas de monopolio u oligopolio. Así se hace realidad el famoso dicho de que la banca siempre gana.

Pero, ¿qué ocurre con el resto de productos? Pues más de lo mismo. La experiencia dice que los bancos compradores dan prioridad a sus alianzas en seguros, fondos de inversión, etc.., de manera que la oferta adquiere una gama cada vez más monocromática para el consumidor.

Así las cosas, en un mercado cada vez más acaparado por un puñado de grandes instituciones financieras, es crucial garantizar que los intereses de los consumidores estén protegidos. Aquí el regulador tiene mucho camino que recorrer, imponiendo condiciones de amparo al consumidor. Pero el cliente bancario tiene también su parte de responsabilidad, mediante la búsqueda de mejores productos fuera del canal bancario. Aquí la formación cumple un papel esencial para eludir ser víctima de los conflictos de interés de las redes comerciales bancarias, que, en no pocas ocasiones, tratan de colocar el producto que mayor comisión les deja, y que normalmente va asociado con un desempeño mediocre o por debajo de la media. En definitiva, muchos productos bancarios suelen ser menos rentables para el consumidor.

Hoy en día, afortunadamente y gracias a la tecnología, es posible contar con otras opciones, como la gestión pasiva indexada y diversificada globalmente, que invierte en multitud de activos (renta fija, variable, activos inmobiliarios, incluso oro), en multitud de geografías de todo el mundo, y además hacerlo a un bajo coste.

Estas opciones, normalmente canalizadas a través de fondos de inversión y planes de pensiones a largo plazo, proporcionan un rendimiento superior a la inmensa mayoría de los gestores, pues replican a los índices de mercado y se aprovechan de la revalorización del mercado en el largo plazo. Esto supone una mejor estrategia para preservar nuestros ahorros a salvo del efecto de la inflación, aumentando además nuestro poder adquisitivo. Si además tenemos en cuenta que vamos a vivir más de media que las generaciones precedentes, la tarea de mejorar el rendimiento de nuestras inversiones se hace ineludible de cara a dotarnos de un colchón financiero suficiente para el futuro.

Aquí, las firmas digitales de nuevo cuño, que parten de una mejor tecnología y ausencia de conflictos de intereses sacan claramente ventaja a los bancos. De hecho, no se molesten en llamar a la ventanilla de ningún banco para obtener estas opciones de inversión, le reconducirán hacia otras pues no son las que más margen les dejan, aunque puedan ser las que mejor le encajen. Ellos estarán demasiado ocupados haciendo números para reducir sus costes al comprar un rival, pero no así los de usted.

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