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En un gigantesco patíbulo, donde la vida no valía ni tu mano derecha. Eran famosas las amputaciones de miembros en los controles Interhamwes. Sinceramente, después de haber sido testigo de todo aquel baño de sangre, no hubiera dado ni un solo franco ruandés por la reconciliación entre hutus y tutsis. Lo que ocurrió en Ruanda no se puede limitar realmente a los tres meses más dramáticos del genocidio. Hay heridas que pertenecen a un tiempo anterior, así como hay heridas que aparecieron en la medida en que la verdad iba siendo descubierta por las víctimas y se hacía luz sobre lo que realmente les ocurrió a sus familiares.

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Amador G. Ayora
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