En los últimos años hemos sido testigos de cómo el cuidado de la salud y la búsqueda del bienestar se han convertido en tendencia, acaparando la atención desde conversaciones privadas y titulares mediáticos al discurso político. Se vive más tiempo y se quiere vivir mejor; y –aparentemente– se sabe cómo hacerlo, entendiendo que “llevar un estilo de vida saludable” abarca mucho más allá que la salud puramente física. Se hacen grandes esfuerzos por tener una alimentación sana, dormir bien, descansar la mente y hacer deporte y, por fin, se ha empezado hablar abiertamente y a priorizar la salud mental como pilar fundamental para el bienestar. Sin embargo, en medio de esta fiebre contemporánea por el cuidado de las personas, la salud financiera sigue siendo una asignatura pendiente, siempre relegada a un segundo plano.